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viernes, 21 de octubre de 2011


Las estrellas de Hollywood son el nuevo reclamo de una industria que busca trascender el mercado interno. Christian Bale protagoniza la apuesta de Zhang Yimou por el Oscar.
Zhang Yimou quiere ganar el primer Oscar para China, y medios no le van a faltar. El gigante asiático ha sacado la artillería pesada y la ha puesto en manos del director de La linterna roja, que vuelve al género histórico para contar en The flowers of war la historia de 13 prostitutas chinas durante la invasión japonesa de Nanjing, el filón cinematográfico chino equivalente al del holocausto judío en Occidente. Su presupuesto, estimado en casi 70 millones de euros, convierte a la película en la más costosa de la historia del país, pero no es su factura superlativa lo que más llama la atención, sino la participación de una estrella de Hollywood.


Christian Bale se mete en la sotana de un sacerdote estadounidense que da cobijo a prostitutas y estudiantes durante el episodio más negro de la II Guerra Mundial en Asia. Su presencia se considera un punto de inflexión en la expansión internacional de la industria cinematográfica china, cuyas superproducciones siguen sin obtener en el extranjero los réditos esperados. Así lo entienden también los dirigentes del país, que acaban de elegir el trabajo de Zhang para competir al Oscar a la mejor película de habla no inglesa.

No ha sido el primero. Wu Shixiang, conocido en Occidente como Dayyan Eng, rodó el año pasado Inseparable, un drama de humor negro en cuyo reparto está Kevin Spacey. A diferencia de Zhang, Wu solo contaba con un largometraje en su haber, Waiting alone, cuando tuvo la idea de añadir, en su siguiente película, una estrella de la meca del cine. "Cuando Kevin aceptó participar en el proyecto no me lo podía creer", reconoce. "Pienso que he conseguido sacarle de su registro habitual, y estoy entusiasmado por ello".

En Inseparable, pendiente de estreno, Wu se adentra en una "clase media urbana que no sabe cómo madurar", y considera que tanto el público chino como el occidental disfrutarán de su humor. "He crecido a ambos lados del océano, así que habrá elementos chinos y estadounidenses. La vida de la gente urbana no es tan diferente en Pekín o en Nueva York", asegura. "Sin duda, el cine chino necesita un revulsivo para conseguir acercarse al éxito del americano. Contratar a estrellas de Hollywood es una buena estrategia, sobre todo al principio, para salir de una vez del elitista circuito de arte y ensayo". Pero la forma de trabajar es muy diferente y la fusión resulta complicada. "En EE UU hay miles de intermediarios, mientras que en China eres tú solo con tu trabajo. Preparas el proyecto y buscas la financiación y el equipo casi en solitario. Resulta más cansado, pero da mayor control sobre el producto final", cuenta Wu.

Wang Xiaoshuai, director de La bicicleta de Pekín, cuenta: "En China no hay productores de cine, solo inversores". Y considera que el público local todavía no está preparado para historias serias -como la que ha presentado en el último Zinemaldia, 11 flowers, la primera producción francochina-, que sí tienen buena acogida en Occidente. "En China el mercado es una forma de censura mucho más importante que la del Gobierno. Uno se tiene que preguntar para quién va a hacer una película. La mayoría opta por el público local, y entonces ruedan basuras. Tener éxito global no va a ser fácil", augura. Ni siquiera con Christian Bale

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