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lunes, 26 de septiembre de 2011

“El padecimiento palestino no tiene nombre” Año 4. Edición número 175. Domingo 25 de septiembre de 2011 Por Eduardo Anguita eanguita@miradasalsur.com


Entrevista: Juan Gabriel Tokatlian, profesor en relaciones internacionales
"Yo creo que ésta no va a ser simplemente una reunión más de la Asamblea General de Naciones Unidas tal cual está programada los meses de septiembre de todos los años. Sino que va a ser el año de la causa palestina”, dice el politólogo Juan Gabriel Tokatlian, docente de la Universidad de San Andrés.
–¿Sirve el reconocimiento de la soberanía plena de los palestinos y a su membresía en Naciones Unidas para alcanzar la paz? 
–Esta es la pregunta. Un grupo mayoritario de países cree que así lo es. Esto no implica que se han terminado las negociaciones bilaterales, sino que están tan estancadas que solamente un esfuerzo multilateral puede traer la paz entre israelíes y palestinos. Y en segundo lugar, creo que esto vuelve a colocar en una situación muy específica la política exterior general de los Estados Unidos respecto de Medio Oriente y esta cuestión. Recuerde usted que entre 1972 y el año 2011 en 31 oportunidades ya Estados Unidos usó el veto en el Consejo de Seguridad para temas vinculados con los palestinos. Este veto prenunciado no es una novedad: es la continuidad de una política que hoy va a tener muchos más costos porque va a ser percibida en el mundo árabe nuevamente como una acción excesivamente proisraelí, desbalanceada, desequilibrada y un nuevo motivo de frustración.
–¿Cuánto tiene que ver también lo que se está viviendo desde enero pasado en varios países del mundo árabe, particularmente en Egipto porque está ahí al lado, porque el territorio de la Franja de Gaza –en algún momento– era un territorio egipcio? 
–Este es un dato fundamental, el que menciona y el papel de Egipto. Mubarak, durante su larga autocracia, había, finalmente, convenido con el gobierno de Israel frenar en primer lugar el reclamo persistente de la cuestión palestina, cerrar sus fronteras para que no pudieran pasar de Gaza a Egipto los palestinos y asumir una posición de conciliación a la espera de que de esa manera Egipto iba a retomar algún nivel de influencia en Medio Oriente. El colapso del régimen de Mubarak alteró drásticamente el panorama. Si hay una acción mediante la cual Mahmud Abbas lleva este tema al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para el reclamo palestino y hay un actor detrás de eso que es clave es la convergencia Al Fatah y Hamás y el rol fundamental de Egipto.
–Hamás se opone a la iniciativa de la Autoridad Nacional Palestina en la ONU, pero esta medida lo ha llevado a ser más prudente en cuanto a perpetrar atentados en territorio israelí. ¿Cree que Hamás ha bajado la presión para no darles argumentos a los halcones israelíes?
–Han pasado dos o tres cosas importantes, en primer lugar los contraataques israelíes, el asesinato selectivo de miembros de Hamás, las limitaciones que ha colocado a la propia movilidad de los palestinos, tanto en Cisjordania como en Gaza ha ido debilitando la posición militar de Hamás. En el campo político, por otro lado, si bien Hamás devenía un fuerte respaldo social también competía con otras fuerzas palestinas legítimas más nacionalistas y aun grupos neomarxistas, y por lo tanto también no detentaba una posición hegemónica aunque había ganado una preeminencia relativa en la última década. Yo creo que estos dos cálculos también llevaron a Hamás a entender que ésta no era una fase para proclamar una nueva Intifada, una nueva rebelión, el recurso masivo de la fuerza, sino darle un compás de espera a la decisión que se forjará en el campo político.
–Su apellido es de origen armenio. Los armenios, con lo que han sufrido, tienen una capacidad para involucrarse intelectualmente en algo, pero que seguramente tendrá alguna incidencia emocional, de vida... 
–Sí, efectivamente. Tanto por el lado materno como paterno, por el lado de los abuelos, bisabuelos, tatarabuelos, no tengo en mi genética nada distinto a lo armenio. Y en consecuencia soy heredero de un pueblo que sabe lo que es el genocidio, la violencia sistemática, y también conoce hoy los efectos de eso, no solamente en términos personales, sino en cuanto a políticas como el negacionismo de fenómenos de esa naturaleza. Y por lo tanto, cuando uno se aboca a cuestiones en Medio Oriente, no puede dejar de contemplarlas también desde el ángulo más personal. Lo que vivió el pueblo judío con el Holocausto justifica que sea un pueblo que viva en paz, con fronteras seguras, que el Estado de Israel se mantenga intocado, pero lo que ha padecido el pueblo palestino, un padecimiento para el cual no tenemos ningún nombre, no sabemos cómo llamarlo, llamemos despojo, llamemos crimen de lesa humanidad, no tenemos una nomenclatura para decir lo que han vivido los palestinos, también exige el reconocimiento de sus derechos y su rol en la sociedad internacional. Posiblemente el venir de una descendencia armenia, de un país muy pequeñito, metido ahí en el Cáucaso, me genera un tema adicional de observar estos fenómenos con alma y no solamente con cerebro.

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