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miércoles, 23 de noviembre de 2011

LA DIRIGENTE SOCIALISTA MURIÓ AYER EN FRANCIA Danielle Mitterrand, 70 años de lucha por los Derechos Humanos Publicado el 23 de Noviembre de 2011

Por Manrique Salvarrey

Había adherido a los 17 a la Resistencia Francesa contra la invasión nazi y a los 87 dejó de existir en un hospital parisino. Su acercamiento a las Madres de Plaza de Mayo y a cuanto movimiento social hubo en el mundo.
 
Ayer de madrugada, en un hospital de París, murió Danielle Gouze, viuda del ex presidente francés François Mitterrand. Tenía 87 años y 70 de militancia junto con los perseguidos, los pobres, las víctimas de todas las xenofobias y de todas las dictaduras, los mártires de todos los fanatismos. Nacida en 1924, en una familia de masones, a los que respetaba pero no adhería, a sus adolescentes 17 años ya traía y llevaba mensajes entre los “resistentes” y oficiaba de enfermera de los combatientes heridos por la barbarie nazi. Llegó al Partido Socialista francés mucho antes de que, en 1981, su célebre esposo se convirtiera por primera vez en presidente de la República.
Ayer, las Madres argentinas, los gitanos de su propia tierra, los mapuches chilenos, los familiares de los desaparecidos guatemaltecos, los negros sudafricanos que padecieron el apartheid, los sin tierra brasileños, los kurdos, los zapatistas mexicanos, los revolucionarios cubanos, desde todos los continentes, los verdaderos combatientes de la libertad, la recordaron con emoción –la recordaron con su enorme sonrisa y envuelta en su chalina roja– y ninguno olvidó la solidaridad recibida y la tarea
insobornable de la Fundación France Libertés, donde en el último cuarto de siglo volcó sus esfuerzos en defensa de los Derechos Humanos en todos los rincones donde fueran vulnerados.
Con semejantes ideales y una envidiable formación ideológica, Danielle Gouze-Mitterrand no comulgó nunca con los usos y las formas a las que, se suponía, debía someterse en su papel de “primera dama”. Primero, abominó de las tareas de caridad que se le suponían propias de su nueva función y redefinió ese rol, al menos para la Francia que tuvo a su esposo como presidente. Para asombro de un mundo diplomático que observaba espantado cómo la mujer de un primermundista europeo se volcaba públicamente a practicar la solidaridad con la Cuba bloqueada y no ocultaba ni su simpatía ni su admiración por Fidel Castro o Salvador Allende.
Muchas historias, o pequeñas anécdotas, pintan a la mujer que murió ayer en un hospital de París. Sus amigos recuerdan una en especial. En las semanas siguientes a la muerte de Mitterrand, en 1996, se reprodujeron como por arte de magia las biografías y los relatos donde aparecía “todo lo que usted quiso conocer del presidente”. En esos tiempos, habían flaqueado las finanzas de France Libertés y, por ello, las tareas solidarias estaban demoradas. Danielle, que había conocido a su hombre siendo adolescente y que compartió con él hasta los sinsabores de ser la “primera dama”, se sobrepuso al dolor y escribió En toute liberté, unas memorias que, sin dudas, tenían “todo lo que usted quiso saber”. Los derechos de autor permitieron revitalizar a la Fundación.
Más allá de mostrarla en toda su grandeza –en sus relatos obvió decir, por ejemplo, que había sido ella la que introdujo a su esposo en las ideas socialistas y le abrió las primeras puertas de la política–, En toute liberté mostró públicamente a la mujer que tantos imaginaban con el ceño fruncido, ajena a las cuestiones del humor. Allí se detuvo a describir la “increíble ternura” que emanaba de la figura de Nelson Mandela, el lujoso pañuelo de seda de Hermès que lucía bajo el chador la esposa del ayatollah y ex presidente iraní Hshemi Rafsanjani, o los chistes muchas veces “subidos de tono”, escribió, con el que la entretenía “el nuncio apostólico en Francia, un hombre muy jovial que me hacía reír y que luego sería el papa Juan XXIII”.
En plena campaña para las presidenciales de 2012, el Partido Socialista (PS) le rindió homenaje a la luchadora fallecida. El candidato oficial, François Hollande, no ahorró elogios y la calificó como “la Pasionaria de Francia”. El alcalde de París, Bertrand Delanoe, dijo que “fue una figura eminente de la memoria y de la identidad de la izquierda”. Para Jack Lang, ministro de Cultura de su esposo, “su partida marca el fin de una gran época”. Ninguno recordó que había terminado su vida militando junto con el boliviano Evo Morales por el derecho al acceso universal al agua. Tampoco recordaron que, hace una década, se había alejado del PS porque “estos dirigentes ya no representan la fibra socialista”.   <

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