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jueves, 3 de noviembre de 2011

El pulso de la semana: El mundo que nos espera a los argentinos Año 4. Edición número 180. Domingo 30 de octubre de 2011 Por Eduardo Anguita eanguita@miradasalsur.com


Fue una de las semanas que quedarán para la historia. Desde el domingo a la tarde en que se iban conociendo los cómputos de las elecciones y se confirmaba no sólo el liderazgo de Cristina sino la correcta apreciación de cómo dialogar con sectores sociales más remisos a acompañar al kirchnerismo y lograr su voto. Porque, no sólo en los grandes distritos urbanos el Frente para la Victoria hizo una excelente elección sino también en distritos pequeños, rurales o de dependencia de la producción agropecuaria. Hablaron las urnas y confirmaron que la sociedad argentina aceptó las razones expuestas por el relato de la Presidenta y no el de los medios opositores. Las urnas mostraron algo de lo que poco se habla en la cultura política argentina: la ciudadanía acompañó un discurso emocional, vívido, que combina –tal como es la vida misma– dolores que brotan en el momento menos pensado y alegrías que surgen desde el fondo del alma.
Los dolores de esta semana tuvieron dos hitos muy marcados. Uno fue el momento, tremendo, de la lectura del fallo en la causa Esma en los tribunales de Comodoro Py. Con las condenas, severas, a 16 genocidas que fueron acompañadas por dos absoluciones que, vale la pena remarcar, no eximió de la prisión preventiva que pesa sobre esos represores por otras acusaciones en la megacausa Esma (ver pags. 30-31). Estas condenas, especialmente sobre Jorge Acosta y Alfredo Astiz, tuvieron para todo el país el mismo efecto que las condenas para los genocidas Luciano Menéndez en Córdoba o Antonio Bussi en Tucumán. Cada uno de estos juicios tiene un valor reparador sobre las víctimas y se convierte en un ejemplo del modelo institucional de país del cual es sujeto el pueblo argentino. Una sola mención más, sobre el inmenso Rodolfo Walsh, cuyo caso se ventiló en Comodoro Py. Walsh fue emboscado por la patota de la Esma el 25 de marzo de 1977, dejando ese documento póstumo llamado “Carta abierta a la Junta Militar”, en el que da cuenta detallada de los crímenes que se estaban cometiendo. Esa carta había sido tipeada de modo artesanal –por correo y con copias a carbónico hechas por el mismo Walsh y por su compañera Lilia Ferreyra– y enviada por correo a diplomáticos y periodistas de múltiples redacciones. Entre quienes hoy se llenan la boca hablando de Walsh hay muchos que recibieron esa carta y jamás dijeron una palabra sobre qué hicieron con ella. No es para aborrecerlos ni para pedirles que se arrepientan de no haber sido héroes. Simplemente es para que cuenten la verdad. Hace algunos años, el mundo literario y especialmente el pueblo alemán se conmocionaron ante la publicación de una autobiografía de Günter Grass en la que confesaba que su inclusión en las filas del ejército alemán fue voluntaria y no como auxiliar de artillería, tal como se conocía públicamente, sino en las temibles SS. La sociedad argentina necesita que los buenos ejemplos cundan. En la sentencia del miércoles se habló en los corrillos de la muerte del prefecto Héctor Febres, ocurrida el 9 de diciembre de 2007, la noche anterior a la toma de posesión de Cristina. Entonces se lo presentó como un suicidio. Luego cobró fuerza la versión del "mensaje". Y no faltaron "mensajes" estos años de parte de los genocidas o de quienes pretendieron meter miedo con que la Argentina, como dijo Eduardo Alberto Duhalde en febrero de 2010 cuando, impulsado por Héctor Magnetto, sentenció por Radio Mitre: "2011 tiene que parir un gobierno para los que quieren a Videla y los que no". Ahí quedó sepultada la ambición de Duhalde, que batió el récord de reducción de adhesiones, de algo más del 12% el 14 de agosto a algo menos del 6% el 23 de octubre. Con el fracaso de Duhalde se certificó el fin de cualquier intento de extorsión a los juicios a los genocidas.
Volviendo a Walsh, es imprescindible recuperar todos los aportes de ese gran escritor-periodista-militante. El primer aporte al periodismo de Walsh fue Operación Masacre, la mejor obra de investigación de hechos reales relatados en clave de ficción. En el epílogo, Walsh cuenta la suerte que corrió la denuncia presentada por él mismo acompañando al sobreviviente Carlos Livraga (“el fusilado que habla”) y que llegó a la Corte Suprema de Justicia de la Nación previo dictamen del procurador Sebastián Soler. Los cinco ministros del alto tribunal y el procurador se apresuraron en hacer desaparecer el crimen de Estado con el pueril argumento de que la Policía Bonaerense estaba subordinada a las Fuerzas Armadas. Walsh señaló aquella impunidad y 20 años después los genocidas le aplicaban la misma medicina. Estos juicios por los crímenes cometidos en la última dictadura tienen fallos ejemplares emanados de un Poder Judicial independiente en términos de la Constitución y comprometidos en que nunca más haya impunidad en la Argentina.
El futuro. Las primeras medidas que tomó la Presidenta después del 23 de octubre tienen un valor concreto, pero también indicativo de su propia voluntad. El decreto 1722, que impone a las empresas petroleras y a las mineras liquidar en la Argentina el 100% de los dólares provenientes de sus exportaciones no sólo modifica la normativa anterior (que permitía a las petroleras dejar fuera del país el 70% de las divisas y a las mineras el 100%) sino que resulta una muestra más en la línea de acotar las ventajas obtenidas por corporaciones y sectores económicos en otros tiempos de la Argentina. El diputado Miguel Bonasso, que acaba de publicar un libro –El mal– sobre el tema de la minería abierta salió de inmediato a decir que durante ocho años las mineras gozaron de estas ventajas. Es tan cierto como que no vivimos un proceso repentino que se base en medidas de gobierno ausentes de consenso. Esta semana, el latiguillo preferido de La Nación y Clarín fue que hay fuga de divisas y que el Banco Central pierde reservas. Primero que es, al menos, una exageración completa. Pero vivimos un mundo de unas turbulencias financieras impresionantes y la Argentina, pese a haber crecido de modo impresionante en ocho años, también es cierto que, entre las 500 empresas más grandes, creció la extranjerización y que, más allá de las chicanas de los medios opositores, es preocupante que esas empresas aumenten la remisión de ganancias en cambio de reinvertir en el país.
Algunos se olvidan del país en el que viven. Recién en los últimos meses comenzó un diálogo respetuoso por parte de las dirigencias empresariales, tanto industriales como agropecuarias, hacia el gobierno. Recién en estos días los directivos del grupo de Paolo Rocca, el Grupo Techint, comenzaron a mostrar una actitud lógica hacia los directores públicos por las acciones de la Anses en empresas de Techint. Pero, por ejemplo, todavía la presidenta del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont, no tuvo los votos para confirmarla al frente de la entidad. Eso porque desde la rebelión de Martín Redrado la oposición se había descubierto, de la noche a la mañana, redradista. Ahora, pese a tanto cartel y tanta nota de medios del corazón, el ex Chicago boy se quedó fuera del juego y no llegará al Congreso.
La Argentina no es un país fácil. Fue destruido, literalmente, en sus perfiles industriales y financieros de cara a un proyecto nacional. La recuperación de aquel país se está haciendo como un proceso colectivo, racional y emocional. Con aportes de la dirigencia, con el liderazgo de Cristina pero, necesariamente, con un diálogo con una sociedad que todavía descree de la política, sobre todo de lo público. Si, además, se piensa en los sectores que manejan poder económico, el escenario es más delicado. En estos temas se avanza de a poco, pero se avanza. Caso inversiones: en 2010, la tasa de inversión fue del 22,6% del PBI y la proyección para este año es del 23%. Respecto de países industriales no es mucho, para la Argentina es récord. En 2003, la tasa de inversión fue apenas del orden del 14,6%.
Como vivimos en un mundo en crisis severa, el trato a los capitales externos no es algo sencillo. Basta ver los bancos españoles que registran pérdidas en su país (que tiene una desocupación mayor del 20% y está en recesión) y ganancias en sus filiales en Latinoamérica. En la lógica empresaria, sus accionistas y directivos quieren llevarse las ganancias a España. En la lógica de la política pública, están sobre el horizonte cercano la posibilidad del debate legislativo de la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central y de la Ley de Entidades Financieras. Pero no todo se hace por decreto: un informe de la Cepal indica que, respecto del primer semestre del año pasado, las inversiones externas directas crecieron un 54%. Es indicativo de cómo muchas empresas de los países llamados centrales buscan nuevos destinos de modo acelerado. Los casos testigos son China e India, que cuentan con la presencia cada vez mayor de empresas europeas y norteamericanas. Y cada cual con distintas normativas. China es muy exigente con el capital externo. Otro de los casos destacados es Brasil, por eso el informe de Cepal aclara que ese 54% está repartido de modo muy diverso: mientras Brasil registró un crecimiento del 157%, la Argentina no tuvo grandes modificaciones. Como todo dato, tomado de forma aislada no sirve de nada. Lo que debe tenerse presente es que el camino de Argentina no requiere en este momento de la atracción particular de inversiones externas. Las escalas de la economía y las ventajas comparativas requieren más de la movilización de recursos hacia la industria y, sobre todo, hacia los sectores con perfil tecnológico.
Por último, jueves y viernes próximo, con la presencia de Cristina en la Cumbre del G-20 y con la reunión que sostendrá con Barack Obama, queda claro que la Argentina y su gobierno están en el mundo y de modo protagónico. Eso sí, lo que no está claro es en qué mundo y en qué dirección va el mundo.

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