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lunes, 10 de octubre de 2011

A PARTIR DE LA CRISIS, MUCHA GENTE VIVE EN AUTOS ABANDONADOS Y EN LA CALLE En Grecia ya se habla de barrios fantasmas Publicado el 10 de Octubre de 2011





Las zonas de la ciudad en las que vivía la clase media, hoy están deshabitadas. Uno de cada cuatro negocios está quebrado y los jubilados se alimentan de los restos que los mercados dejan en los tachos de basura. 
 
En una polvorienta calle de una antigua zona de fábricas en el centro de Atenas, convertida en los años anteriores en un barrio de moda para la clase media, Lambros señala avergonzado un  viejo automóvil al que, desde hace varios meses, llama su hogar. Lambros, que no quiere ver publicado su nombre completo, creía que lo peor le había ocurrido ya con la muerte de su esposa. Pero después llegó la crisis económica, y con el desplome del sector de la construcción, el diseñador de interiores perdió el trabajo.
Luego perdió su apartamento y tuvo que deambular un tiempo por las calles antes de encontrar espacio en un refugio para los sin techo de la capital griega. “Es difícil imaginarse que tuve alguna vez una vida completamente diferente a esta”, dice el griego de 55 años. “Un día tuve trabajo, podía pagar mi alquiler y al día siguiente me vi viviendo en mi coche.” Su historia es similar a la de un creciente número de desalojados en toda Grecia.
El aumento del desempleo por la recesión de los últimos tres años, y la presión de las reformas fiscales necesarias para el “rescate” griego están causando estragos en la vida de muchos, especialmente entre la antes amplia y próspera clase media. Numerosos vecindarios parecen hoy pueblos fantasmas. Uno de cada cuatro negocios quebró y es común ver a jubilados sin recursos recoger restos en los mercados callejeros donde se vende fruta y verduras. En la noche, familias enteras buscan su comida hurgando en los tachos de basura.
El problema de la vivienda no es nuevo. Incluso 20 años atrás, cuando Grecia vivía una época de relativa prosperidad, era habitual ver a los sin techo en las principales ciudades y puertos. Pero el número no sólo se disparó, sino que el perfil de los sin casa cambió sustancialmente. Mientras antes el problema de la vivienda alcanzaba sobre todo a personas de estratos bajos, a menudo con problemas de alcohol y drogas, hoy los desalojados provienen frecuentemente de la clase media y la población más joven.
Activistas de Klimaka, una organización no gubernamental que ofrece apoyo a los sin techo, dicen que el número de desamparados creció un 25% en los dos últimos años, un índice impactante en un país con una marcada tradición familiar. Anta Alamanou, coordinador del programa de Klimaka para los sin techo, cuenta que cada semana unas 200 personas llegan a la entidad para ducharse y recibir comida, primeros auxilios y ropa limpia. En un comedor cercano, unas 3000 personas hacen cola cada día para recibir un plato de comida caliente. Una década atrás, el lugar recibía a unos 75 visitantes diarios. “El número de gente sin hogar creció debido a la crisis del año pasado, y su perfil también cambió. Son gente que vivía una vida normal, muchas veces profesionales, pero que ahora se encuentra en situación de calle”, explica Alamanou. Con una tasa de desempleo de casi 17%, los nuevos sin techo vienen de todos los segmentos sociales, e incluyen a los que trabajan en ocupaciones estacionales vinculadas al turismo, por ejemplo. “Son hombres de mediana edad, que están en sus años productivos, o quienes están por jubilarse”, dice Alemanou.
Personas en apuros solían recibir apoyo de sus familias, pero la situación económica se ha vuelto tan dura que padres, hijos, hermanos o primos tienen cada vez más dificultades para acoger a sus parientes desocupados. Y Grecia no tiene refugios para los sin techo con apoyo del Estado, ni una política oficial para ayudar a la reinserción social de los desamparados.  <

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