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jueves, 13 de septiembre de 2012

La Corte ratificó la grilla que estableció la Ley de Medios El máximo tribunal consideró que no le correspondía expedirse en una causa iniciada por la empresa Multicanal SA contra una disposición de 2008 del Comfer sobre el ordenamiento de los canales del servicio de televisión paga, porque aquella medida fue sustituida por la norma que regula los servicios de comunicación audiovisual y que establece cómo deben proceder los operadores.


Se trata de una causa en la que Multicanal había cuestionado la resolución 227/08 del Comité Federal de Radiodifusión, al considerar que ese organismo carecía de facultades para adoptar una decisión respecto de la grilla de programación de los operadores de cable, según explicó el Centro de Información Judicial.
El caso llegó al Máximo Tribunal tras el recurso extraordinario presentado por el Estado Nacional contra la decisión de la Cámara Federal de Apelaciones de Mar del Plata, que hizo lugar a la acción de amparo iniciada por la compañía y declaró la inconstitucionalidad de la Ley de Medios.
La ley, según la Corte, "regula en forma integral la prestación de servicios de comunicación audiovisual y, en lo que ahora resulta de interés, en su artículo 65 legisla sobre los contenidos de la programación y, en particular, establece concretas disposiciones respecto del ordenamiento de la grilla de los operadores de servicios de televisión por suscripción de recepción fija”, por lo que corresponde su aplicación.
De esta manera, la Corte dejó en claro que al haberse sancionado la Ley de Medios, las resoluciones anteriores quedan subsumidas a ella, por lo que el reclamo que hizo Multicanal contiene un planteo "abstracto" acerca del cual "le está vedado expedirse" al tribunal.

domingo, 9 de septiembre de 2012

De la red a la nube (primer viaje)

La web también es una red de regulaciones, intereses, negocios, información, derechos, obligaciones y poder. Un descomunal universo de conexiones por el cual circulan billones de “paquetes de información” a través de millones de kilómetros de cables, o de millones de conexiones inalámbricas, que usan millones de aplicaciones, programas, sistemas, ecuaciones, protocolos... Y todo esto ¡funciona! Pero, a diferencia de la naturaleza, no funciona solo. No existe una autoridad superior, pero tampoco es el reino de la anarquía.
Hay organismos que administran este mundo, como la Internet Corporation for Assigned Names and Numbers (www.icann.org), que entre otras cosas regula los nombres de dominio. O el Internet Architecture Board (www.iab.org), que analiza los modelos de comunicación para que puedan relacionarse aparatos de diferentes fabricantes. El Internet Ingineering Task Force (www.ieft.org) es un foro para debatir problemas prácticos. El World Wide Web Consortium (www.wc3.org) es la referencia para definir los protocolos comunes a toda la web, mientras que la Internet Society (www.isoc.org) tiene mucha autoridad pese a que sólo es una reunión de notables que dan consejos. O los llamados NIC (Network Information Centers), que administran los nombres en la red, con representaciones en la mayoría de los países: www.internic.net regula los dominios “.com”, “.net”, “.edu”, “.tv” y “.org” que son los más usuales. (El local depende de la Cancillería.) Pero acá no termina el problema: cada equipo que se conecta es como un teléfono y necesita un número que lo identifique. Es la “dirección IP” y hay organismos que administran la asignación de estos billones de “identidades” a través de los llamados RIRs (Regional Internet Registries) que atienden diferentes regiones del planeta.
La participación argentina en estos espacios es rigurosamente marginal. No obstante, el ente de regulación de las telecomunicaciones norteamericano, la Suprema Corte y el Congreso de EE.UU. toman decisiones que afectan al planeta entero.
Quedan 4 jugadores. A) Los proveedores del servicio de conexión (dueños de las redes, como Fibertel o Speedy), que cobran una tarifa por la conexión. B) Los proveedores de contenidos (ofrecen servicios, como Google, New York Times o Mercado Libre), cuyo negocio principal suele ser la publicidad. C) Los Estados nacionales y D) los usuarios. Hay un quinto jugador, que es del cual más hablan los medios: los fabricantes de equipos y de software, inmensas empresas (Apple, Microsoft, Samsung, etc.) que desde hace unos años ponen huevos en todas las canastas y que en última instancia articulan a los cuatro anteriores. Las relaciones entre estos jugadores son cada día más conflictivas. Sobre todo debido a que se trata de relaciones sistémicas: es como una red de pescadores, si se tironea de cualquiera de sus hilos, se afecta al conjunto.
Diversidad y control. Lo que estos jugadores debaten es quién manda en la web. Porque una cosa es la diversidad de la oferta y otra el control sobre este sistema. La diversidad de la oferta es amplia pero relativa: son muchísimos los diarios, los blogs, las redes sociales o los espacios de compra/venta de productos y servicios, pero pocas las empresas que ofrecen esas posibilidades. Dos ejemplos sencillos: hay millones de blogs pero sólo un puñado de empresas da el servicio de blogeo; 900 millones de usuarios desarrollan millones de actividades en Facebook, pero todos dentro de una misma empresa, de la cual la CIA es uno de sus inversores.
La web multiplicó las opciones a tal extremo que muchos hablan de una “revolución”. Pero también es indudable la extrema fragilidad y dependencia de los usuarios ante la concentración de propietarios de esta explosión de “libertad” binaria. La pelea de fondo es la puja de poder entre las empresas de conectividad y las de contenidos, verdaderos reguladores de la revolución digital, árbitros de un partido donde los jugadores creen que son 11 contra 11. Pero en realidad son dos bandos: los dueñas de las redes (Comcast, AT&T, Verizon, Telefónica, Fibertel, etc.) y los proveedores de contenidos y servicios (Skype, Google, Yahoo, Facebook, etc.).
Se decía que se trata del conflicto entre una internet libre (o neutral) y una regulada. La “neutralidad” consiste en que las empresas de conectividad brindarían el mismo acceso a todos los contenidos por igual: vengan de EE.UU. o de Pakistán, de una ONG solidaria o de un servicio de espionaje, de un sitio porno o de un diario argentino, todos los “paquetes de información” serían tratados por igual –lo cual garantizaría la igualdad–. Esta lógica beneficiaría a los usuarios y a los proveedores de contenidos –que hacen su negocio usando redes en las que otros invierten–. Pero las empresas de conectividad protestan, porque las de contenidos hacen grandes negocios con sus redes sin darles algo a cambio. Y para colmo, los usuarios usan ciertos servicios (como bajar películas) que saturan las redes y obligan a realizar inversiones que no tiene contraprestación. Por eso propusieron una conectividad diferenciada según el usuario. Hasta ahora la idea fue un fracaso porque se supone que internet nos iguala: distintas categorías de conexión significa que “este usuario puede usar Skype pero este otro no”, que “Fulano puede bajar películas pero Perengano no puede”. Un problema de clase: a más plata más web.
Como el debate se estancaba y como la creatividad de la tasa de ganancia es ilimitada, las empresas de conectividad sugirieron que le podrían cobrar un canon especial a ciertas empresas de contenidos (lo cual provocó la ira de gigantes como Google, Yahoo, Facebook o My Space). Otra ocurrencia fue que deberían tener el derecho de gestionar el tráfico de sus redes según su conveniencia empresarial (por ejemplo: si el promedio de descargas del edificio donde vive el lector de esta nota es de X megas por día, pero el vecino del piso de arriba lo excede en un 10%, le reducen la velocidad de transferencia, pero ni le avisan ni le rebajan el precio mensual).
Como estas peleas eran infructuosas, los dos bandos se pusieron por fin de acuerdo y presentaron a la humanidad globalizada su nuevo modelo de negocios: el cloud computing, la nube, la web en la nube, flamante paradigma de control y consumo que a unos les garantiza negocios inconmensurables y a otros, los usuarios, más debilidad y dependencia.

jueves, 6 de septiembre de 2012

“Somos como Gatica, nos cagan a piñas pero seguimos peleando” Año 5. Edición número



Una charla a fondo con Hebe de Bonafini y Cecilia de Prósperi, de la Asociación Madres de Plaza de Mayo.
El local de El Revolucionario –el bar de la sede de la Asociación Madres de Plaza de Mayo– funciona, en este caso, como la casa de Hebe de Bonafini y Cecilia de Prósperi, porque es con esa calidez, la de recibir en su propia casa, que la abren para conversar con el cronista. Aunque lo primero que Hebe dice es que no es su casa, como tampoco lo es la de las Madres, sino la de todos. “Siempre fue de todos, la Casa de las Madres, y este lugar ahora queremos que sea de todos, que no vengan como invitados, que lo usen”, insiste.
–Cuando me llamaron, el 23 de marzo, para dar una charla, me sentí tan a gusto y honrado de ver cómo se inauguraba El Revolucionario. Es algo extraordinario. Esa noche la tengo guardada. Tanta historia, tantos años. Y cuando veía todos los cuadros, todo lo que ustedes tenían atesorado… 
Hebe de Bonafini: –Todo está acá, ahora, para que la gente lo pueda ver, lo pueda disfrutar, que lo pueda vivir. Que vengan y lo usen como propio, si no, no tiene ningún objetivo.
–El sacudón que han vivido ustedes, como siempre las tira para adelante...
H.B.:
 –Somos como el mono Gatica: nos cagaron a trompadas. Teníamos la cara ensangrentada y los ojos negros, pero todavía podíamos ganar una pelea.
–La cantidad de obras de arte, una camiseta de Maradona, otra que le regaló Néstor… es impresionante.
H.B.:
 –Todavía hay más cosas en las vitrinas que vamos a ir cambiando porque la gente entra y saca fotos. Son 35 años de lucha. Ninguna Madre se llevó nada para la casa. Lo dejó acá para que sea de todos. Y que cada persona que nos regaló algo, grande o chiquito, vea que lo atesoramos. Y eso emociona mucho. Recuerdo a un viejito de Santiago del Estero; cuando fui, me hizo una madrecita con chala de choclo y la pintó. Muchos años después, el señor vino y vio su regalo en la vitrina. Lloraba como un loco porque no podía creer que la guardáramos.
–Es que tiene que ver con que ustedes saben guardar porque están haciendo algo para otras generaciones. Piensan en una sociedad inclusiva.
H.B.:
 –Todo es de todos. Nosotros socializamos la maternidad. Todos son nuestros hijos.
–Eso es algo que muy pocos entienden.
H.B.:
 –Alicia Kirchner me decía: “Qué difícil lo que hicieron ustedes. A mí me cuesta”. Pero es tan hermoso. Ninguna de nosotras tiene un pedido especial por los pibes que nos faltan. Ellos están dentro del pedido de Justicia. Ninguna de nosotras hizo juicio aparte.
–¿Fue un proceso lento o de ruptura?
H.B.:
 –Es lento. No todas las madres lo hicimos al mismo tiempo. Lo propusimos y dejamos que cada madre lo elabore. Empezamos por dejar aquella foto grande. Y el primer paso fue que cada madre empezó a llevar otra foto. Porque se la pasaban dando vueltas a ver dónde estaba la foto del hijo. Después dijimos, la ponemos en la camioneta y cada una toma una. Pero tampoco sirvió. Luego la llevábamos en la cartera, pero cuando veían un periodista la sacaban y ahí iba el periodista. Entonces les dimos tiempo. Y aquellas que ya habíamos hechos los pedidos con otros, les pudimos hacer sentir a esa madre la importancia de sentirse madre de todos. Es la solidaridad que nos enseñaron nuestros hijos. Eran solidarios al máximo.
–Cuando Néstor Kirchner dijo somos hijos de la Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, a mí me sacó un peso de encima porque en realidad demostró, él, un tipo valiente, que había más que aprender de las Madres y las Abuelas que lo que cada uno de los militantes había hecho.
H.B.:
 –Nosotras decimos que nuestros hijos nos parieron. Desaparecen ellos y nacemos nosotras. Ahora lo que más le hace falta a la juventud es ser solidaria. Por ejemplo, mi hijo, el más chico, tenía dos trabajos y uno era para pasarle a un compañero que estaba clandestino y escondido. Y eso lo hacía naturalmente. Se sacaban todo para dárselo al que tenía que pasar la frontera, al que tenía que disparar. Y esa parte de entregar lo mejor que uno tiene todavía falta. Un día mi hijo me preguntó que es la solidaridad. Y le dije que era dar lo a uno le sobró. Y me dijo: “No mamá, es dar lo mejor que uno tiene”. Me cortó por la mitad. Eso lo aprendimos de ustedes y eso me da un orgullo enorme. ¿Sabés de dónde yo saqué la idea clave? De Trelew. Ahí se juntaron los grupos y no importaba si eran montoneros o del ERP o de otro. Se juntaban a trabajar todos juntos en la oscuridad, el silencio. Tenían un solo objetivo. Y yo digo que si las madres tenemos un solo objetivo, que es reivindicarlos, tenemos que aprender de ellos. Hace treinta años que vivimos juntas. Desde la mañana hasta la noche estamos juntas, trabajamos, peleamos...
Cecilia de Prósperi: –Tareas no faltan…
–Y tienen la universidad, la radio… líos no les faltan. ¿Cómo anda la universidad?
H.B.:
 –Muy bien. Estamos trabajando para que el Ecunhi sea parte de la universidad. Todo lo que sea del arte. Ya tenemos las carreras aprobadas por el Ministerio. A las piñas, porque no sabemos qué somos si públicas o privadas. Creamos problemas porque empezamos como empezamos y nos estamos acomodando. No podemos hacer propaganda porque no entramos todos. Mucha gente.
–Es impresionante cómo ustedes reformularon el tema de la vivienda. Muy poca gente lo sabe.
H.B.:
 –Ahora, con este proyecto nuevo que hay del Gobierno, hicimos un convenio y estamos vendiendo lo paneles terminados y la capacitación. Con eso e ingenio se pueden ellos mismos hacer las casas. Hemos hecho varios encuentros. Ahora vamos hacer el tercero con empresarios. No importa que sea una casa o dos o tres o que no esté el municipio por medio. Tenemos encargado hospitales, salas de pequeños auxilios, algunas escuelas. Así que como Gatica...
C.P.: –No nos han vencido.
–No puedo olvidar cuando llegaron los allanamientos y ustedes le preguntaron a la policía si querían faina o pizza. Y ellos no entendían...
H.B.:
 –Las madres estaban asustadas por lo que escuchaban en la tele. Y yo les dije a las madres que vinieran, porque no estaba pasando nada. Yo fui, recibí al comisario, abrimos todos, las madres fueron llegando.
–Muchos dicen que Hebe se enoja y vos lo asumiste con tranquilidad completa…
H.B.:
 –No tenía nada que ocultar. Y resulta que la policía encontró cuatro libros azules. Y pensaron que eran actas, los sacó del placard y los abrieron. Era el diario de las Madres. Y en la primera página decía: Juicio y castigo a los culpables. Ellos se lo buscaron.
–Me gustaría saber, con todo este sacudón, cómo fue tu relación con la Presidenta y si gente de la oposición, que quizá no coincide con la mirada ideológica de las madres, se acercó.
H.B.:
 –Gente de la oposición no existe. Hay gente que difama pero no conozco a la oposición.
–Aquí hay gente de izquierda que se ha reivindicado y ha tenido historia de militancia y que hoy no está en el kirchnerismo. ¿Esa gente tampoco?
H.B.:
 –No, Pino Solanas no, si me preguntás por él. Y sí, toda la gente del Gobierno. Nos llamaron y alentaron. Nos siguieron invitando a los actos. Al otro día, Cristina nos invitó a un acto. Y me mandó a decir que me invitaba para que fuera. Ésas son cosas que no tienen precio. Reconocen nuestro trabajo. Y toda la gente que nos animó y fue a la plaza. Eso nos ayudó a sostenernos. El presidente de la Suprema Corte, que después de todo lo que le dije me mandó un libro con una dedicatoria y siguió invitando.
–Recuerdo que le decías cosas en la puerta de tribunales. Una vez conversé con él y me trasmitió respeto por ustedes. Es bueno saber que si en algún momento uno tiene una diferencia…
H.B.:
 –Las Madres hemos hecho algo que no hizo nadie, que es ir a la Plaza durante 35 años, sin faltar nunca, hacer todas las marchas de resistencia, reconocer cuando nos equivocamos con Néstor y toda la maravillosa amistad que tuvimos con él y después haber tomado la decisión de hacernos kirchneristas. Hasta ese momento, las Madres nunca fuimos de ningún partido. Lo discutimos mucho. Y cuando lo decidimos, lo hicimos. Y nos sentimos orgullosas. Estamos orgullosas de ser parte de este proyecto popular y nacional. Pase lo que pase estamos acá. Somos soldados de este proyecto. Vamos a seguir estando. Tenemos la mayor, que tiene 95 años, y todas las demás estamos cerca.

Nunca antes estuvo tan cerca el fin del conflicto armado colombiano. Esta vez, el plan de paz contempla medidas sorprendentes e inéditas. La elite empresaria está dispuesta a pagar un impuesto para financiar la reinserción laboral de los guerrilleros desmovilizados y los insurgentes aceptarían redefinirse como partido político.


Tres meses atrás, el presidente colombiano Juan Manuel Santos viajó a La Habana para entrevistarse con su par Raúl Castro. Oficialmente, el encuentro bilateral era para hablar sobre la inminente realización de la Cumbre de las Américas de Cartagena, donde Cuba tenía vedada la participación. Sin embargo, la agenda secreta de la reunión tocó un tema mucho más sensible: monitorear el estado de las negociaciones que ya habían empezado en febrero de este año en la capital cubana entre un asesor personal de Santos y el canciller de las FARC, Rodrigo Granda. Ahora, la hoja de ruta del denominado “Acuerdo general para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera” ya es de dominio público: Cuba y Noruega serán garantes de un dialogo cuya mesa siempre se asentará en el extranjero y nunca en territorio colombiano para evitar sabotajes, Chile y Venezuela fiscalizarán el proceso y, a diferencia de otras experiencias, la foto y el apretón de manos entre Santos- Timochenko (nuevo líder de la guerrilla) sólo se hará cuando sus mediadores hayan consensuado todos los puntos en cuestión.
Pero, lo más importante, es que esta vez el plan de paz llega en el mejor contexto político. Por un lado, el gobierno y la elite empresaria –que acaban de firmar un TLC con Washington– aceptan que sólo habrá más y mejor mercado si se desmilitariza la tensión social en interior nacional profundo y, paralelamente, los insurgentes han entendido el mensaje de toda la izquierda continental, incluido los países del ALBA, de que la vía armada para la toma del poder es una opción inútil y a contrarreloj del tiempo político regional. A su vez, la opinión pública, por primera vez en décadas, apoya la negociación con la FARC y rechaza la opción uribista de derrotar militarmente a los rebeldes. Según un sondeo del diario El Tiempo, el de mayor tirada en Colombia, y la consultora Gallup: “El 60% respalda la iniciativa por la paz, 8 puntos más que en junio último”. Pareciera que es ahora o nunca. Así también lo entiende la ex parlamentaria y permanente mediadora en el conflicto Piedad Córdoba. Al ser consultada por Miradas al Sur vía twitter, la principal referente del colectivo Colombianos y Colombianas por la Paz respondió desde Bogotá que “la paz es más que factible. Además, ahora se hace más urgente para enfrentar no sólo situaciones de crisis humanitaria, sino para cambiar las condiciones de militarización de territorios por condiciones de presencia social”.
La guerra ya no es negocio. Ahora bien, no sólo los herederos del ex Comandante Tirofijo han concluido que la guerra de guerrillas ya no es el camino para la liberación nacional. Así como los insurgentes han anticipado que colgarían los fusiles para mutar en un partido político de superficie que ya ha sido oficializado un mes atrás –el denominado movimiento Marcha Patriótica–, la alta burguesía local renunció al exterminio de los alzados en armas como camino estratégico y ha declarado públicamente que está dispuesta a financiar el gran acuerdo nacional con los barbudos de la selva profunda. “Los empresarios creen que pueden contribuir con la reintegración económica de los desmovilizados, a nivel de empleo y con respaldo a proyectos productivos. También se mostraron dispuestos a pagar un impuesto extra para apoyar la paz”, adelantó la revista Semana luego de consultar a nueve ejecutivos de las multinacionales más importantes asentadas en suelo colombiano.
Es lógico, el empresariado caribeño ligado, por ejemplo, a proyectos energéticos no desea sufrir más los típicos atentados guerrilleros como el ataque a plantas petroleras o torres de electricidad. Además, Santos, que promueve la inserción internacional del país vía tratados de libre comercio, está interesado en viajar al exterior y promover la inversión extranjera directa en zonas donde, en la actualidad, la guerrilla pisa más fuerte que el Estado. Por otro lado, no sólo la fragilidad del gobierno en cuanto a su poder de fuerza es fruto del accionar guerrillero, también las bandas paramilitares ligadas al uribismo y a la extrema derecha están operando contra el Palacio Nariño. “Aunque las cifras del gobierno de Santos muestran avances en la seguridad ciudadana, el fenómeno de las Bacrim [Bandas Criminales Emergentes, antiguos paramilitares], especialmente de bandas grandes e influyentes como Los Urabeños o el Erpac, ha venido afectando a muchas zonas del país, consolidando estructuras de mafia y desestabilizando a la Fuerza Pública”, reveló esta semana el portal electrónico local Silla Vacía.
Por último, hay un dato alentador en el actual proceso de paz y es que el gobierno de Santos ha iniciado en el Congreso una batería de leyes que le dan un marco normativo real y objetivo al entendimiento entre las partes. En el último acercamiento significativo entre el Poder Ejecutivo y los guerrilleros –el denominado Acuerdo de Caguán– hubo más pirotecnia visual y especulación mediática que avances concretos. Tirofijo y la cúpula guerrillera se acercaron a una zona de despeje previa para hablar de paz mientras las columnas del sur iniciaban una ofensiva militar; paralelamente, el gobierno de Pastrana ponía más énfasis en saludar a las cámaras televisivas que en ofrecer conmutación de penas o liberación de presos políticos. Fue un fracaso rotundo.
Ahora, en cambio, “la columna vertebral del plan de paz vincula un paquete de normas como la prórroga de la Ley de Orden Público, que además se complementa con la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras, la ley para desmovilizados, el fuero militar, la reforma a la Ley de Justicia y Paz, pero, sobre todo, el llamado Marco Jurídico para la Paz”, resume un artículo del matutino colombiano El Espectador. En ese sentido, un dato importante a tener en cuenta es que el gobierno de Santos no ofrecerá a las FARC ni “indultos ni amnistías” ya que el país adhiere al Tratado de Roma que considera imprescriptibles los crímenes de lesa humanidad pero sí, gracias a los denominados Mecanismos de Justicia Transicional, el oficialismo se puede comprometer a “ofrecerle a la guerrilla la posibilidad de pagar penas alternativas a las contempladas por el Código Penal, menos severas y flexibles”.
El último martes, cuando la noticia aún tenía formato de rumor, el presidente Santos visitó la base militar de Toleimada y en un acto oficial lanzó una frase fuera de protocolo: “La victoria es la paz”, arengó a la tropa. No se sabe qué habló Timochenko con sus camaradas en los meandros de la selva, pero se supone que el mensaje es parecido. La guerra ya no es negocio, quizás la paz abra otros caminos.

Europa vive un ataque sistemático al Estado de Bienestar construido esforzadamente desde que finalizó la Segunda Guerra Mundial. Dudas sobre el nuevo rol de los EE.UU. ante los nuevos procesos latinoamericanos

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El lenguaje permite ver que las distancias abismales, a veces, son apenas unos pocos milímetros. En inglés, dos letras separan Estado de guerra (Warfare) del Estado de bienestar (Welfare). No sólo eso: el término Welfare surgió como contraposición de warfare, que lo precedía. Los escritos de los revolucionarios vietnamitas –un país que vivió siglos de guerras con China, antes de ser colonia de Francia y de la ocupación de Estados Unidos– siempre acentúan que la paz es ese tiempo que existe entre guerras. La lectura de lo que sucede en los países europeos es inquietante en muchos aspectos, entre otros, por la certeza de que la hegemonía del capital financiero tiene como propósito directo dinamitar lo que queda del Estado de bienestar.
El historiador inglés Eric Hobsbawm, en su Historia del siglo XX, tiene un capítulo llamado “Los años dorados”, que él delimita entre 1945 –el fin de la Segunda Guerra– y 1973 –la primera crisis del petróleo–, fueron de un crecimiento económico sin precedentes para ese continente. La reconstrucción europea fue literal: las grandes ciudades, especialmente sus centros industriales, estaban desechos. Los bombardeos que más dolían eran los que destruían acerías o usinas de leche. Debajo de los escombros, azorados, los europeos del este y el oeste dejaban más de 40 millones de muertos. Un número que superaba cualquier cálculo previo. Además, el frente se había mudado de los campos de batalla y las trincheras hacia las ciudades y los distritos fabriles. La ferocidad humana, en un santiamén, dejaba paso a la concordia, al trabajo y a la vida. Eso sí, el crecimiento económico tenía un escenario de guerra larvada. La tensión entre Estados Unidos y la Unión Soviética motivó a la primera potencia de Occidente a poner en marcha el ambicioso plan de financiar a la Europa Occidental para evitar el avance del comunismo. El conocido Plan Marshall fue el instrumento y debió su nombre al general George Marshall, quien fuera jefe de Estado Mayor de los Estados Unidos hasta el fin del conflicto.
Esos fueron los cimientos del Estado de bienestar. Así como la Inquisición española hacía construir iglesias sobre las demolidas mezquitas árabes, el Estado de bienestar era la continuación de la guerra por otros medios. Sin perjuicio de ello, los europeos vivieron una época excepcional. Más allá de las retóricas partidarias –desde conservadores hasta comunistas– todos partían de la base de que el Estado era el centro de la protección de los derechos sociales y también el motor de la economía. Además de la salud, la educación y las pensiones, el sector público ocupaba el centro en la comunicación (especialmente, las radios), la construcción de viviendas, el transporte y muchísimos sectores productivos. A fines de los años cincuentas, la desocupación promedio en Europa –según Hobsbawm– era del 1,5%. Para el sector privado –tanto de los inversionistas norteamericanos como de los capitalistas locales– se planteaba el paradigma de una economía mixta: el Estado planifica, gestiona y estimula la demanda mientras que los empresarios se manejan dentro de los límites del mercado.
Eso hubiera sido imposible si no se cambiaban ciertos paradigmas propios de los nacionalismos previos a la hecatombe de esa guerra. Por ejemplo, en 1945 no hubo impuestos a los vencidos al estilo del Pacto de Versalles de 1919 que sometía al Reino de Prusia a su desarticulación y al pago de fortísimas sumas de dinero a los vencedores. Además, comenzaron las regulaciones supranacionales en sectores estratégicos que fueron la semilla de la Unión Europea, como fue el caso de la Comunidad Europea del Acero y el Carbón, fomentada por alemanes y franceses que se habían disputado en dos guerras anteriores (la que terminó en 1870 y la Primera Guerra) las ricas regiones limítrofes de Alsacia y Lorena.
Este resurgimiento del capitalismo industrial, en palabras de Hobsbawn fue “en lo esencial, una especie de matrimonio entre el liberalismo económico y socialdemocracia, con implantes tanto delNew Deal norteamericano como de la planificación soviética”. En referencia a los fanáticos del mercado, el gran historiador inglés tiene una frase más que interesante: “Entre los años cuarentas y los setentas nadie hizo caso a esos guardianes de la fe”.
Algunos años después. El general Marshall tuvo la precaución de entregar los fondos de acuerdo al producto bruto per capita. El tema tiene muchas aristas pero, básicamente, podría decirse que cada país recibía los fondos de acuerdo a una cierta lógica de igualdad. Pasado más de medio siglo, la cara de Estados Unidos en Europa Occidental no es un plan público para apuntalar el Estado de bienestar, sino todo lo contrario. El largo brazo de Goldman Sachs llegó para destruir los vestigios del bienestar social.
Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo, Mario Monti, presidente del Consejo Italiano, y Lucas Papademos, primer ministro griego, fueron ejecutivos de Goldman Sachs. Son las caras visibles de la ejecución meticulosa de los llamados recortes, que no es otra cosa que un rediseño del rol del Estado para los negocios de las multinacionales. Es cierto que Goldman Sachs participó de todas las maniobras de la burbuja hipotecaria de Estados Unidos y que no necesitó el apoyo del Tesoro norteamericano y eso dejó mejor parado a ese banco que a otros para promover figuras de las finanzas en lugares donde tradicionalmente hay dirigentes políticos o personas con trayectoria en el sector público. Pero, por otra parte, es preciso entender que el llamado “Capitalismo de casino” no se limita a las maniobras financieras de los bancos sino que expresa las políticas de las grandes multinacionales y también del Estado más poderoso de la Tierra; es decir, Estados Unidos. El avance desmesurado de los negocios financieros comenzó desde el fin de los años dorados y avanzó con las privatizaciones, que incluyeron en Europa a buena parte de los fondos de la seguridad social. A tono con ello, las empresas se convertían en un conglomerado de negocios financieros, de servicios, obras públicas o industriales, que captaban los ahorros de los fondos de pensión o de las personas físicas por vía bursátil o de los llamados derivados financieros.
Y aquí surgen dos aspectos sumamente inquietantes. El primero es que las decisiones empresariales se toman en “asambleas de accionistas”, que nada tienen que ver con la planificación del largo plazo ni con el bienestar social, sino que persiguen la optimización de la renta inmediata. El segundo es que los abultados pasivos de los Estados europeos son reducidos al lado del escandaloso déficit fiscal de Estados Unidos, principal árbitro de la crisis europea. Ya no es el país del Plan Marshall sino el de las reformas salvajes para destruir lo que ayudaron a levantar medio siglo atrás. Estados Unidos hoy afronta unas elecciones donde la fórmula republicana se presentó en público con barcos de guerra de fondo. Mitt Romney encontró en Paul Ryan la fórmula que podría asimilarse al Warfare. Basta detenerse en la prédica de su campaña. Pero tampoco podría afirmarse que Barack Obama, premio Nobel de la Paz 2010, tenga un discurso pacificador. Son los matices que, en años de Welfare, conviven con pragmatismo, y en tiempos de Warfare no disimulan su prepotencia.
Diálogo Sur Sur. América latina tiene una historia inseparable al dominio de Estados Unidos. Con golpes de Estado o con préstamos contingentes, el gigante del norte logró someter a los intereses de sus corporaciones privadas al riquísimo continente que se extiende al sur del Río Bravo. Hay que decirlo, sin recurrir a las formas coloniales de los viejos imperios europeos. Esto le da la gran ventaja de lograr por vía de la adhesión cultural y del mercado lo que otros imperios lograban sobre todo por vía administrativa y militar. Sin embargo, en la última década, un resurgir de las raíces soberanas, recorre estas tierras. Es cierto que ese proceso no se cristalizó en instituciones supranacionales de la solidez de los organismos europeo pero tampoco los procesos de ambas regiones son similares. Entre otras cosas porque no hubo rivalidades ni guerras entre vecinos de una magnitud considerable. Por el contrario, las cercanías y simpatías funcionan con bastante soltura. La última iniciativa del colombiano Juan Manuel Santos de iniciar un diálogo de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (o lo que queda de ellas) incluye como actores centrales a la Venezuela de Chávez y a la Cuba de la Revolución. Un dato no menor para un país que, todavía, recibe fuertes sumas de dinero del Plan Colombia, un mecanismo de control militar norteamericano justificado en la “guerra a las drogas”. Es prematuro afirmar que haya una retirada táctica de Estados Unidos en lo que tradicionalmente llaman “patio trasero”. Lo que sí hay es un fortalecimiento de los lazos de los gobiernos democráticos de la región. Con un incremento de los precios internacionales de las materias primas que permiten mejorar las cuentas externas de los países y fondear proyectos productivos, de redes de infraestructura y planes sociales.
Hoy hay otros interlocutores. El multilateralismo es una realidad. Pese al predominio de Estados Unidos, pese a los riesgos reales de multiplicación de los conflictos provocados o potenciados por intereses imperiales, hoy los latinoamericanos tienen que rescatar la importancia del Estado de bienestar. Sin perder de vista que los laboratorios de los poderosos le extendieron el fin de sus días. Pero tampoco sin desconocer que los logros de otros años en otras latitudes son un estímulo. En la propia historia de las naciones de esta región del planeta, el Estado benefactor llegó a convertirse en un desafío a los intereses de las multinacionales. Por algo, las dictaduras militares y los gobiernos neoliberales de los noventas tuvieron como premisa terminar con esas políticas

VIERNES, 29 DE JUNIO DE 2012 RESCATES > BARTOLINA SISA (?-1782) Mujer feroz


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Por Marisa Avigliano
La ahorcaron y descuartizaron para que su cuerpo hecho pedazos fuera trofeo de la exhibición española. Nadie repite con exactitud su fecha de nacimiento, tampoco el lugar, pudo haber sido un día de agosto de 1750 o de 1753 en Sullkawi o en Q’ara Qhatu, dos comunidades del departamento de La Paz. Lo que sí todos saben es la fecha en la que la mataron: el 5 de septiembre de 1782, después de una emboscada, después de la tortura y después de que descuartizaran a su marido. Pasaron dos siglos hasta que ese día fuera declarado el Día Internacional de la Mujer Indígena, lo instituyeron en Tihuanacu, Bolivia, en un encuentro de Organizaciones y Movimientos de América “en honor a la valerosa y aguerrida mujer indígena aymara por haberse opuesto a la dominación y la opresión de los conquistadores españoles”. La historia la recuerda como la heroína que acompañó a su marido (Tupac Katari) en la sublevación contra los realistas y como una de las mujeres que tanto del lado cuzqueño /quechua como del lado aymara participaron en la lucha por la defensa de la tierra. Montada a caballo, la mujer sin partida de nacimiento se convirtió en el alto mando en el cerco de La Paz y fue a lo largo de las crónicas “chola”, “concubina” y “virreina”, todos intentos por nombrarla sin nombre y todos pronunciados con el mismo rencor. Si su liderazgo sólo existió por estar al lado de un caudillo guerrero o si en verdad fue resultado de un arrojo y una convicción étnica que no necesitaba partenaire, sigue siendo tema de discusión entre historiadores y cronistas. Mientras el debate se expande, Bartolina une su nombre a la lista de flores del Alto Perú que, como Juana Azurduy, Gregoria Apaza y María Lupiza –entre muchas otras– pelearon como capitanas sin serlo (mucho más que cualquier hombre que portara el cargo). Como una flecha rebosada de destino justiciero, el nombre propio de aquella batalladora de veinte años cruzó los tiempos y apareció en el siglo XX en carteles, instituciones y semblanzas (Eduardo Galeano, por ejemplo, le dedicó una) extendiendo la comarca de la rabia por lo que les han quitado y le siguen quitando e inscribiéndola en la lucha sin renuncia.
Desde muy chica, Bartolina anduvo por el territorio boliviano acompañando a sus padres –trabajaban en el cultivo de la coca y con la comercialización del ganado–. Bartolina conocía los rincones del Altiplano como pocas y como pocas también los abusos del mercado colonial. Su unión matrimonial sólo reforzó lo que Bartolina Sisa iba a ser solita, ser víscera de lo que la historia llama “la era de las insurrecciones”, y que no era otra cosa que el enfrentamiento de los pueblos originarios con las fuerzas armadas españolas, que decidieron que a “Bartolina Sisa, mujer del feroz Julián Apaza o Tupak Katari, en pena ordinaria de suplicio, sea sacada del Cuartel a la Plaza Mayor, atada a la cola de un caballo, con una soga al cuello y plumas, un aspa afianzada sobre un bastón de palo en la mano y conducida por la voz del pregonero a la horca hasta que muera, y después se clave su cabeza y manos en Picotas con el rótulo correspondiente, para el escarmiento público en los lugares de Cruzpata, Alto de San Pedro y Pampajasi, donde estaba acampada y presidía sus juntas sediciosas; y después de días se conduzca la cabeza a los pueblos de Ayoayo y Sapahagui en la Provincia de Sica-sica, con orden para que se quemen después de un tiempo y se arrojen las cenizas al aire, donde estime convenir”.
Debe haber muchas Bartolinas –Bolivia, modelo eterno de la lucha campesina, lo demuestra–, sólo hay que salir a buscarlas por los callejones de la historia y encontrarlas, aunque las fechas en las que surjan sus nombres no concuerden con la prolijidad de lo que parece exacto



miércoles, 5 de septiembre de 2012

Presidente de Bolivia convoca a celebración del solsticio de verano

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LA PAZ, 13 jul (Xinhua) -- El presidente boliviano Evo Morales convocó hoy a líderes indígenas, embajadores, dirigentes sociales e incluso jefes de gobierno del mundo, a participar en la celebración del solsticio de verano que se efectuará el próximo 21 de diciembre en el sagrado lago Titicaca.
El mandatario anunció que líderes indígenas del mundo brindarán diferentes mensajes y convocó a todas las organizaciones sociales e instituciones a trabajar en pos de dicha celebración.
Por su parte, el ministro boliviano de Relaciones Exteriores, David Choquehuanca, vaticinó este viernes que el solsticio de verano marcará "el fin de la Coca-Cola, del capitalismo, de la 'macha' (oscuridad)", para dar comienzo a una nueva etapa de la Tierra, la comunidad y el amor en Bolivia.
Contrario a las predicciones sobre el supuesto fin del mundo en este año, Choquehuanca afirmó que lo único que se acabará es la "macha", que representa todo lo negativo del mundo.
En cuanto al fin del consumo de Coca Cola, el canciller aseguró que comenzará la era del "mocochinchi" y "willkaparu", bebidas originarias de productos naturales heredados por los antepasados andinos.
"Por eso todo el gabinete, desde la cultura de la vida, desde este lugar sagrado en el Titicaca, vamos a proyectar al mundo la cultura de la vida y todos vamos a trabajar para la apertura de una nueva etapa de la vida para Bolivia y el mundo", indicó.
Choquehuanca realizó estas declaraciones al participar con Evo Morales, con el vicepresidente Alvaro García y con ministros bolivianos en la firma del contrato de construcción del aeropuerto turístico Tito Yupanqui en la localidad turística de Copacabana que alberga el Lago Titicaca.
El canciller boliviano anunció una gran concentración de indígenas y movimientos sociales del mundo para el próximo 21 de diciembre, en el denominado también Lago Sagrado, para dar la bienvenida a la "cultura de la vida".
El 21 de septiembre, día del equinoccio de primavera, se lanzará la convocatoria para celebrar el solsticio de verano con el fin de lograr la mayor cantidad de asistentes al acto, el cual está destinado también a fomentar el turismo en la región.

sábado, 25 de agosto de 2012

Qué quiere decir Assange


 Por Sandra Russo
De una manera que no deja de ser asombrosa, tomando un rumbo cada vez más verosímil pero a través de caminos impensados, día a día se suceden hechos políticos que confirman el fin de un ciclo y el principio de otro. Esta semana se linkearon entre sí dos contenidos de la agenda mundial: por un lado, Julian A-ssange emergió como algo más que el ha-cker platinado que le dio a Estados Unidos uno de sus peores dolores de cabeza, difundiendo las enaguas mal cosidas de su política exterior. Assange, lo que le sucede y lo que le sucederá, ya es un símbolo de la libertad de expresión que surge de los nuevos soportes y coyunturas históricas y que todavía no alcanzamos a conceptualizar, disciplinados como fuimos para creer que la libertad de prensa es eso que defiende la SIP.
Por el otro, el Ecuador que le dio asilo político a Assange es el país que emerge de una región emergente, unida como nunca atrás de algo que puede caracterizarse de muchas maneras pero que, en una línea más descriptiva que adjetivadora, puede llamarse “autodeterminación”. Precisamente eso que tanto Gran Bretaña como algunos vistosos sectores de opinión locales pretenden para los kelpers, la autodeterminación, lo lleva adelante una región enorme, multiétnica, pluricultural, rica en recursos estratégicos, en puja constante con lo que lleva adelantando y lo que tiene pendiente, que por primera vez crece sin que crezca la desigualdad, con gobiernos de derecha y de izquierda pero todos elegidos democráticamente, y que han decidido darse la oportunidad de ser juntos un actor económico relevante, y de tener, en consecuencia, voz y voto en el juego mundial.
Que el ALBA y la Unasur hayan reaccionado tan rápido para respaldar a Ecuador, sobre cuya sede diplomática Gran Bretaña no tuvo empacho en mandar los rayos y centellas de la amenaza de la violación –relativizando el tratado de Viena por una reglamentación posterior, de 1987, basada en un incidente armado en la Embajada de Libia–, en principio no dice más que eso que afirmó indignado el canciller ecuatoriano: “Por si no se enteraron, ya no somos colonia”. A nivel regional hay gobiernos que de distintas maneras construyen poder popular, aliados con gobiernos de derechas con más cintura política y más banderas en alto que las derechas locales. Gran Bretaña fue tan lejos y tan inercialmente soberbia que le dio a Ecuador su primera victoria diplomática: puede que algunos países latinoamericanos no comulguen ni con el ALBA ni con la Unasur, pero será difícil encontrar a alguno que no comprenda la gravedad y la subestimación que surgen de esa amenaza de asalto a la embajada.
En su mensaje de agradecimiento en el balcón de Londres, Assange nombró dos veces a la Argentina. Probablemente no haya sido un deseo de insistencia, sino más bien el producto de dos listas de apoyos superpuestas. Pero no dejaba de ser impresionante ver salir de la boca del platinado, uno por uno, los nombres de la región a la que desde los centros de poder global se intenta doblegar otra vez, a través de golpes institucionales o pulseadas de mercado. Esos mismos países sobre cuyos presidentes, caracterizados como tiranillos populistas –si en lugar de eso describieran sus políticas, posiblemente sus pueblos advirtieran más rápido que hay vida fuera del neoliberalismo–, escriben a diario despectivamente los editorialistas de los grandes medios.
Tampoco dejaba de ser asombroso como, en una voltereta política de esas que sólo proveen las coyunturas, las imposibles de planificar, allí estaba él, el tipo que obtuvo y difundió los cables secretos entre el Departamento de Estado y sus embajadas en todo el mundo, y este lado del mapa en el que estamos librando batallas culturales hace años. Pero el caso Assange permite ver en perspectiva. La pelea doméstica es apenas un capítulo de la pelea global por un mundo distinto, viable para las mayorías.
Las noticias vinculadas con el asilo político que Ecuador le otorgó a Julian A-ssange reeditan en los grandes medios mundiales la banalización que esos mismos medios hicieron cuando tuvieron acceso a la primera tanda de los documentos de Wikileaks. En ese momento, en la Argentina, el cable más difundido y sobre el que giraron coberturas enteras fue el perfil psicológico de la Presidenta de la Nación que le fue requerido a la embajadora Vilma Martínez. Ahora, hemos consumido larguísimas peroratas sobre si la Embajada de Ecuador en Londres tiene o no tiene garaje, y hemos leído que es el presidente Rafael Correa el que “desafía” a Gran Bretaña y a Estados Unidos –ése fue el título literal de El País de España–. Faltaba que dijeran que “tiene el tupé”.
No son pocos los observadores que han mirado esa escena y han percibido en ella un nuevo giro de sentido en ciernes, que tampoco será fácil de advertir desde aquí, porque ese giro implica un salto de capital simbólico a favor de la región que, como ha dicho hace ya años el propio Correa, aspira “a que dejemos de querer ser la Suiza de los Andes, y esperamos el día en que Suiza quiera ser la Ecuador de los Alpes”. Incluir el derecho a la información y el conocimiento libre suma en esa línea. En el diario español Público, el politólogo de la Universidad Complutense Pablo Iglesias Turrión escribió esta semana que el caso Assange se ha dado vuelta. Assange, dice, “ya no es un peligro por haber publicado documentos secretos del gobierno de los Estados Unidos o por haber dejado a la vista la corrupción y la hipocresía de la política interna de las grandes potencias. Hoy Assange es peligroso por otra cosa. Si algún efecto está teniendo su presencia en la Embajada de Ecuador en Londres es el de hacer crecer exponencialmente el prestigio de Ecuador y de las democracias latinoamericanas que lo apoyan. Y créanme que en tiempos de crisis como los que vivimos con la legitimidad de los regímenes políticos europeos en horas bajas, que América latina se cuelgue la medalla de oro de la democracia tiene su importancia”.

NADA. LIGIA PIRO.wmv

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