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sábado, 15 de diciembre de 2012

La Argentina que estamos construyendo 12/12/12 |No puedo dejar de reparar en la columna Observatorio de la Política publicada por el diario El Argentino el día viernes 7 de diciembre. Por Pedro Báez (*)

Llena de ambigüedades y representaciones distorsionadas con términos que encierran una sorprendente dosis de xenofobia y macartismo, pienso en el espanto que causaría si las mismas fueran dichas por cualquier funcionario del gobierno actual.
Dejando expreso de antemano mi absoluto respeto por el derecho que tiene cada ciudadano a expresarse en libertad (derecho ejercido en plenitud y hasta el insulto, en este tiempo y con este gobierno), le digo a quien allí escribe, que me siento orgulloso de ser parte de lo que llama -despectivamente- “malón oficialista” y me preocupa (lo confieso) que El Vigía “aplauda” cualquiera de mis expresiones, ya que estoy en sus antípodas políticas, ideológicas y éticas.
Cada semana esa columna refiere al “kirchnerismo” como si fuera una peligrosa banda facciosa y no una legítima expresión política que en esta provincia alcanzo el 57 % de los votos y que en 9 años le dio dignidad y soberanía a esta Patria. Esa concepción es propia de una mente egoísta e ignorante, propia de una Argentina que -muy a su pesar- no tiene retorno. 
Jamás leí en esa columna que se haya dicho algo sobre las recientes expresiones de Bartolomé Mitre (dueño del diario La Nación) en las que manifiesta su desprecio por la democracia y las clases populares, si embargo no ha perdido ocasión para referirse a una lista de funcionarios que integran el “malón oficialista”, seguramente coincide con Mitre en que vivimos en “una dictadura disfrazada de democracia” y no en lo más parecido al sueño de Artigas, de San Martín, Bolívar o Perón. 
El autor creerá que puede tomarnos a todos por tontos. Lejos de devolver insultos me voy a permitir explicarle algunas cosas:
El fenómeno de la globalización junto con el desarrollo de las nuevas tecnologías, ha producido cambios estructurales en el universo de las noticias y ya no son más los medios de comunicación quienes tienen la exclusiva potestad de informar. Las redes sociales, internet, el acontecimiento transmitido “in situ” y la multiplicidad de medios informáticos, abren la puerta a una sociedad en la que “todos somos periodistas” o al menos potencialmente, todos estamos en condiciones de serlo. Es así como se impuso el “show de la noticia”.
Sin embargo, el apasionante desafío para que los medios de comunicación retomen su rol de vanguardia informativa, exige -en especial a las futuras generaciones de periodistas- el máximo rigor metodológico para el análisis de la realidad y un dominio absoluto del lenguaje para poder comunicarla. Esto no surge de mi imaginación, ni tampoco de mi ideología, sino que se basa en las hipótesis que sostienen los más grandes expertos en medios de comunicación masivos, como Ignacio Ramonet (ex director de Le Monde Diplomatique) o Noam Chomsk y (profesor del MIT y el más reconocido experto en lingüística contemporáneo).
No existe -ni existió nunca- el llamado periodismo independiente y no está mal que así sea. Lo que si está mal es que se lo oculte o se lo disfrace con un hipotético código de moral altruista al estilo de Mariano Grondona o Bernardo Neustadt. La comunicación de un hecho concreto exige su interpretación y en ella, aparece el esquema mental de quien lo describe.
La realidad efectiva pasa por la nación y no por el estado. Sin duda, hoy estamos recuperando una nación auténticamente soberana y no es casualidad que en momentos donde están emergiendo nítidamente los intereses en pugna aparecen interpretes o ilusionistas de la “conciencia pública”, que apelando a elucubraciones abstractas, “la” gente, “la” pobreza, “la” inseguridad, etc., no proponen ni demuestran nada, sólo afirmaciones contundentes -como su fueran eslóganes- que aparentan sabiduría, pero que en realidad esconden una llamativa ignorancia para analizar en profundidad los verdaderos problemas nacionales, provinciales o locales.
No es posible perfeccionar nuestra joven Democracia sin la plena vigencia de la Ley de Medios. El papelón judicial de la Cámara que prorrogo la cautelar interpuesta por Clarín es el último manotazo de ahogado, y en verdad son ellos los que sabiéndolo deben estar muy preocupados. Nosotros hemos esperado 30 años para tener una ley de la Democracia, bien podemos esperar un poco más porque estamos seguros que la Victoria será nuestra.
El verdadero analfabeto del siglo XXI no es aquel que no sabe leer ni escribir, ni siquiera es aquel que no sabe manejar una computadora. Es aquel, que por el solo hecho de saber leer y escribir, cree estar en condiciones de interpretar la realidad y en consecuencia, operar sobre ella.

(*) Pedro Báez es ministro de Cultura y Comunicación de Entre Ríos.

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