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domingo, 16 de diciembre de 2012

Una matria argentina


Año 5. Edición número 231. Domingo 21 de octubre de 2012
La Clarita Aurelli cumplió los 80 el pasado 14 y volverá a cumplirlos mañana, 22 de octubre. Es una gran matria argentina, vieja mama de muchos hijos propios y ajenos, oriunda de Ascochinga, Córdoba, donde nació allá por 1932, en pleno brote de poliomielitis, enfermedad que le cobró su nacimiento dejándole de por vida una pierna más corta que la otra. Ahora, ¿por qué cumple dos veces la Clarita? Como muchos en esa época, la primera fecha es la del nacimiento; la segunda, cuando sus padres, don Enrique y doña Asunta, inmigrantes italianos, fueron hasta el pueblo a anotarla. 14 y 22: el domingo pasado y mañana.
La Clara quiso ser maestra pero los prejuicios en ese tiempo impedían al frente del aula a una persona con “discapacidad”. Desde joven nomás le dieron motivos para templarse. Y desde joven nomás también conoció el amor, a los 19, en la academia Pitman de Córdoba capital (donde los Aurelli se habían mudado para poder atender la enfermedad de Clara). Y el amor fue Héctor, un chofer de colectivos, caballero y piropeador. Tuvieron 6 hijos: Azucena, Héctor, Beatriz, Domingo, Liliana y Julio. El amor del piropeador duró quince años. Después abandonó a la familia, y la Clara siguió adelante sola con los chicos.
La Clarita se crió en una casa de obreros peronistas. Su papá, Enrique, trabajó hasta el día de su muerte en la cementera Corcemar de Barrio Jardín, el mismo barrio que la familia habita hasta el día de hoy.
Allá por 1969, la Clara se volvió a enamorar, esta vez de Carlos, el chofer del camión que había dejado Enrique al morir. Con él tuvo su séptimo hijo, al que en homenaje al Nono recién muerto llamaron como él.
Desde el Cordobazo, en la casa de los Aurelli las cosas se empezaron a mover. Héctor (al que le decían Biqui), el mayor de los varones, empezó a militar en una organización libre del pueblo. En la militancia conoció a Liliana Rinaldi, la Flaca, con la que formó pareja y siguió amando hasta el día de su asesinato, en las supuestas fugas de la UP1 San Martín de la provincia de Córdoba. El Biqui y la Flacacayeron presos unos meses antes del golpe de 1976, en las jornadas de entrenamiento que llevó a cabo el Ejército en el interior.
La Clara empezó su militancia buscando a su hijo Héctor y a Liliana en cuanto rincón pudo visitar: cuarteles, comisarías, hospitales, y una larga lista de etcéteras.l
A los pocos días sufrió la visita de un grupo de militares que dieron vuelta su casa buscando información y armas. Allí nació la fuerza de la hembra, de la matria, de la resistente.
La Clarita no volvió a ver a su hijo y pareja hasta unos meses después, cuando fueron pasados a disposición del PEN, “blanqueados”, como se decía entonces.
A partir de la detención de Liliana y Héctor, la Clarita dejó de ser una simple ama de casa que ganaba el morfi diario cuidando chicos, cocinando, lavando y planchando para afuera.
Alguien dijo que los luchadores son la consecuencia de dos acciones de otros humanos: el dolor y la educación. La Clara fue producto de ambas en distintas etapas de su vida. El dolor de la pérdida de su nuera, Liliana, y los casi 13 años de cárcel de Héctor, uno de los pocos presos políticos con los que se negoció desde la democracia naciente alfonsinista la promulgación de las horrorosas punto final y obediencia debida. El Biqui recuperó su libertad el 19 de febrero de 1988.
La Clara se cargó al hombro los miedos y el amor de muchos. Recorrió casa por casa buscando a las madres, a los hermanos, a los primos de los luchadores desaparecidos, presos exiliados. Y se encontró con otros corazones como ella: solidarios, hermanos. Así recorrió todo el norte del país juntando matrias, organizándolas. En Buenos Aires encontró mujeres y hombres que estaban en la misma, buscando a sus hijas e hijos, coordinando la ayuda de los que desde otras posiciones podían asistir a una familia que viviera en el interior profundo y necesitara un plato de comida para estar fuerte y resistir el viaje a ver a sus presos a Córdoba, Santa Fe, Buenos Aires, Trelew.
Así fue que se encontró con una pareja de militantes en la Liga por los Derechos Humanos en Buenos Aires, Lilian y Lucas Orfano. Con ellos, entre otros tantos valiosos seres humanos, decidieron darle forma a un nuevo organismo que concentrara la lucha desde los afectados directamente por la dictadura: Familiares de Detenidos y Desaparecidos por Razones Políticas.
La Clara pasaba mucho tiempo en distintas partes del país organizando a las mujeres y hombres, uniendo realidades diversas y ayudando a solucionar problemas que condujeran a la búsqueda de los familiares o asistencia de sus hijos o esposos presos.
La vida la encontró con infinidad de luchadores muy visibles, de la cultura, de la política; a través de ellos logró sacar a la luz los vejámenes que sufrían los presos en las distintas cárceles durante la dictadura y parte de la democracia. También coordinó importantes festivales culturales contra las violaciones cotidianas. Viajó a Brasil llevando las denuncias que lograban salir escondidas en caramelos, pequeñas cápsulas de papel de armar cigarrillos y celofán, cartas de letras minúsculas que contenían declaraciones espantosas de las torturas. Estas fueron hechos públicos por otra organización llamada Clamor. Coordinaron infinidad de acciones de denuncia y solidaridad para con la Argentina y Sudamérica, en todo el mundo. Participó en la creación de Fedefam (Federación Latinoamericana de Asociaciones de Familiares de Detenidos-Desaparecidos de Latinoamérica), y del nacimiento del Taller Julio Cortázar. Ese taller fue el embrión de donde nació la organización H.I.J.O.S.
La Clarita es hoy tatarabuela de 3 chicos, bisabuela de más de 30, abuela de más de de tres decenas de nietos, madre de 7 hijos biológicos y de cientos de hijas/os ex presas y presos políticos, hoy dispersos por todo el mundo. Cuando se le pregunta a alguno de ellos por la Clara no hay más que recuerdos de solidaridad para con ellos o sus familiares y palabras de amor hacia ella.
La Clarita participó activamente en su lucha por los derechos humanos hasta 1995, el año que por esas cuestiones gorilas de la vida, un ACV afectó su lado sano del cuerpo, dejándola en silla de ruedas desde entonces y dificultándole el habla. Pero nada ni nadie le impidió ser parte del recupero histórico del ex centro clandestino de detención La Perla ni tampoco de participar en los juicios que se desarrollan en Córdoba. Es así que hasta el día de hoy, sigue encabezando cada marcha del 24, cada acto por los derechos humanos. Sólo basta que algún nieto, hijo o compañero militante se acuerde de pasar a buscarla.
La Clarita nunca pensó vivir un gobierno como éste. No creía en la posibilidad de que la lucha de tantos hombres y mujeres fuera levantada como bandera desde el poder y construida realidad política efectiva. Sabe que falta mucho, pero esta contenta porque observa que su lucha no fue en vano.
La Clarita pertenece a la camada de matrias fundadoras de la Argentina, como Flora Tristán, Manuela Sáenz, Encarnación Ezcurra, Juana Azurduy, Eva Duarte. Estas palabras son para homenajearla y en ella a todas las Madres y Abuelas, símbolo de lucha, de resistencia, de compromiso, de amor.

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