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sábado, 24 de septiembre de 2011

Final de una tragedia griega


Como si fuera una obra de Esquilo, el pue
blo griego asiste al drama irremediable del quiebre de su economía.
“Nos están asfixiando, no nos dejan vivir, ¡¡basta ya, cabrones, son unos vampiros!!” El cartel que enarbolaba ayer en griego e inglés un manifestante de mediana edad y rostro desencajado en Atenas era harto elocuente. Es la desesperación total. El pueblo griego está recibiendo golpe tras golpe desde inicios de 2010 y ve diariamente cómo entre el gobierno, la Unión Europea, el Banco Central Europeo y el FMI, le dejan cada vez menos oxígeno para vivir.
“Ya nos echan de las fábricas, nos desalojan de nuestras casas porque no podemos pagar las hipotecas. ¿Qué más quieren sacarnos, nuestra familia, nuestros hijos?, ¿Qué?, que lo digan”, decía desesperado un trabajador entrevistado por la televisión francesa.
El gobierno del socialista Yorgos Papandreu ha anunciado que las arcas del Estado no tienen para pagar los sueldos de los funcionarios públicos ni las pensiones después de octubre; que necesitan con urgencia la entrega por parte del FMI, el Banco Central Europeo y la Comisión Europea, el sexto tramo del “rescate” de 110.000 millones de euros prometido por éstos en mayo de 2010, unos 8.000 millones de euros. Un nuevo parche, una prolongación de la agonía, otro acto de esta tragedia griega del siglo XXI.
A pesar de que en una cumbre de julio pasado esos mismos organismos aprobaron un segundo “rescate” de 160.000 millones, el dinero del primero se entrega todavía con cuentagotas, siempre tras certificar que Atenas da una vuelta de tuerca más en el cuello de sus ciudadanos de a pie. Y hay países como Austria, Eslovaquia y Finlandia, que han anunciado estos días que retrasarán la ratificación de los acuerdos de esa reunión de hace dos meses.
Cada vez hay más reticencia a esta política de “rescates” que hasta ahora sólo parece que sirviera para insuflar un poco de oxígeno, pero que fuera insuficiente para sobrevivir.
Al gobierno heleno, que al llegar al poder a fines de 2008 heredó del conservador Kostas Karamanlis un elevado déficit público ocultado a los acreedores internacionales, se le exigen más y más recortes sociales y privatizaciones para que “los mercados se calmen”, para que los grandes inversores –y especuladores– confíen en que el país saldrá adelante, e inviertan así en Grecia y en sus bonos de deuda pública. Pero el gobierno del Pasok está en una encerrona, ha entrado en un callejón sin salida. Si sigue apretando más y más a su pueblo –el desempleo subió del 7% al 16,3% en tres años–, éste contestará cada vez más masiva y violentamente en las calles, como lo viene haciendo desde hace más de un año y medio. Nadie descarta que en ese caldo de cultivo termine surgiendo algún grupo armado, como los hubo en el pasado.
Mientras en este país de sólo 11 millones de habitantes se desesperan por su presente y su futuro, los “prestamistas” se reunían este fin de semana en Polonia –que ostenta este semestre la presidencia rotatoria de la UE– para decidir qué hacer con Grecia y si había condiciones para desbloquear esa partida de 8.000 millones. La mayoría da por hecho que Grecia quebrará y la discusión se centra en si hay que aislarla, e incluso empujarla para que salga del euro temporalmente, o hay que hacer esfuerzos para evitarlo. Nunca sucedió algo parecido desde que entró en vigor el euro en 2002 y no se sabe si es realmente el mal menor o el mayor. Desde hace tiempo se escuchan en la Unión Europea voces que reclaman convertir a Grecia en una suerte de “protectorado”, dirigido en la práctica por la UE.
Francia, la segunda economía más poderosa de Europa después de Alemania, mira con especial preocupación todo lo que sucede en Grecia. Estos días de nuevos números rojos en todas las Bolsas europeas, que hicieron recordar el estallido de la crisis de hace tres años, la economía francesa se vio especialmente sacudida. Algunos de los principales bancos franceses, BNP Paribas, Société Générale y Crédit Agricole, sufrieron brutales caídas. El hecho de que en el pasado hayan comprado millones de euros de bonos de la deuda pública griega se ha convertido para ellos ahora en un “boomerang”. Una vez más, la globalizada economía juega una mala pasada. El fantasma del “efecto dominó” sigue planeando desde las secuelas mundiales que tuvo el derrumbe de Lehman Brothers en Estados Unidos en 2008.
El recrudecimiento de la crisis griega, que ha hecho temblar también estos días a Italia y España nuevamente –y decidido por fin a Zapatero a reimplantar el impuesto al patrimonio para quienes tienen más de 700.000 euros en bienes– ha relanzado la discusión en Europa sobre la creación de “eurobonos” de la deuda pública europea. Para ello Alemania exigiría una mayor homogeneidad fiscal entre todos los países y una mayor cesión de la soberanía económica de cada uno. Sería en la práctica la constitución de una suerte de gobierno económico central europeo, dominado férreamente, claro está, por los países más poderosos.
En la cumbre de los ministros de Finanzas europeos de este fin de semana en Polonia hubo un invitado de última hora, el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Timothy Geithner, quien advirtió que la desunión entre los países europeos podría tener “efectos catastróficos”. Geithner aconsejó vehementemente a los socios europeos de Estados Unidos que promovieran más estímulos fiscales y que ampliaran mucho más el fondo común de reserva para poder enfrentar futuros rescates de socios europeos, algo sobre lo que no hay acuerdo dentro de la UE. Los expertos entienden que sería imposible contar con un fondo tan amplio como para socorrer a economías de la envergadura de la española o la italiana, muy superiores a las “auxiliadas” hasta ahora, las de Grecia, Irlanda o Portugal. Ninguna de las recetas de Geithner fueron bien recibidas en la UE.
Mientras Estados Unidos y la UE miran con envidia ahora el vigor de muchas economías latinoamericanas que antes miraron con desprecio por arriba del hombro, en este mundo que gira y gira las cosas se ponen por momentos al revés, al punto que ahora el “Primer Mundo” espera paradójicamente ansioso que los Bric (Brasil, China, India y Rusia) los ayuden a salir del pozo. Todavía no está todo visto en esta etapa de capitalismo senil
Año 4. Edición número 174. Domingo 18 de septiembre de 2011

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