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jueves, 26 de abril de 2012

26.04.2012 | el proyecto declara de interés público y nacional el autoabastecimiento de hidrocarburos Contundente respaldo del Senado a la recuperación de la petrolera YPF Con 63 votos a favor, tres en contra y cuatro abstenciones, la Cámara Alta dio el primer paso para convertir en ley la expropiación del 51% de las acciones de la empresa en manos de Repsol. Se introdujeron algunas modificaciones.


Por: 
 
Felipe Yapur
El debate en el Senado duró algo más de 14 horas, pero fueron pocas si se tiene en cuenta que transcurrieron dos décadas desde que YPF había dejado de ser estatal, pero sobre todo porque ahora la Argentina está a una semana de declarar de interés público y nacional el autoabastecimiento de hidrocarburos. Para llegar a ese destino, la Cámara Alta le dio esta madrugada media sanción en general y en particularal proyecto que remitió el Ejecutivo.
Fueron 63 históricos votos positivos que reunieron a kirchneristas, radicales, algunos miembros del FAP y una peronista federal. Sólo hubo tres en contra y cuatro abstenciones. Anoche, rápidamente, el proyecto aprobado pasó a Diputados para que la semana que viene sea finalmente ley.
“Estamos aplicando la Constitución, no se puede pedir más seguridad y legalidad. Pero además la ley que aprobamos no sólo crea el marco regulatorio para YPF, sino también a todas las empresas que participan en la producción hidrocarburífera. Que tomen nota porque deberán ajustarse a garantizar el autoabastecimiento”, aseguró Miguel Pichetto, el jefe del bloque del FPV, luego de reconocer que “la privatización de YPF fue uno de los más grandes errores políticos de la década” del ’90.
Antes de votar, el FPV agregó modificaciones al texto original. Le incorporó la palabra “exploración” al artículo primero y luego en dos ítems sumó a la empresa Repsol YPF Gas en la expropiación, tal como se había anticipado la semana pasada.
El titular de la bancada oficialista pronunció un discurso breve pero fuertemente crítico hacia el modelo capitalista español, al que calificó como “depredador”, tras recordar la mala experiencia de la privatización de Aerolíneas Argentinas a manos de Iberia y Marsans.
Marcelo Fuentes, el senador kirchnerista y presidente de la Comisión de Asuntos Constitucionales, abrió el debate. Sin perder tiempo aseguró que la iniciativa no responde a “un capricho ni es un acto aislado”, sino que se trata del derivado de la necesidad imperiosa de “concretar en materia energética, la reversión de los paradigmas neoliberales” que se desarrollaron en los años noventa. El neuquino se anticipó a algunas críticas y reconoció que “la expropiación no es la solución, pero sí es el comienzo de la solución del problema”. También advirtió que la decisión se toma en este momento a partir de la fortaleza que otorga el respaldo del 54% de los votos recibidos, “que permite el desarrollo de una política de soberanía y acumulación nacional”, a la que se le suma la crisis internacional.
El primer radical en hablar fue el jujeño Gerardo Morales. No dudó en coincidir con el kirchnerista en que vivían una jornada histórica. “Vamos a acompañar en general la nacionalización de YPF, porque somos conscientes de nuestra historia, y también porque esta es la decisión que hoy tiene que tomar el país”, afirmó. Antes de avanzar en las discrepancias que tiene el bloque radical, Morales reconoció que su partido debió sortear la resistencia de sectores internos para poder llegar al voto favorable en general (ver aparte). Luego la emprendió con las disidencias. Primero recordó el papel del PJ en los ’90 con la privatización y luego, más acá en el tiempo, se quejó del secretario de Energía Daniel Cameron, a quien consideró el principal responsable de la crisis energética del país.
La oposición acicateó sobre las dudas que le genera la expropiación sólo a Repsol y aseguró no escuchar las razones de por qué no se tocan las acciones del Grupo Petersen. Marcelo Guinle (FPV-Chubut) les respondió: “No hay persecución. Es lógico y razonable expropiar sólo al socio que tuvo actitud predatoria sobre los recursos del país. Pero además, tiene que ver con una razón de conveniencia.”
Cuando llegó el momento de los opositores al proyecto, el primero en anticipar el voto en contra fue Juan Carlos Romero. Después se le sumarían los puntanos Adolfo Rodríguez Saá y Liliana Negre de Alonso. El salteño aseguró que no compartía la metodología que se usó para expropiar, a la que definió como “chavista”, y presentó un proyecto propio con el que, aseguró, se recupera YPF “como corresponde”. Si bien su compañera Sonia Escudero compartió los argumentos, anunció su voto positivo en general del proyecto.
El FAP anunció el respaldo al proyecto. Rubén Giustinani señaló que el bloque respaldaría que el Estado vuelva a controlar YPF “porque nunca apoyamos su privatización”. La que se diferenció fue la cordobesa Norma Morandini quien se abstuvo. Similar actitud tuvo la cívica Eugenia Estenssoro. Abandonó el rechazo para abstenerse porque, según afirmó, prevaleció el corazón por sobre la razón. Los radicales también aportaron abstencionistas: Oscar Castillo y Blanca Monllau de Catamarca.
Una de las últimas voces fue la Aníbal Fernández. El presidente de la Comisión de Presupuesto fue el único que se detuvo en responder las provocaciones radicales. Le dijo a José Cano que logró su objetivo cuando atacó a Néstor Kirchner: “Me agravió, se lo aseguro. Pero lo único que no se hace con un caníbal es comérselo.” Siguió con el presidente mexicano, Felipe Calderón, que criticó la expropiación: “En 1938 fue México la que expropió 17 petroleras para crear Pemex. Vamos, ¿ellos bailan y nosotros no?”. Al final aseguró que era imperioso intervenir en la producción petrolera porque “Repsol desmanteló YPF por actitudes cortoplacistas y predatorias. Por ello abandonó la producción y disminuyeron sus reservas. Esto fue la prueba de que estaban vaciando la empresa y puso en peligro el crecimiento con igualdad de la Argentina.” Lo escucharon en silencio todos los senadores, salvo Carlos Reuteman, que permaneció en su despacho, y el riojano Carlos Menem, que nunca llegó al Congreso (ver aparte).  <

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