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miércoles, 4 de enero de 2012

nicio » Víctor Ego Ducrot Periodista LA SALUD DE CRISTINA Un miércoles para el aguante Publicado el 4 de Enero de 2012

 Por Víctor Ego Ducrot Periodista y escritor y profesor universitario.
Se trata de un estar con ella en términos optimistas, aguardando su pronto restablecimiento para que vuelva al puesto de mando, aunque sinceramente espero que, pese a esa ansiedad reconocida, la presidenta guarde el reposo que deberá guardar.
 
Sin lugar a dudas, hoy debemos estar de “aguante”; y qué bien suena en la ocasión esa palabra, según el significado impuesto hace ya tiempo por la calle joven, tanto para el fútbol como para otras circunstancias de las vidas privadas y colectivas: aguante como sinónimo de solidaridad, de estar con el otro, llueva, truene o sofoque el enero de Buenos Aires; siempre con el otro, con la otra.
Millones de argentinos ya se dedican a ello, a estar de “aguantes”, desde principios de la semana pasada, cuando nos enteramos que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner debería ser intervenida (hoy) por una afección tumoral en la tiroides. Así transcurrieron los festejos por el Año Nuevo para quienes formamos parte de esos millones, los mismos que en octubre aportamos el voto para consolidar el modelo y avanzar en él, en términos de mayor justicia social, mejor democracia participativa y más independencia de los poderes centrales; mayor, mejor y más, nunca menos, pese a lo mucho que se ha logrado desde aquel 25 de mayo de 2003 a la fecha.
Se trata de un estar con ella en términos optimistas, aguardando su pronto restablecimiento para que vuelva al puesto de mando, aunque sinceramente espero que, pese a esa ansiedad reconocida, la presidenta guarde el reposo que, ya adelantaron sus médicos, deberá guardar; esos 20 días en los que Amado Boudou estará al frente del Ejecutivo.
Pero también podrían resultar útiles ciertas reflexiones acerca de los varios, los infinitos motivos políticos que explican este aguante, sobre todo en momentos en que no tanto los jefes de la oposición, quienes aún no se sobreponen de sus respectivos desmadejamientos a partir del resultado de la urnas, pero sí los medios de comunicación concentrados, que con su insistente capacidad manipuladora, donde hay lluvia ven huracanes; y, lo que es peor, cuando brilla el sol afirman que se adelanta la noche, entre chubascos y nubes amenazantes.
Voy a tomar prestadas algunas ideas que dos colegas y amigos volcaron en escritura durante el fin de semana largo y último del año pasado. El doctor en Comunicación y director de Radio Nacional Mendoza, Ernesto Espeche, publicó lo siguiente en la última actualización de la Agencia Periodística de América del Sur (APAS): “El escenario, la obra y los actores constituyen una trilogía indisoluble para la dramaturgia y, por qué no, para el análisis integral de la dinámica política (y por supuesto también para lo que sucede en la Argentina), porque al fin de cuentas la política es la puesta en escena de una realidad intrincada que se nos presenta como comedia y tragedia, sobre las cuales el espacio para la acción colectiva aparece siempre delimitado por las coordenadas de los tiempos históricos y las relaciones entre el libreto y sus intérpretes.”
En ese sentido, podría afirmar con Espeche que un discurso presidencial, una declaración de un dirigente sindical, un documento legal o un comunicado de una cámara empresaria son piezas sueltas que carecen de sentido autónomo; los dichos y los hechos se explican a sí mismos cuando dialogan con la realidad que los parió y se someten a la lógica implacable de las relaciones de fuerza. Y esa realidad que supo parir por sí sola nos dice que la reelección de Cristina al frente de la presidencia de la República –y la contundencia de la ratificación popular– sólo pueden ser entendidas en el contexto del rediseño del tablero global que impuso la crisis del proyecto neoliberal como modelo predominante de la etapa actual del sistema capitalista.
Lo que los medios hegemónicos califican de huracanes, porque eso es lo que piden a gritos, en realidad se trata de historia concreta y previsible. Al decir del colega mendocino, estamos ante “los alcances materiales y simbólicos del proyecto, que permiten dar continuidad y coherencia narrativa a un libreto que escribimos –todos– día a día. Su trama, sin embargo, admite giros estilísticos, cambio de roles, pujas virulentas y contradicciones inevitables. El reconocimiento de esa dinámica requiere de cierta fineza interpretativa. Los personajes se mueven con relativa independencia dentro del propio libreto. Pero, en última instancia, quedan sometidos a los trazos de un relato colectivo que los excede y al que, a su vez, deben ajustarse como condición para convalidarlo o para modificarlo.” Por eso este miércoles estoy de aguante.
Lejos de Mendoza, en La Plata, en el corazón político de la candente provincia de Buenos Aires, un tablado muy a propósito de la dialéctica del drama expuesta antes, el colega Diego Ghersi publicó ayer en AgePeBa, la agencia pública bonaerense, otro enfoque acerca del momento estratégico que vivimos los argentinos, y lo hizo justo el día que se cumplieron los 179 años de la ocupación bélica de las Islas Malvinas por parte de lo que entonces fuera el imperio británico, sobreviviendo a partir de allí lo que el canciller Héctor Timerman recordara ayer en otro diario, como una clara “cuestión del colonialismo”.
Para el destacado científico estadounidense Noam Chomsky, escribió Ghersi, “el mundo se encuentra en una etapa de profundo colonialismo, signado por las acciones de las potencias occidentales, para obtener de los países menos desarrollados la energía y materias primas que sus maquinarias industriales requieren”. Luego, el periodista platense se pregunta: “¿Cuáles son las acciones que menciona este referente intelectual estadounidense? ¿Cómo se articula el conflicto de Malvinas con esas acciones? ¿Qué peligros implican para el futuro mediato? ¿Cómo proceder en consecuencia?”
El mismo propone algunas respuestas y ensaya: “La alianza entre Washington y Londres es quizás la más fuerte de todas las que vinculan a las naciones desarrolladas de Occidente, aunque sin dudas es Estados Unidos el que marca los tiempos (…). Las ‘grandes naciones’ se han hecho poderosas por su capacidad de prever y de planificar a largo plazo en términos históricos (…) La capacidad de planificar a largo plazo abarca cuestiones como el desarrollo comercial, infraestructura, el desarrollo poblacional y hasta la guerra (…) Los objetivos de Estados Unidos permanecen intactos y en función de ellos mueve su maquinaria estratégica (…) La máquina comunicacional occidental oculta esa cuestión de fondo y, al hacerlo, el discurso mediático se transforma en un arma tan letal como una ojiva nuclear (…) No sólo son las Malvinas; es también el petróleo venezolano; el Amazonas brasileño; el litio boliviano y una lista tan larga como conocida (…) Es allí donde radica la importancia de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y del Consejo de Defensa de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur); también el valor de las palabras de Cristina, cuando definió al de Malvinas como una causa global.”
Una vez, este sí que es un miércoles de aguante. <

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