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jueves, 23 de mayo de 2013

Néstor Kirchner y la osadía de construir poder popular


Año 6. Edición número 261. Domingo 19 de mayo de 2013
Entrevista. Carlos Tomada, Eduardo Valdés, daniel Filmus. El ministro de Trabajo, el jefe de Gabinete de Cancillería y el ministro de Educación del primer gabinete de Néstor Kirchner recuerdan los problemáticos primeros tiempos de su llegada a la presidencia.
Hace diez años en la Argentina, un 14 de mayo, Néstor Kirchner tomaba conciencia de que el día anterior Carlos Menem, un martes 13, había decidido bajarse de cara a la segunda vuelta electoral. Daniel, Eduardo y Carlos, ¿qué les pasó, qué sintieron en ese momento?
Daniel Filmus: 
–Jamás imaginábamos el desenlace de que el país, que estaba realmente en condiciones sumamente precarias y como decía Néstor siempre “en medio del infierno”, iba a llegar a la situación actual. Pero lo que creo que el objetivo de la derecha en la Argentina, que encarnó en ese momento Menem al renunciar, fue restarle legitimidad. Que no tuviera la legitimidad del 80% de los votos que hubiera tenido en una segunda vuelta. Teníamos un 22% de los votos, entonces, ese mismo 25 de mayo La Nación saca en la tapa que era un gobierno de transición. No se imaginaron, ni ellos ni los que decían que Néstor era un chirolita de Duhalde, que comenzaba en Argentina una etapa totalmente distinta.
Carlos Tomada: –La amenaza fue clara. Porque además ese artículo le aconsejaba a Kirchner que despidiera a quien le había escrito el discurso (de asunción N. de R.). Y Cristina recordaba que hubiera sido un poquito difícil porque lo había escrito ella.
Eduardo Valdés: –Yo me acuerdo que el día que se confirma la renuncia de Carlos Menem, Néstor Kirchner juntó toda la militancia que había trabajado con él en su campaña electoral en la Casa de Santa Cruz, y dijo: “me voy a Santa Cruz”. Y ahí yo creo que surge el Kirchner estadista. Porque él tenía miedo de que el establishment porteño le vaya cercenando la posibilidad de su gabinete, y se fue a Río Gallegos y allá se encerró con Cristina, Zanini, Alberto Fernández y Sergio Acevedo, y largó ese gabinete que para mí fue extraordinario y que no estaba previsto por nadie. Que le demostraba a Escribano que no iba a hacer nada de lo que él le pidió.
–¿Cuándo se conoció el gabinete?
–C.T.:
 –El lunes siguiente, ¿no? Ese fin de semana nos encontramos caminando en frente a la Facultad de Derecho. Y el lunes anticipó por teléfono y el martes se difundió públicamente.
D.F.: –Yo en realidad no lo conocía personalmente a Néstor Kirchner, y en ese momento era candidato a vicejefe de Gobierno por la Ciudad de Buenos Aires. Me acuerdo de haber prendido la radio para ver si cuando anunciaba el gabinete yo estaba. Y ahí fue el asombro por un gabinete que significaba la orientación del cambio que imaginaba Néstor para la Argentina.
–¿Y a vos, Carlos, la decisión te la transmitió él?
C.T.:
 –Fue en dos etapas. Primero, Alberto Fernández me dice que me va a llamar Néstor. Cuando yo me recupero del desmayo, me llama Néstor y me dice que íbamos a trabajar duro. Yo estoy tentado en contar algo que no he contado nunca pero que me pareció muy divertido. Yo le agradezco... y entonces me dice: “Vas a ver que va a andar todo bien, le vamos a romper el alma”, “está bien, Néstor, por supuesto, yo voy a laburar con vos, va a ser muy lindo”, “sí, vas a ver que le vamos a romper el alma, le vamos a romper el alma”. No me quedaba claro a quién. Después, al poco tiempo, me fue quedando cada vez más claro.
E.V.: –A mí también, primero me llamó Alberto, que normalmente hacía la previa y después llamó Néstor. Néstor Kirchner asumió un domingo 25 de Mayo, el lunes era el primer día en funciones, y en la Cancillería había como 6 pedidos de extradición de militares. Estaban Astiz y Cavallo. Cuando fuimos a contarle que estaban estos pedidos que no lo había respondido el gobierno anterior y que había que darles una respuesta me dijo algo extraordinario: “A ver, pensemos, lo que no juzguemos nosotros lo van a juzgar ellos, resolvamos juzgarlos nosotros, ¿qué te parece?”. A mí me sorprendió. Y a partir de ahí mirá lo que hizo con la política de Derechos Humanos
D.F.: –Voy a contar la previa al viaje a Entre Ríos (Entre Ríos estaba en pleno conflicto docente por falta de pago de sueldos N.de R.). El 26 de mayo a la noche lo voy a ver a Néstor, yo lo había conocido el viernes anterior, el domingo asumí y el lunes a la noche estaba sentado con él diciéndole esta cuestión: “Mirá hace falta muchísima plata para resolver el problema de los sueldos docentes” y él me dijo “contá con esa plata”. Yo le planteo primero lo de Entre Ríos, me dice que sí, que vamos a ir juntos y le digo “pero te voy a decir la verdad, son siete provincias las que no pagan, así que si entramos a Entre Ríos mañana nos va a pedir San Juan” y 5 provincias más. Me dijo “bueno, está todo”. Saliendo del despacho, veo al ministro de Economía, Roberto Lavagna, vuelvo corriendo y le digo: “Néstor, afuera está Lavagna, ¿le digo?, porque digo mañana si se entera por el diario me va a matar”, y me dijo: “Daniel, el presidente soy yo”. Estábamos acostumbrados a que el Presidente, el jefe de Gobierno, el que fuere, te decía que hables con el Ministro de Economía de lo que querías y el Ministro de Economía te planteaba por qué no se podía. Pero acá era al revés, la política estaba por encima de la economía. No sé si estaba la plata o no estaba la plata. Estaba la decisión política y así se resolvió.
–¿Cómo se fue preparando Néstor y cómo fue preparando todo el grupo que lo acompañó entre los cuales ustedes dos estuvieron?
C.T.:
 –Hay un Néstor Kirchner que se construye obviamente en la gestión en Santa Cruz. En la gestión como intendente, como gobernador, con equipo, porque también tenía un equipo que se había ido construyendo en esos años. Y después toda la campaña fue un permanente sumarse de cuadros que escuchaban cosas que hacía muchos años que no se escuchaban y que hasta hacían dudar de la posibilidad de que fuera cierto. Por ejemplo, hablar del Estado de la forma en que Néstor lo hacía en aquellos tiempos era una herejía, pensar en el tema del salario mínimo, cuando había sido demonizado durante años, decir que la inversión pública iba a ser un motor de la economía cuando la inversión pública estaba denostada en la Argentina. Él hablaba de estas cosas, generaba sorpresa por un lado y un enorme entusiasmo que hizo que alrededor hubiera mucha gente que se sumaba, sobre todo de gente que venía del peronismo y de otras fuerzas políticas.
C.T.: –Absolutamente, es una tontería lo que algunos suelen decir sobre la idea de un cambio Kirchner después de que asume, cuando lo venía sosteniendo desde antes cuando recorría el país...
E.V.: –Él tenía una gran angustia por lo que había sucedido el 19 y el 20 de diciembre. El 19 estaba en San Luis y nos llamaba permanentemente a los de Capital para ver qué pasaba. Creo que él sintió que nada era igual después de ese 20 de diciembre. Y la calle fue su obsesión. ¿Ustedes se acuerdan? Para mí creo que ésa fue su gran apuesta política. No reprimir la protesta, tratar de encausar la calle y de conducirla.
–Kirchner, ¿era alguien que iba para adelante y había que seguirle el paso, o era un intérprete y un auscultador de lo que pasaba en la sociedad?
D. F.:
 –Mi opinión es que iba delante, hay una frase de Jauretche que dice: “El que piensa como piensa el pueblo hoy, no va a pensar cómo va a pensar el pueblo mañana”. Él planteó una agenda que era distinta a la que veníamos discutiendo nosotros. Nosotros veníamos discutiendo una agenda donde los Derechos Humanos no estaban. Los que dicen que se utilizó oportunistamente el tema de los Derechos Humanos no saben lo que nuestra gente pensaba, las encuestas de ese momento decían que había que olvidarse de ese tema. Fueron las Madres, las Abuelas, las que mantuvieron la memoria en ese momento, los que permitieron que Néstor las retome, y hoy el 90% de las encuestas te dan que quieren que haya juicios. En aquel momento era no molestar a los militares a ver si todavía se volvían contra la democracia.
C.T.: –Cuando Néstor dice en su discurso “yo pertenezco a una generación dizmada” fue una sorpresa... ahora todo eso parece más o menos normal, pero la cara de todo el mundo en ese momento decía “¡¿cómo, cómo viene a hablar de esto?!”
D.F.: –el tema del papel del Estado no era un tema que estaba en debate. Nosotros veníamos todavía con la idea neoliberal de los ’90, de privatizar todo. Tengo un tercer tema, el tema de la deuda, no estaba planteado en los términos que los planteó Néstor. No te voy a hablar de educación que de una variable de ajuste pasó a ser el motor de desarrollo. Y, así, miles de ejemplos de esa naturaleza. Él planteó una agenda nueva y el pueblo, como hace con los líderes, continuó el camino que marcó Néstor.
C.T.: Creo que también fue el hombre que mejor supo leer ese momento de la historia. Es cierto que estaba un paso adelante, pero él no es un rayo de la historia. Él se considera un “hijo de las Madres de Plaza de Mayo” y también “somos hijos del 19 y el 20 de diciembre”. Me parece que él va para adelante pero además atiende las distintas demandas que en ese momento estaban planteadas de alguna manera.
E.V.: –Otra gran virtud de Kirchner era que lo que hablaba en público no era diferente a lo que hablaba en privado.
C.T.: –Hacía ciertas cosas que a mí me sorprendía. En los actos en Casa de Gobierno, cuando el tema era tuyo, hablabas un rato antes con él. Entonces en esa conversación Néstor decía algo que a mí me parecía que era entre nosotros. Caminaba los veinte pasos, empezaba el acto y decía lo mismo, con la misma densidad, con la misma verdad, el mismo compromiso que había mostrado en la charla previa.
D.F.: –Más de una vez uno tenía ganas de decirle “pará”. Yo siempre cuento una anécdota, de un discurso en Palomar, que estaba el Gabinete, Néstor y un montón de militares, todos con las armas y mirando para adelante. Los únicos civiles éramos nosotros. Y él se sube y les dice: “No les tengo miedo”, yo tenía ganas de decirle “pará Néstor, hablá por vos”.
E.V.: –A Koheler, el presidente del Fondo Monetario Internacional le dijo en la cara: “Mire, mientras ustedes paseaban por todos los lugares del mundo como héroe a Carlos Menem, acá se iban cayendo los puestos de trabajo y yo no voy a pagar un peso sobre el hambre y sobre la deuda que tenemos los argentinos”, cosa que después se la cumplió, y lejos de ofenderse, Koheler lo respetó y creo que ahí se abrió un compás de negociación con el fondo de una manera distinta.
–A los factores de poder en la Argentina, la llegada de Néstor Kirchner fue como que se les escapaba la tortuga, y lo de Escribano es un poco la expresión de eso, o ellos confiaban en que en realidad se iba a subir al caballo por izquierda y se iba a bajar por derecha? ¿Qué percepción tienen de ese momento?
C.T.:
 –Yo creo que ellos tenían una lectura que era la lectura habitual. ¿Por qué iba a cambiar lo que siempre habían podido hacer con todos los demás presidentes de la democracia? Ni siquiera sé si lo planteaban específicamente de Néstor Kirchner, lo hubieran pensado de cualquiera. Se equivocaron.
E.V.: –Es que yo creo que Kirchner sorprendió a todos. El que diga que no se sorprendió, miente. Sorprendió a los empresarios porque no pensaba que éste le iba a dar más importancia en ese momento a los movimientos sociales que a ellos. ¿Cuánto tiempo dedicaba del día a los movimientos sociales y cuanto les dedicaba a los propios sindicalistas organizados?
C.T.: –Bueno, fue una etapa posterior digamos. Porque ahí hubo un proceso de pase del conflicto social al conflicto laboral que es realmente interesante. Por la puerta del Ministerio, pasaban entre dos y tres movilizaciones por día y en muchos casos no pedían nada, solamente querían que los vieran, que supiéramos que existían. Yo que venía de la práctica del Movimiento Obrero más bien acostumbrado a la cuestión del salario o de condiciones de trabajo me encontraba negociando con kilos de carne y kilos de pan. Yo decía: “¿Cuál va a ser el día que logremos avanzar realmente? Bueno, el día que en la puerta del Ministerio hubiera trabajadores. Y eso pasó un año, un año y medio después. Pero en ese primer tiempo, a la semana de haber asumido estaba firmando el pago de los Planes de Jefes y Jefas de Hogar. Digo, para que entendamos lo que había pasado con el trabajo en la Argentina. El Ministerio de Trabajo pagaba planes sociales.
–Y la escuela comedor funcionaba en todo el país.
D.F.:
 –Claro, el discutir temas pedagógicos era impensable, discutir calidad de educación, aumentos salariales, era impensable. El tema era que se pagaran los salarios. Recordemos que se normalizó la situación porque pagábamos los salarios. La primera ley que se llama de los 180 días no es una ley de 180 días es una ley que dice que el Estado Nacional es garante de los salarios docentes de la provincias. Porque el derecho de educación de los chicos de cualquier provincia no tenía que ser menor que el de otro. Entonces, si una provincia no podía pagar el salario los chicos no se quedaban sin clases porque la Nación acudía a hacerlo.
–Un tema muy importante. La dimensión de Patria Grande, ¿cuándo empieza a tomar consistencia?
C.T.:
 –Para mí, y lo cuento además porque me tocó vivirlo de cerca, fue la Cumbre de Mar del Plata. Digo que me tocaba de cerca porque el lema fue “crear empleo para crecer en democracia y erradicar la pobreza”. Todas las anteriores cumbres hablaban de temas financieros, de la economía. Yo creo que ahí nace la idea de la Patria Grande porque empieza a aparecer esta idea de que la suerte de uno tiene que ver con la suerte del otro. Algo que hacía 200 años que América no vivía. Y en eso Néstor tiene un rol, junto con Chávez y Lula, ¿no?
E.V.: –Yo creo que ese día que dice Carlos es el día que él toma un liderazgo en América latina. Creo que Néstor venía acompañando hasta ese momento, acompañó en Mercosur, acompañó a Lula en el Unasur, en la idea de hacer la Unión de América del Sur. Tomó con mucha conciencia la Cumbre de Mar del Plata y creo que ahí soldó una relación con Chávez, con Lula, con el incipiente Evo, que todavía no era presidente pero vino a la cumbre, estuvo en la Contracumbre.
D.F.: –Yo creo que la cuestión latinoamericana para Néstor, incluso en el discurso inaugural del 25 de Mayo está puesta como eje central, y da vuelta totalmente nuestra mirada sobre Estados Unidos. El tema de las relaciones carnales y que no teníamos que depender de los países centrales en la cuestión financiera, que nos permite después también, al mismo tiempo que Brasil, negociar con el Fondo Monetario, salir de la deuda con el Fondo Monetario, es parte de una mirada regional que cambia totalmente.
–¿Cuánto jugó el peronismo como sentimiento, como historia de derechos, como organización política, como sentimiento de resistencia, de dignidad, cuanto jugó el peronismo en que Néstor Kirchner haya podido ensamblar todo esto que ustedes describen?
E.V.:
 –Bueno yo creo que ese 22%, vamos a ser justos, fue porque no muchos creían en Néstor Kirchner, había una gran decepción de la política, del peronismo porque estaba visto como lo que había sucedido en la década del ’90, digamos que ese 22% fue un peronismo fuerte, el grueso fue peronismo. Y ahí vino la gran inteligencia de él, que dijo “bueno, esto es lo que tengo de peronismo, ahora voy a buscar a los otros sectores”, y desde el primer día trató de convocar a los sectores no peronistas que terminaron siendo muy importante en el gran triunfo de Cristina cuatro años después. O sea que fue importante el peronismo a la llegada del poder de Néstor Kirchner. Pero la gran inteligencia de él creo fue construir y traer, seducir y comprometerse con los sectores que no confiaban en nada con el peronismo
D.F.: –La capacidad de Néstor fue volver a las raíces, pero con las metodologías, las formas y los objetivos del siglo XXI. Porque la verdad, ¿qué sentimos todos? que nuevamente el tema de la soberanía, el tema de la independencia, de la justicia social pasaba a ser el centro, entonces rápidamente todo el mundo se agrupó en torno de él. Porque lo impostado era lo de los ’90, lo impostado para el peronismo era la mirada de los ’90. Él me decía: “A la izquierda nuestra, la pared. No puede haber nadie que tenga una posición más de izquierda que nosotros, nosotros somos los más progresistas”. Y realmente vio algo que era un tabú para el peronismo, una alianza entre el peronismo y la izquierda, él la vio como una cuestión clara, como el objetivo y el espacio que había que jugar en esta coalición, que después nos llevó a triunfar en las elecciones siguientes.
C.T.: –Yo creo que Néstor hace dos cosas en un solo movimiento. Por un lado, recupera, rescata te podría decir, el peronismo. Creo que todos los peronistas sintieron que éste era el momento, ésta era la dirección, después podrá haber algunos tironeos, pero yo creo que él recupera el peronismo y al mismo tiempo toma las banderas del progresismo en esta mirada donde empieza a dar respuestas a unos, a otros, este avance pocas veces visto en la historia Argentina.
E.V.: –Reconcilió peronismo y Derechos Humanos. Yo creo que ésa es una bandera muy importante. Algo que estaba muy roto... y yo creo que es una de las cosas que más le valoro. Y no le falló. Desde que él les hace su propuesta a las Abuelas y a las Madres, no les falló nunca desde el primer día hasta el último día.
D.F.: –la relación con los DDHH estaba rota desde el ’83, desde la autoamnistía que prometía Luder. Y realmente no había sido todo el peronismo el que había encabezado durante todos los años de democracia, la lucha por los DDHH, solamente un pequeño sector del peronismo.
E.V.: –Uno de los dolores que tenemos como peronistas es no haber integrado la Conadep en aquel ’85. Vicente Saadi no quiso, el peronismo no se quiso comprometer ahí, no participó, votó en contra y no participó.
–Pasados diez años, ¿de qué cosa se tienen que preocupar porque falla el sensor que diga lo que está mal?
D.F.:
 –Sin lugar a dudas hay compromisos que todos los días tenemos que asumir, porque justamente la derecha enfrenta un problema serio. Si vos pensás, entre el ’45 y el ’55 construimos un país que fue tirado abajo en 50 años. Bueno ahora tenemos estos otros diez años, no vamos a permitir por nada del mundo que lo tiren abajo de la forma que están intentando hacerlo a través de todos los mecanismos que vemos cotidianamente. Me parece que éste es un proyecto que han visto que viene en serio y que va a avanzar a mayores niveles de justicia social, a mayores niveles de igualdad, y que no va a pactar con ninguna de las corporaciones que históricamente tuvieron el poder en la Argentina. Me parece que en el primer momento, la salida del infierno hacía que no se pudiera ver con claridad a dónde llevaba este proyecto. Ahora que está claro a dónde lleva, nos obliga sin lugar a dudas, a buscar nuevas respuestas a los problemas que nos plantea la derecha.
C.T.: Coincido absolutamente, la adrenalina que mantenemos tiene que ver con este umbral tan alto que han fijado los gobiernos de Néstor y Cristina, un umbral de inclusión social que sabemos que tenemos que defenderlo, que tenemos que consolidarlo para seguir avanzando. Avanzar es un desafío, y defender y consolidar lo que tenemos es otro. Así que hay entusiasmo de sobra
D.F.: –Llegabas a la Casa de Gobierno a las 10, 11 de la noche, después de un día terrible, de aquellos primeros días, y la fuerza que te daba Néstor era increíble, salías diez veces más enchufado después de hablar con él, te empujaba de una manera increíble. No sé cómo, pero salías con muchísimas fuerza de ahí.

domingo, 30 de diciembre de 2012

¿Una acción militar de EE.UU. en América del Sur?



El Pentágono norteamericano estudia incrementar el número de operaciones bélicas y la cooperación en defensa en el Cono Sur.
La última edición de la Revista de Anticipación Política-MAP, publicada por el Laboratorio Europeo de Anticipación Política (Leap), está en gran parte dedicada al análisis de las tendencias regionales en América del Sur entre 2012 y 2016. El capítulo dedicado al tema tiene un título sugerente: “Incertidumbre entre dominación estadunidense e independencia regional”.
La publicación sostiene que el actual escenario regional e internacional presenta condiciones excepcionales para que Suramérica se constituya en una región geopolíticamente soberana, luego del fracaso del Consenso de Washington y de la estrategia de integración orientada por Estado Unidos a través del ALCA. Analiza brevemente la política estadunidense de construir una alianza con sus aliados del Pacífico, con el objetivo de crear una barrera que podría dificultar las relaciones comerciales con Asia a los países de la zona del Atlántico.
El punto álgido del análisis es el militar. Los analistas del Leap sostienen que América del Sur debe prepararse para una posible acción militar estadunidense, país que está militarizando el territorio latinoamericano para fortalecer su posición de dominio. El think tankgeopolítico europeo, cercano al presidente François Hollande, se detiene en la creciente presencia militar del Comando Sur en la región y concluye que con el éxito del golpe institucional en Paraguay contra Fernando Lugo, Estados Unidos ha consolidado su poder militar en el corazón de países del Unasur.
La convicción de que la superpotencia en decadencia pretende recolonizar la región recurriendo a acciones militares no es novedosa, salvo por el hecho de provenir de un importante centro europeo y por llevar los análisis hasta las últimas consecuencias. El hombre siempre ha utilizado las armas que ha desarrollado, y el mundo acostumbra a salir de las crisis sistémicas con una gran guerra, después de la cual se dan las condiciones para el nuevo orden, son dos de las ideas-guías de ese análisis.
Surgen de inmediato dos preguntas. ¿Está la región preparada para enfrentar una acción militar recolonizadora del Pentágono? ¿Cómo imaginamos, y cómo nos preparamos para la transición a un mundo nuevo, quizá sólo multipolar, ojalá también socialista?
La primera respuesta es que aún no están dadas las condiciones para enfrentar, como región, a Estados Unidos. Sólo Brasil y Venezuela tienen conciencia de las dificultades que vendrán en el futuro inmediato y se están preparando para ello, según las capacidades de cada cual. Brasil se dotó de una Estrategia Nacional de Defensa bajo el segundo gobierno de Lula; está procediendo a revitalizar su industria militar y a construir los medios necesarios para su defensa, incluyendo, como ya se ha dicho en esta columna, la construcción de submarinos nucleares.
Sin embargo, tropieza con algunas dificultades y limitaciones. La nueva postergación de la compra de cazas de última generación, proceso que ya lleva dos décadas, y sobre todo la reciente inclinación por los F-18 de Boeing en vez de los franceses Rafale, revela cómo las presiones de la Casa Blanca consiguen resultados en países que parecían firmes en sus decisiones.
Como se sabe, Venezuela también ha dado pasos importantes para defenderse de eventuales acciones militares pero sigue estando en el ojo del huracán desestabilizador de Washington y las derechas regionales. En los demás países predomina o bien un claro alineamiento con la política del Pentágono (casos de Chile, Colombia, Perú y ahora también Paraguay) o posiciones ambiguas como las de Uruguay. En todo caso, en la mayor parte de los gobiernos de la región prevalece la convicción de que no habrá que enfrentar situaciones extremas.
La segunda pregunta sigue requiriendo un debate estratégico sobre cómo prevemos la llegada de los cambios y cómo nos preparamos para hacerlos realidad. En este punto se impone una reflexión lateral: los cambios de verdad, los que se relacionan con abrir el escenario político a nuevas relaciones sociales, a nuevas formas de poder y por lo tanto a una nueva sociedad, no vendrán de los gobiernos sino de los abajos, de la gente común organizada en movimientos.
Lo contrario no puede ser sino la continuidad de la opresión bajo otras formas. ¿Hemos aprendido algo de las revoluciones independentistas que sólo cambiaron las élites y dejaron sin tocar las relaciones sociales y de poder? En un texto luminoso, “El problema primario del Perú”, José Carlos Mariátegui sostuvo: “La república ha significado para los indios la ascensión de una nueva clase dominante que se ha apropiado sistemáticamente de sus tierras. Fue más lejos y aseguró que el virreinato fue menos culpable de la situación del indio que los republicanos que los adormecieron al inscribir demagógicamente sus demandas en un programa que nunca cumplieron”.
Así las cosas, surge el tercer problema: prepararnos para un futuro de guerras y confrontaciones impuestas por el imperio y las clases dominantes supone, en primer lugar, construir la convicción subjetiva de la inevitabilidad de estos escenarios. Un análisis que incluya como eje central la preparación de fuerzas para esa eventualidad, que no se reduce a una cuestión sólo militar sino implica algo más profundo y previo: la disposición anímica, que pasa por una ética de no involucrarse con los de arriba, se llamen burguesía, Estado, medios de la derecha u ONG.
Desde este punto de vista, en América del Sur estamos aún muy lejos. En la medida en que no tenemos recetas prontas para aplicar sobre cómo hacer y qué rumbos tomar, los ejemplos y referencias pueden ser de enorme ayuda. Esos hombres, esas mujeres y esos niños que el 21 de diciembre levantaron el puño en silencio en cinco ciudades de Chiapas nos muestran el estado anímico y organizativo necesarios para afrontar este periodo histórico. Escuchémonos a nosotros, bien adentro, para identificar lo que nos falta.


domingo, 16 de diciembre de 2012

Una matria argentina


Año 5. Edición número 231. Domingo 21 de octubre de 2012
La Clarita Aurelli cumplió los 80 el pasado 14 y volverá a cumplirlos mañana, 22 de octubre. Es una gran matria argentina, vieja mama de muchos hijos propios y ajenos, oriunda de Ascochinga, Córdoba, donde nació allá por 1932, en pleno brote de poliomielitis, enfermedad que le cobró su nacimiento dejándole de por vida una pierna más corta que la otra. Ahora, ¿por qué cumple dos veces la Clarita? Como muchos en esa época, la primera fecha es la del nacimiento; la segunda, cuando sus padres, don Enrique y doña Asunta, inmigrantes italianos, fueron hasta el pueblo a anotarla. 14 y 22: el domingo pasado y mañana.
La Clara quiso ser maestra pero los prejuicios en ese tiempo impedían al frente del aula a una persona con “discapacidad”. Desde joven nomás le dieron motivos para templarse. Y desde joven nomás también conoció el amor, a los 19, en la academia Pitman de Córdoba capital (donde los Aurelli se habían mudado para poder atender la enfermedad de Clara). Y el amor fue Héctor, un chofer de colectivos, caballero y piropeador. Tuvieron 6 hijos: Azucena, Héctor, Beatriz, Domingo, Liliana y Julio. El amor del piropeador duró quince años. Después abandonó a la familia, y la Clara siguió adelante sola con los chicos.
La Clarita se crió en una casa de obreros peronistas. Su papá, Enrique, trabajó hasta el día de su muerte en la cementera Corcemar de Barrio Jardín, el mismo barrio que la familia habita hasta el día de hoy.
Allá por 1969, la Clara se volvió a enamorar, esta vez de Carlos, el chofer del camión que había dejado Enrique al morir. Con él tuvo su séptimo hijo, al que en homenaje al Nono recién muerto llamaron como él.
Desde el Cordobazo, en la casa de los Aurelli las cosas se empezaron a mover. Héctor (al que le decían Biqui), el mayor de los varones, empezó a militar en una organización libre del pueblo. En la militancia conoció a Liliana Rinaldi, la Flaca, con la que formó pareja y siguió amando hasta el día de su asesinato, en las supuestas fugas de la UP1 San Martín de la provincia de Córdoba. El Biqui y la Flacacayeron presos unos meses antes del golpe de 1976, en las jornadas de entrenamiento que llevó a cabo el Ejército en el interior.
La Clara empezó su militancia buscando a su hijo Héctor y a Liliana en cuanto rincón pudo visitar: cuarteles, comisarías, hospitales, y una larga lista de etcéteras.l
A los pocos días sufrió la visita de un grupo de militares que dieron vuelta su casa buscando información y armas. Allí nació la fuerza de la hembra, de la matria, de la resistente.
La Clarita no volvió a ver a su hijo y pareja hasta unos meses después, cuando fueron pasados a disposición del PEN, “blanqueados”, como se decía entonces.
A partir de la detención de Liliana y Héctor, la Clarita dejó de ser una simple ama de casa que ganaba el morfi diario cuidando chicos, cocinando, lavando y planchando para afuera.
Alguien dijo que los luchadores son la consecuencia de dos acciones de otros humanos: el dolor y la educación. La Clara fue producto de ambas en distintas etapas de su vida. El dolor de la pérdida de su nuera, Liliana, y los casi 13 años de cárcel de Héctor, uno de los pocos presos políticos con los que se negoció desde la democracia naciente alfonsinista la promulgación de las horrorosas punto final y obediencia debida. El Biqui recuperó su libertad el 19 de febrero de 1988.
La Clara se cargó al hombro los miedos y el amor de muchos. Recorrió casa por casa buscando a las madres, a los hermanos, a los primos de los luchadores desaparecidos, presos exiliados. Y se encontró con otros corazones como ella: solidarios, hermanos. Así recorrió todo el norte del país juntando matrias, organizándolas. En Buenos Aires encontró mujeres y hombres que estaban en la misma, buscando a sus hijas e hijos, coordinando la ayuda de los que desde otras posiciones podían asistir a una familia que viviera en el interior profundo y necesitara un plato de comida para estar fuerte y resistir el viaje a ver a sus presos a Córdoba, Santa Fe, Buenos Aires, Trelew.
Así fue que se encontró con una pareja de militantes en la Liga por los Derechos Humanos en Buenos Aires, Lilian y Lucas Orfano. Con ellos, entre otros tantos valiosos seres humanos, decidieron darle forma a un nuevo organismo que concentrara la lucha desde los afectados directamente por la dictadura: Familiares de Detenidos y Desaparecidos por Razones Políticas.
La Clara pasaba mucho tiempo en distintas partes del país organizando a las mujeres y hombres, uniendo realidades diversas y ayudando a solucionar problemas que condujeran a la búsqueda de los familiares o asistencia de sus hijos o esposos presos.
La vida la encontró con infinidad de luchadores muy visibles, de la cultura, de la política; a través de ellos logró sacar a la luz los vejámenes que sufrían los presos en las distintas cárceles durante la dictadura y parte de la democracia. También coordinó importantes festivales culturales contra las violaciones cotidianas. Viajó a Brasil llevando las denuncias que lograban salir escondidas en caramelos, pequeñas cápsulas de papel de armar cigarrillos y celofán, cartas de letras minúsculas que contenían declaraciones espantosas de las torturas. Estas fueron hechos públicos por otra organización llamada Clamor. Coordinaron infinidad de acciones de denuncia y solidaridad para con la Argentina y Sudamérica, en todo el mundo. Participó en la creación de Fedefam (Federación Latinoamericana de Asociaciones de Familiares de Detenidos-Desaparecidos de Latinoamérica), y del nacimiento del Taller Julio Cortázar. Ese taller fue el embrión de donde nació la organización H.I.J.O.S.
La Clarita es hoy tatarabuela de 3 chicos, bisabuela de más de 30, abuela de más de de tres decenas de nietos, madre de 7 hijos biológicos y de cientos de hijas/os ex presas y presos políticos, hoy dispersos por todo el mundo. Cuando se le pregunta a alguno de ellos por la Clara no hay más que recuerdos de solidaridad para con ellos o sus familiares y palabras de amor hacia ella.
La Clarita participó activamente en su lucha por los derechos humanos hasta 1995, el año que por esas cuestiones gorilas de la vida, un ACV afectó su lado sano del cuerpo, dejándola en silla de ruedas desde entonces y dificultándole el habla. Pero nada ni nadie le impidió ser parte del recupero histórico del ex centro clandestino de detención La Perla ni tampoco de participar en los juicios que se desarrollan en Córdoba. Es así que hasta el día de hoy, sigue encabezando cada marcha del 24, cada acto por los derechos humanos. Sólo basta que algún nieto, hijo o compañero militante se acuerde de pasar a buscarla.
La Clarita nunca pensó vivir un gobierno como éste. No creía en la posibilidad de que la lucha de tantos hombres y mujeres fuera levantada como bandera desde el poder y construida realidad política efectiva. Sabe que falta mucho, pero esta contenta porque observa que su lucha no fue en vano.
La Clarita pertenece a la camada de matrias fundadoras de la Argentina, como Flora Tristán, Manuela Sáenz, Encarnación Ezcurra, Juana Azurduy, Eva Duarte. Estas palabras son para homenajearla y en ella a todas las Madres y Abuelas, símbolo de lucha, de resistencia, de compromiso, de amor.

La cuestión nacional en tiempos del 7/D


Año 5. Edición número 237. Domingo 2 de diciembre 2012
Por mucho menos que esta furia mediática opositora desatada contra el Gobierno y mucho menos que este asedio a nuestra soberanía ejecutado por los fondos buitre, cualquier otro gobierno ya hubiese tirado la toalla en señal de abandono y rendición. Pero este gobierno pelea como Maravilla Martínez, hasta con una mano astillada.
La energía negativa acumulada y desatada contra Cristina Fernández de Kirchner durante el mes de noviembre por parte de distintas y poderosas corporaciones, concentró como pocas veces en la historia un poder de fuego tan voluminoso.
Se viene de afrontar duras batallas políticas contra el proyecto de país inclusivo iniciado por Néstor Kirchner en el 2003. Y, con distintas variantes, todas fueron batallas victoriosas para el proyecto nacional, popular y democrático.
Con el solo fin de enunciarlas brevemente para el debe y el haber de la memoria colectiva, anotamos: el acoso de Bush y el imperio en favor del Alca. El acoso del FMI por la deuda externa. El acoso permanente de los grandes medios de comunicación. El conflicto con la patronal rural por la 125.
Y la lista sigue.
Pero nunca como ahora tronaron tan poderosamente y en un mismo lapso, todos los cañones del odio y el desánimo.
Allí está el levantamiento de gendarmes y prefectos. Allí están los cacerolazos del 13 de setiembre y del 8 de noviembre. Allí está el paro sindical, cortes de rutas y caminos mediante, del 20 de noviembre. Allí está el Grupo Clarín denunciando penalmente a periodistas, funcionarios y legisladores. Allí está el fallo del juez Griesa. Allí está la Fragata Libertad amarrada ilegalmente en el puerto de Ghana. Allí están los opositores cumpliendo dócilmente con la agenda que le dicta la tapa de Clarín. Allí está el documento de la jerarquía eclesiástica a manera de dogma opositor.
Imaginemos por un instante que observamos todas estas maniobras desde un mirador panorámico.
Llegaríamos a la conclusión de que todas fueron partes de un mismo dispositivo estratégico que las abarcaba y que mientras el comando de esa estrategia ordenaba poner rodilla en tierra a los opositores y les corregía la mira contra el Gobierno Nacional, en el apuro fueron tan lejos que tuvieron que recular algunos metros en su posición.
No tanto, para no desvirtuar sus fines. Apenas unos metros.
Esta vez apuntaron directamente contra la soberanía y contra uno de los muelles intocables de la democracia, como es la libertad de expresión.
Los que no pudieron retroceder a tiempo y por tanto quedaron desguarnecidos ante la historia, son los opositores políticos.
¿Acaso no era el momento de ofrecer una tregua en su condición beligerante de confrontación y ofrecer su corazón a la patria sabiendo que estaban siendo atacadas, nada más y nada menos, que la soberanía y la democracia?
¿Acaso no hubieran crecido en la consideración social si al menos suspendían por un momento sus inquinas contra el Gobierno y aunaran fuerzas junto a él para repudiar el fallo de Griesa, el amarre de nuestra Fragata y el ataque a los periodistas?
¿Acaso no pensaron que hubiese sido toda una muestra de civilidad estar presentes solidariamente el día que Roberto Caballero, Sandra Russo, Javier Vicente y otros comunicadores concurrieron invitados al Congreso de la Nación?
¿Acaso no caen en la cuenta del triste papel que ofrecen mostrándose en TN, mezclados todos ellos en un mismo lodo con tal de cumplir con la letra que les da Magnetto, solidarios con los poderosos, repitiendo la teoría de los dos demonios en clave de “gobierno versus Clarín”?
Quedaron a la intemperie de cualquier cobijo legítimo de la democracia. Y de esa ignominia no se vuelve fácilmente.
Nadie inventa nada en esta historia que venimos construyendo desde hace doscientos años.
Hay muchos antecedentes. Contemos uno que es muy ilustrativo.
Se dice que en los buques de guerra de la flota anglo-francesa que combatieron contra las tropas criollas comandadas por el General Lucio Mansilla en Vuelta de Obligado, en tiempos de don Juan Manuel de Rosas, había argentinos a bordo de los buques enemigos. Eran unitarios colaboracionistas, digámoslo así.
Pero poco se recuerda que esa afrenta a nuestra soberanía, estallada el 20 de noviembre de 1845, había iniciado su avance 8 años antes, a fines de 1837 y principios de 1838 con el bloqueo de la flota francesa al Río de la Plata.
Con distintos pretextos, las potencias europeas intentaban quebrar la idea de Nación soberana en este lugar del mundo. Contaron para tal empresa con los opositores a Rosas que para entonces conformaron un movimiento llamado “Comisión Argentina”.
Lo integraban conocidos dirigentes unitarios como Salvador María del Carril, Florencio Varela y Valentín Alsina, entre otros. Sin pudor patriótico alguno, entablaron una alianza con los extranjeros con el fin de derrocar al gobierno argentino.
En su monumental obra, Vida de San Martín, Norberto Galasso publica esta carta del General San Martín a Guido con motivo del bloqueo: “Este injusto bloqueo no me causaría tanto cuidado, si entre nuestros compatriotas hubiera más unión y patriotismo que el que en realidad existe; pero con los elementos tan discordantes de que se compone nuestro país, temo mucho que el gobierno no pueda sostener con energía el honor nacional…”
En carta a Rosas, el Libertador dirá: “Pero lo que no puedo concebir es que haya americanos que por un indigno espíritu de partido se unan al extranjero para humillar a su Patria y reducirla a una condición peor que la que sufríamos en tiempo de la dominación española, una tal felonía ni el sepulcro la puede hacer desaparecer”.
Todos venimos de esos vientos.
Algunos nos reconocemos en la Vuelta de Obligado peleando por la patria, y otros se reconocen, conscientes o no, vivando a “los libertadores” de la flota enemiga.
Es que identificarse con la cuestión nacional no es una abstracción de pacotilla. Es una forma de vivir y de sentirse argentino.
El 7/D alumbrará un mejor país para todos.
Y el 9 de diciembre, el pueblo saldrá a las calles para acunarlo en sus brazos.

domingo, 23 de septiembre de 2012

La retirada heroica

Sábado 22 de agosto de 1812. Cinco y media de la tarde. Manuel Belgrano, envuelto en su poncho de vicuña, da la orden de que el pueblo comience el vaciamiento de la ciudad de Jujuy e inicie la retirada hacia Córdoba. La orden del Triunvirato era concreta: retroceder con el ejército patriota hasta Córdoba, y no presentar batalla a los realistas en ningún punto de la huida. Y allí estaba él, un general improvisado, pensando que habría sido incapaz de dejar a esos pueblos a merced de los enemigos, a su sed de venganza, de saqueo, de muerte, de sexo, como habían hecho en las ciudades altoperuanas. Estaba allí diciéndose que habría sido incapaz de abandonar a esos hombres, mujeres y niños humildes que en carretas, a pie, a caballo, sobre mulas emprendían con silencioso heroísmo el abandono de lo poco que tenían: los ranchos y la tierra que los habían visto nacer y crecer, donde habían muerto sus antepasados desde los tiempos de los tiempos. Recorría las calles de San Salvador, rodeada por los cerros, apenas un caserío de algunos miles de personas enmarcado por los ríos Grande y Chico, y miraba Belgrano los rostros humildes que con estoicismo vaciaban sus casas, quemaban sus campos, arreaban su ganado rumbo a un destino desconocido y sin fecha de regreso. Por la ancestral Quebrada de Humahuaca descendían los realistas con ganas de escarmentar a los insurgentes que habían osado desafiar al rey. Formaban un ejército profesional, entrenado en el hábito de la estrategia y la crueldad. En cambio Belgrano comandaba un pueblo indefenso y humilde que quemaba lo que encontraba a su paso, y una tropa que todavía no había decidido convertirse en milicia.
Mientras caía la noche, Belgrano organizaba los últimos preparativos previos a la partida. Sabía que los realistas jujeños –como las familias Marquiegui y Olañeta, por ejemplo– se habían retirado a sus fincas a esperar la llegada del ejército monárquico, que los comerciantes y los hombres ricos de la ciudad ya habían partido para salvaguardar su integridad y sus bienes más preciados, que muchos monárquicos se habían negado a abandonar sus casas y aguardaban ansiosos a las huestes de Goyeneche. Quizá por eso, cuando los godos llegaron, consiguieron estructurar un Cabildo adicto formado, entre otros, por Martín Otero, Alejandro Torres, Miguel de la Bárcena, Antonio Rodrigo, Joaquín de Echeverría, Andrés Ramos, José Diego Ramos, Rafael Eguren, Ignacio Noble Carrillo, Saturnino de Eguía, Ventura Marquiegui, Tomás Gámez y Mariano de Gordaliza.
Con la oscuridad, las fogatas –la leyenda asegura que ardió todo Jujuy, aunque en realidad es una licencia urdida por los relatos posteriores– permitían ver la tristeza reflejada en los ojos del general por el sacrificio que el pueblo jujeño realizaba en pos de la libertad. San Salvador semejaba un pequeño holocausto criollo.
Pocos minutos después de la medianoche, Belgrano montó su caballo. Heroica delicadeza: fue el último en abandonar Jujuy. Él, que no era un brillante estratega ni el más inteligente político; él, que carecía de los conocimientos suficientes para ser general y de la astucia del zorro para gobernar y mandar a los hombres, que a veces era ingenuo y otras un tanto inocente, el jefe del que muchos se burlaban, el abogado que a fuerza de coraje cívico se había convertido en militar y aceptaba con humilde convicción el mandato de luchar por la patria; él, Manuel Belgrano, sabía que a un pueblo no se lo abandona. Que si una misión tiene un ejército es no dejar a su gente a la buena de Dios sino acompañarla, protegerla, defenderla. Por eso Manuel iba detrás, último, cubriendo la retirada de los jujeños, como un valeroso guardián del pueblo. La Argentina habría sido otra, sin dudas, si a lo largo de su historia las fuerzas armadas hubieran contado con más Belgranos y menos Mitres.
Todo había comenzado en julio cuando, tras la represión de Cochabamba, Goyeneche envió a Tristán, al mando de tres mil hombres, para destrozar definitivamente al ejército patriota. Alertado Belgrano de esos movimientos decidió poner en marcha el operativo de retirada ordenado por el Triunvirato en febrero. Y como las circunstancias apremiaban, el 29 de julio se sentó en su tienda de campaña en el cuartel general de Jujuy y escribió uno de los bandos públicos más bellos y férreos de la historia de la independencia americana:
“Desde que puse el pie en vuestro suelo para hacerme cargo de vuestra defensa, en que se halla interesado el Excelentísimo Gobierno de las Provincias Unidas de la República del Río de la Plata, os he hablado con verdad. Siguiendo con ella os manifiesto que las armas de Abascal al mando de Goyeneche se acercan a Suipacha, y lo peor es que son llamados por los desnaturalizados que viven entre nosotros y que no pierden arbitrios para que nuestros sagrados derechos de libertad, propiedad y seguridad sean ultrajados y volváis a la esclavitud.
“Llegó pues la época en que manifestéis vuestro heroísmo y de que vengáis a reuniros al ejército de mi mando, si como aseguráis queréis ser libres, trayéndoos las armas de chispas, blancas y municiones que tengáis o podáis adquirir y dando parte a la justicia de los que las tuvieren y permanecieren indiferentes a vista del riesgo que os amenaza de perder no solo vuestros derechos sino las propiedades que tenéis.
“Hacendados: apresuraos a sacar nuestros ganados vacunos, caballares, mulares y lanares que hallen vuestras estancias y al mismo tiempo vuestros charquis hacia el Tucumán, sin darme lugar a que tome providencias que os sean dolorosas declarándoos además, si no lo hicieses, traidores a la patria.
“Labradores: asegurad vuestras cosechas extrayéndolas para dicho punto, en la inteligencia de que no haciéndolo incurriréis en igual desgracia que aquellos.
“Comerciantes: No perdáis un momento en enfardelar vuestros efectos y remitirlos e igualmente cuanto hubiere en vuestro poder de ajena pertenencia, pues no ejecutándolo sufriréis las penas de aquellos y además serán quemados los efectos que se hallaren sea en poder de quien fueren y a quien pertenezcan.
“Entended todos que al que se encontrare fuera de las guardias avanzadas del ejército en todos los puntos en los que las hay o que intenten pasar sin mi pasaporte será pasado por las armas inmediatamente, sin forma alguna de proceso. Que igual pena sufrirá aquel que por sus conversaciones o por sus hechos atentase contra la sagrada libertad de la patria, sea de la clase, estado o condición que fuese. Que los que inspirasen desaliento, estén revestidos del carácter que tuviesen, serán igualmente pasados por las armas con solo la deposición de dos testigos. Que serán tenidos por traidores a la patria todos los que a mi primer orden no estuvieren prontos a marchar y no lo efectúen con la mayor escrupulosidad, sean de la clase y condición que fuese.
“No espero que haya uno solo que me dé lugar para poner en ejecución las referidas penas, pues los verdaderos hijos de la patria me prometo que se empeñarán a ayudarme como amantes de tan digna madre, y los desnaturalizados obedecerán ciegamente y ocultarán sus inicuas intenciones. Mas si así no lo fuese, sabed que se acabaron las consideraciones de cualquier especie que sea y que nada será bastante para que deje de cumplir cuanto dejo dispuesto.”
El bando causó estupor entre aquellos que no compartían la enorme aventura de la libertad. Goyeneche lo calificó de "bando impío", y los realistas de las ciudades de Jujuy, de Salta y de Tucumán sintieron correr por sus espaldas el frío sudor del miedo. Belgrano había abandonado su tradicional moderación para mostrar su espíritu jacobino. La situación lo ameritaba: la táctica militar conocida como "tierra quemada" o "tierra arrasada" depende, para ser efectiva, justamente de que el éxodo sea masivo y que a espaldas de quienes se retiran sólo quede un desierto inútil para el enemigo.

miércoles, 23 de mayo de 2012

En el nombre de Atahualpa

La escena transcurre en un bar de Buenos Aires, a comienzo de los años ’70. Mercedes Sosa, los integrantes del grupo Quilapayún y algunos periodistas toman café y conversan animadamente sobre música y política. Es tarde, todos vienen de una noche de actuaciones y otros fervores y de pronto alguien plantea, a modo de desafío a ser saldado, una pregunta descomunal: ¿Atahualpa Yupanqui o Violeta Parra? ¿Quién es más grande como artista popular? ¿Quién representa más cabalmente a esa América latina que parece estar en su mejor hora?
Rápidamente se suman argumentos de uno y otro lado. Violeta ya no está, pero su nombre no deja de crecer. Atahualpa está, pero lejos, en París. A medida que avanza la noche, la mesa tiende a favorecer a Violeta, si bien por un margen mínimo. No está dicha la última palabra. ¿Quedará sellado un veredicto a favor de la chilena?
Mercedes Sosa ha permanecido callada. Quizá no está del todo cómoda. Ella no es de intervenciones brillantes. Hablando no se siente muy segura; su autoridad está en el canto. Pero de pronto alza la voz, y con un golpe de puño sobre la mesa exclama: “¡Pero déjense de pavadas! Yupanqui es único”. La discusión se apaga de inmediato, y quienes la han fogoneado ahora buscan a tientas, casi avergonzados, otro tema, algún asunto que recomponga enseguida la camaradería latinoamericana.
Al decir que Yupanqui es único, Mercedes no ha dicho que sea más grande que Violeta Parra. Tampoco ha sostenido que sea menor. Lo que Mercedes ha sentenciado de modo inapelable es que no existe medida para Yupanqui. Así de simple, aunque en verdad es un tema muy complejo. A un siglo de su nacimiento, Yupanqui sigue siendo un tema complejo. Fue único no en el sentido humanista con el que decimos que cada ser humano lo es. Tampoco por su talento: la historia argentina abunda en artistas talentosos. La singularidad de Yupanqui refiere a la conformación misma del folclore como género de música popular.
(...) Su figura es tan poderosa, su poesía y su música tan perfectas y su nombre de tan profundas resonancias –Atahualpa Yupanqui es casi una categoría moral del arte, un ideal que enaltece al que lo busca–, que tenemos la impresión de que existió siempre, de que es el clásico de los clásicos de la Argentina. De que siempre, desde el principio de los tiempos, hubo un Atahualpa con su guitarra presidiendo la canción popular de los argentinos. Obviamente esto no es así: ¿no es sorprendente enterarse de que “Luna tucumana”, su canción más famosa, fue grabada por su autor recién en 1957, cuando sus compases habían sido memorizados por más de una generación?
Cuando Atahualpa empezó a grabar discos con cierta frecuencia, a principios de la década del ’40, la palabra folclore tenía alrededor de un siglo de uso. Andrés Chazarreta había debutado en Buenos Aires dos décadas antes y los músicos más destacados de la primera oleada de folclore en la Capital no eran más jóvenes que Yupanqui: él se formó con muchos de ellos, tocando a su lado. ¿No es increíble que su nombre casi no existiera en la prensa de la década del ’30, cuando Gardel ya era un mito nacional?
(...) Si nos atenemos a sus dichos, Yupanqui deseaba convertirse, con los años, en un anónimo. Deseaba desmaterializarse en medio de la correntada del canto popular. En alguna oportunidad, siendo víctima de una férrea censura, asistió a un restaurante donde unos músicos estaban tocando una canción de su autoría. El presentador lo reconoció y se apresuró a anunciarlo: “Acabamos de escuchar el tema de un autor anónimo que nos honra con su presencia”. Décadas más tarde, Divididos hizo una versión medio blusera de “El arriero”. Tal vez alguien creyó que aquella canción era del grupo, o que era tan anónima como “Duerme negrito”, pieza de dominio público que Atahualpa solía cantar. De todas maneras, más allá de la circulación irregular de su repertorio y del escaso conocimiento que se tiene de su vida y sus circunstancias, Yupanqui no se ha hecho anónimo, al menos no todavía. Quizás en otro tiempo, sus canciones sean, finalmente, leyenda sin nombre.
(...) A Yupanqui lo pensamos en relación con un paisaje que no es el de la ciudad. Al escucharlo o al leerlo, nos familiarizamos con un país sin luz eléctrica, sin automóviles y profundamente silencioso, con todo el silencio del que son capaces las piedras, cardones, arenas, algarrobos y aromos, los trigales suavemente mecidos por el viento. Pero Yupanqui no fue un paisajista: los sitios de sus canciones no están despoblados. Por ahí andan indios, criollos y gauchos. Cañeros y arrieros, mineros y peones de estancia. ¿O acaso al escucharlo cantar y tocar “Baguala de Amaicha”, “Minero soy” o “Milonga del peón de campo” no estamos ante las voces de los desposeídos de la tierra? ¿No son ellos los que cantan a través de Atahualpa?
Contra una visión rentista de la Argentina, contra ese nacionalismo territorial al que tantos folcloristas cantaron y le siguen cantando, Yupanqui optó por los habitantes expoliados. Prefirió discernir la composición social de su país antes que celebrarlo como una unidad intemporal. En tal sentido, fue agudamente político. En verdad, no defendió esencias sino más bien le cantó a ciertas temporalidades olvidadas, sus “hilachitas del viento”.
(...) “Un poeta no tiene biografía, su vida está en toda su obra.” A Yupanqui le gustaba repetir la máxima, que él decía haber hallado entre sus libros de poesía española. Pero, si la vida está en la obra, entonces el poeta tiene biografía, sólo es cuestión de saber encontrarla, primero en la obra y luego más allá. Encontrar la biografía en lo dicho por Yupanqui, pero también en lo silenciado; en lo que mostró y en lo que ocultó. Encontrarla suelta en libros, discos, cartas, recuerdos de sus amigos, recortes de viejos diarios, anotaciones en las paredes de una cárcel, fotografías borrosas en las que se percibe la modulación de un rostro.
Que Yupanqui ocupe un lugar germinal en el mapa de la música argentina, y que ese lugar esté indisolublemente ligado a una idea determinante de autenticidad, es sin duda una proeza cultural sobre la que vale la pena seguir reflexionando. Porque, ¿cuánto de tradición y cuánto de invención hubo en ese juglar argentino que pareció encarnar como nadie un género en su totalidad? ¿Fue Yupanqui un fiel intérprete de diversos regionalismos arcaicos –que sin su mediación se hubieran perdido irremediablemente–, o agregó de su cosecha marcas bien definidas, finalmente aceptadas por todos como genuinamente folclóricas?
No hace falta recordar que Yupanqui tuvo una vida agitada, impulsada por una compulsión al viaje, a la errancia, a dejar aquello que se había conquistado no sin dificultades a cambio de un sentido gaucho de la libertad. En efecto, el hombre viajó por todo el país y luego por el mundo. A veces perseguido, otras por mera elección. ¿Qué buscaba Yupanqui? ¿Tras qué tesoro intangible se movieron el joven de Pergamino, el hombre de Tucumán y todo el Noroeste, el viejo argentino de París? El poeta se lo preguntaba en “El andar”: “A veces no comprendo / mi rodar por el mundo. / Este medir la tierra y el camino / y el mar... / Esto que siendo simple, / se ha tornado profundo. / Voz que ordena a mi paso: / más allá, más allá...”.
(...) Al comprender a Yupanqui quizá nos adentremos más certeramente en el tumultuoso y contradictorio país que lo ignoró, aplaudió, persiguió, volvió a aplaudir y finalmente glorificó. Yupanqui es un tema inagotable. Nos enfrenta a diferentes épocas y ámbitos de la Argentina, así como a sus rajaduras sociales y políticas. Nos obliga a escuchar, entre el placer y el dolor, aquello que la baguala lamentó al cielo y la milonga meditó de cara al horizonte. Nos vuelve a nosotros, hijos de la modernidad, más viejos, recordándonos que alguna vez fuimos silvestres y nómades. Que tal vez sea cierto aquello de que “el que se larga a los gritos, no escucha su propio canto”.
Fragmentos de
En nombre del folclore.
Biografía de
Atahualpa Yupanqui.

jueves, 26 de abril de 2012

Brics: ladrillazos al neoliberalismo


Año 5. Edición número 205. Domingo 22 de abril de 2012
El poderoso bloque geopolítico Brics, conformado por los gobiernos de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, invitó a la Argentina a firmar una declaración internacional donde critican la apertura comercial indiscriminada y, a su vez, patrocinan medidas intervencionistas como la nacionalización del recurso energético.
Argentina recibió un fuerte espaldarazo geopolítico tras la anunciada renacionalización de la petrolera YPF. Es que nuestro país recibió y aceptó la invitación formulada por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, los países que conforman el denominado bloque Brics, para copatrocinar una declaración conjunta sobre empleo, crecimiento y comercio internacional. “Escuchen bien porque esto no lo dice la Argentina, sino el grupo Brics. Esta declaración dice que la apertura comercial no genera por sí misma crecimiento económico, desarrollo e inclusión social. En cambio se sostiene que para que eso sea así son necesarias otras políticas complementarias que preserven las variables macroeconómicas, la inversión en capital humano e infraestructura”, afirmó la presidenta Cristina Fernández de Kirchner durante un acto oficial realizado en Santa Cruz el último viernes.
Paradojalmente, y a contramano de la línea editorial de los medios hegemónicos, este mencionado documento fue firmado el mismo día en que el Parlamento Europeo solicitó a los organismos de la Unión Europea una sanción comercial para el país producto de la expropiación de YPF. En ese sentido, el pedido formal de los Brics también da cuenta de que Argentina no está “aislada” del mundo, tal como quieren instalar desde algunos sectores conservadores. Según detalló la Cancillería mediante un comunicado: “Durante la sesión de ayer (por el jueves) de Ministros de Comercio del G-20, en la cual se abordó la relación entre empleo, crecimiento y comercio internacional, los países Brics invitaron a la Argentina a copatrocinar una declaración conjunta sobre los temas de la reunión. En la declaración se dejó sentada la posición de los principales países emergentes sobre los temas de la agenda de Ministros de Comercio del G-20, la cual fue tenida en cuenta por México al elaborar las conclusiones finales de la reunión.
Evidentemente, la presidenta Cristina Fernández hizo referencia a esta invitación para contrarrestar los argumentos que indican que el país “estaría aislado” del resto del mundo, producto de sus decisiones en materia de política económica. El texto firmado por los Brics es la ratificación de que los países en desarrollo han adoptado una mirada similar sobre la situación económica mundial y las posibles soluciones a la actual crisis, con medidas opuestas a las que se están adoptando en Europa.
“Se insta a los miembros de la Organización Mundial del Comercio a continuar los esfuerzos para concluir satisfactoriamente la Ronda de Doha en el marco de su mandato negociador original como una ‘ronda del desarrollo’”, dijeron los Brics. Además, en la mencionada declaración se señala que la apertura comercial indiscriminada no genera por sí misma crecimiento económico, desarrollo e inclusión social. En cambio, se sostiene que para ello son necesarias otras políticas complementarias que preserven “las variables macroeconómicas, la inversión en capital humano e infraestructura”. Por otro lado, se convoca a respetar los espacios de política con que cuentan los países en desarrollo en consistencia con las normas vigentes en la Organización Mundial de Comercio, a los efectos de que “los países puedan alcanzar sus legítimos objetivos de crecimiento, desarrollo y estabilidad”.
Por último, el canciller Héctor Timerman, que participó del encuentro en México, tuvo la oportunidad de advertir en el país azteca “la necesidad de abordar las asimetrías y los desequilibrios existentes en el sistema de comercio internacional actual. Nosotros tenemos como máximo arancel de importación un 35, la Unión Europea tiene en muchísimos productos, en la mayoría de ellos, picos arancelarios por arriba de los 100 puntos. Todo esto se conjuga con el creciente uso de restricciones técnicas a la importación, como son las barreras sanitarias, fitosanitarias y los subsidios”.

viernes, 30 de marzo de 2012

Miguel, el atleta imprescindible



El periodista italiano caminaba Corrientes hacia el Obelisco. Curioso y atento a los procesos de la historia contemporánea argentina, bajó de la biblioteca de una librería El terror y la gloria, libro del Mundial ’78 escrito por Miguel Vitagliano y Abel Gilbert. Allí, vio la historia de un atleta de medio fondo de nombre y apellido vulgar, Miguel Benancio Sánchez. Algo lo movilizó, tal vez el hecho de que él también corría, quizás el anonimato del atleta, o encontrar la excusa para apegarse a Buenos Aires.
Valerio Piccioni, redactor de la Gazzetta dello Sport, buscó a la familia Sánchez y dio con ellos entre Tucumán y Berazategui. Investigó acerca de la vida de Miguel, miró fotos, agendas y poesías. Tenía como intención primera escribir un libro, pero fue una carrera. La organizó en Italia en 2000 con sus amigos del Club Atlético Centrale. Se llamó “La Corsa de Miguel”. Aquí, su primera edición se realizó en 2001. Estuvieron, entre otros, Guillermo Vilas, el actual Secretario de Deportes, Claudio Morresi, y Martín Scharples, un ex rugbier que perdió una pierna en un accidente automovilístico y que es –acaso– el atleta más simbólico de la carrera.
“Correr para no olvidar, correr para encontrarse con amigos o correr por correr”, esas son las causas de la Carrera de Miguel, señala Piccioni. Sea como fuere, el evento se transformó en la reivindicación con mayor fuerza desde el deporte a la vigencia de los DD HH en Argentina. En Buenos Aires, la llegaron a correr 15 mil atletas en 2008. En Roma lo hacen alrededor de 10 mil año tras año, exceptuando los niños que participan en competencias preliminares y posteriores. El esfuerzo de los organizadores es titánico y la prueba atlética, excelente.
En Buenos Aires, la Carrera de Miguel fue ninguneada por el gobierno de Mauricio Macri. Vaciada de contenido, el año pasado se corrió fuera de fecha. A pesar del éxito y de su masificación en Mar del Plata, Bariloche, Río Cuarto, Villa España y Roma, la ciudad elige fomentar carreras sponsorizadas por marcas deportivas.
Miguel Sánchez fue secuestrado el 9 de enero de 1978. Volvía de correr la San Silvestre en San Pablo. No era lo que hoy se enmarcaría como un “cuadro político”. No sabía quién era John William Cooke ni tenía en su biblioteca El Capital, de Karl Marx. Había empezado a trabajar embolsando alimentos en Tucumán a los 12 años y ya instalado en Buenos Aires con sus hermanos, trabajaba de ordenanza en el Banco Provincia. Había probado como wing en Gimnasia y Esgrima de La Plata, y a instancias de un entrenador se dedicó a correr. En sus ratos libres alfabetizaba en la escuela de su barrio, militaba en la JP de Berazategui y quería ser profe de Educación Física. Hiperquinético, laburador, amigo de sus amigos militantes, aún cuando estaban en la clandestinidad, se cruzaba con ellos para llevar información a sus familias. También era un soñador, “Sueños de un campeón” decían los escritos de sus agendas: “De qué sirve el deporte si no es para encontrarnos, para mirarnos a los ojos”, escribía. Resumiendo, Miguel Sánchez era un argentino imprescindible, “un Coubertin, nacido entre cañas de azúcar y gente humilde”, resumió Valerio Piccioni el viernes, en el acto en el cual la calle Crisólogo Larralde, desde avenida Del Libertador hasta Lugones, pasó a llamarse Miguel Benancio Sánchez, a instancias de una iniciativa de la legisladora porteña Delia Bisutti (Nuevo Encuentro). Es la calle del Cenard y del Club Ciudad, dos símbolos de formación en el deporte argentino.
Allí quedó estampado para siempre el nombre del morocho que soñaba correr en un Juego Olímpico, que quería ver el Mundial ’78, que ayudaba a la gente de su barrio porque él también la había pasado brava cuando era pibe y que encapuchado en el Vesubio, horas antes de morir, les dijo a sus torturadores: “Están locos, yo vengo de representar a Argentina corriendo en Brasil y ustedes me tratan así”.



lunes, 19 de marzo de 2012

Un paso clave para una cuestión de Estado


La decisión de revertir contratos de YPF marca un punto de inflexión en la política de hidrocarburos. El rol del Grupo Eskenazi, las presiones del gobierno español y las posibilidades de un nuevo paradigma.
La determinación de los gobiernos de Chubut y Santa Cruz –a la que podrían acoplarse Mendoza y Neuquén– de revertir cuatro áreas concesionadas a la petrolera YPF por incumplir con las metas de inversión y producción marca un antes y un después en el posicionamiento de las provincias y de la Nación de cara a la estratégica cuestión del abastecimiento energético. No es casual que las decisiones llegaran en un año en que las divisas se han convertido en una cuestión de Estado y en tiempos en los que el control de los recursos naturales se avizora como herramienta central en el horizonte global. En efecto: el peso cada vez mayor de las importaciones energéticas en la balanza comercial y las perspectivas mundiales apuraron decisiones que venían madurando desde tiempo atrás y en las que tuvieron una relevancia determinante la impasible postura de la española Repsol y del Grupo Eskenazi frente a la creciente demanda de un mercado interno en expansión.
Lo que está en juego. “Los intereses de YPF no pueden estar disociados del desarrollo nacional porque es una empresa argentina con accionistas argentinos”, aseguró esta semana el ministro de Planificación, Julio De Vido. Fue en respuesta a su par español de Industria, José Manuel Soria, quien sostuvo desde Madrid que “los intereses de YPF son los de Repsol y los de España”. En la práctica, la afirmación de Soria no hizo más que poner de relieve el valor estratégico que para el Estado español tiene YPF, controlada por Repsol a través del directorio que dirige Antonio Brufau, uno de los empresarios peninsulares mimados por socialistas y conservadores, caso similar al de Emilio Botín –presidente del Banco Santander– y al de otra decena de “emprendedores” nacidos de las privatizaciones que comenzó Felipe González en el ’89 –entre ellas Repsol– y que completó José María Aznar en el ’97.
A pesar de que el Estado español no tiene participación accionaria en Repsol, ni en ninguna otra de las grandes privatizadas, no duda en hace lobby a favor de ellas. Endesa, Iberdrola, Aguas de Barcelona y Telefónica, al igual que bancos como el Bbva, Bankinter y Santander, gozan de sus favores. La razón es simple: son la clave de la economía del país en la medida en que buena parte de sus beneficios globales provienen de países latinoamericanos donde controlan sectores estratégicos. No es extraño que el propio rey Juan Carlos deje los ropajes reales para calzarse el traje de operador político de los holdings. Tampoco que conservadores y socialistas, con el apoyo de las confederaciones sindicales UGT y Ccoo, muestren los dientes, por ejemplo, cuando las energéticas rusas Lukoil y Gazprom intentaron hacerse de Repsol, o cuando la petrolera mexicana Pemex, en alianza con Sacyr, buscaron controlar la compañía.
Punto de inflexión. Quienes conocen el tablero aseguran que el punto de inflexión debe medirse en términos cualitativos y que no habrá soluciones mágicas. Son los que señalan que las áreas alcanzadas hasta ahora por las caducidades resueltas por los mandatarios Daniel Peralta y Mario Buzzi no son las que mayores volúmenes de producción y ganancias aportan a YPF. En el caso de Santa Cruz, los yacimientos de Los Monos y Cerro Piedras-Cerro Gaudal representan sólo el 0,7% de la producción de la compañía. Un golpe, sin duda, más duro en el caso de Chubut, donde las caducidades decretadas involucran los yacimientos El Trébol Escalante y Campamento Central-Cañadón Perdido, áreas que reportan a la firma casi el 7% de su producción local.
Las reversiones, no obstante, operan como un aviso de lo que podría convertirse en una verdadera catarata de reversiones si YPF y otras empresas del sector no aumentan sus inversiones en exploración y explotación. Una cuestión que dejaron en claro Buzzi y Peralta durante el acto en el que firmaron los decretos de caducidad. En los hechos, que Mendoza y Neuquén –las dos principales provincias petroleras– se sumen a Chubut y Santa Cruz daría una cohesión tal a la estrategia que obligaría a Repsol a revisar su política. En los planes del gobernador mendocino Francisco Pérez están los yacimientos Ceferino y Cerro Mollar Norte; al tiempo que su colega neuquino, Jorge Sapag, avanzaría sobre Don Ruiz, Chihuido de la Salina y Rincón de Mangrullo.
Sin embargo, YPF no es la única petrolera cuestionada por el Gobierno Nacional y los gobernadores en materia de explotación y exploración. En Neuquén son varios los yacimientos que estarían rindiendo por debajo de su potencial. Rincón de Aranda y Veta Escondida, operados por la brasileña Petrobras son ejemplos de lo apuntado. En una situación similar estarían Aguada Villa Nueva, Meseta Buena Esperanza y Ojo de Agua, en los tres casos concesionados a la estadounidense Apache. El listado, que circuló durante el acto encabezado por Peralta y Buzzi, incluye Fortín Picun –a cargo de Tecpetrol, del Grupo Techint–, Paso Aguirre –explotado por Cima Petrol– y Covunco Norte –en manos de Argenta Energía–.
El grupo Eskenazi. Que el gobernador Buzzi deslizara que YPF funcionaba mejor antes del ingreso del Grupo Petersen a la petrolera (ver entrevista) revela en alguna medida los límites de la estrategia diseñada para “argentinizar” la compañía. Pero también la decepción del Gobierno Nacional ante lo actuado por el holding familiar que encabeza Enrique Eskenazi. En la práctica, el grupo quedó habilitado para entrar en el negocio por el interés del Ejecutivo nacional, pero también por el bajísimo costo de una operación que no cubrió con fondos propios, sino con un préstamo del vendedor concedido por la propia Repsol, ingeniería que se financia todavía hoy con los dividendos que reparte de la propia petrolera y los créditos otorgados por la banca internacional.
En el mercado aseguran que el Grupo Petersen no sólo no debió desembolsar suma alguna para hacerse del 25% del paquete accionario de YPF. También señalan que se benefició indirectamente con la aplicación de las retenciones móviles a las exportaciones de crudo, esquema que entró en vigencia en 2007 y que redujo el precio de venta de las acciones transferidas. Un panorama de por sí atractivo que mejoró aún más a partir de la sostenida alza en las cotizaciones del crudo y de los combustibles líquidos, que recuperaron terreno en los mercados internacionales y revitalizaron las utilidades obtenidas por la compañía. A la luz de los resultados, una clara muestra de la incapacidad de la burguesía nacional para asumir, a partir de los espacios que pone a su disposición el escenario local y global, un rol dinámico y autónomo de los capitales multinacionales.
Cambio de paradigma. Para no pocos observadores, las decisiones adoptadas por los gobiernos provinciales y articuladas por el Estado nacional podrían constituirse en el primer paso hacia un cambio de paradigma. Por lo pronto suponen un retorno efectivo a la concepción que califica a los hidrocarburos como un recurso estratégico e implican una clara intención de modificar el accionar que exhiben desde hace dos décadas las compañías petroleras. En los hechos, el desempeño de YPF demuestra el fracaso del modelo privatista; un agotamiento que es directamente proporcional a la caída de la producción y de las “reservas baratas”, aquellas que descubrió la YPF estatal y que facilitaron la estrategia maximizadora de ganancias desarrollada por el capital privado.
Si la nacionalización de YPF no parece la herramienta ideal para que el Estado retome el control de un sector estratégico, la pregunta cae de maduro: ¿cuál es la mejor alternativa? Desde algunos sectores, que no son obviamente los ligados a las empresas, ensayan como respuesta la creación de una empresa estatal mixta integrada verticalmente por la Nación y las provincias. Se trataría, entonces, de operar las áreas provenientes de las reversiones de los contratos. Quienes alientan esta idea agregan la necesidad de derogar el Decreto 1.212 del ’89 y el artículo 3º de la Ley 24.145 que permitieron a la YPF privatizada conservar el control de todas las áreas que explotaba la YPF estatal. De esta forma, las empresas que excedan la cantidad de concesiones y permisos de exploración estipulados por la Ley 17.319 deberían revertirlos a las provincias.
Quienes así piensan sostienen que la estrategia le permitiría al Estado nacional y a las provincias comenzar a operar mediante una empresa testigo sin necesidad de concretar inversiones de gran envergadura. Algunos agregan al esquema a la estatal Enarsa, empresa que hasta el momento opera importando combustibles para abastecer la demanda interna que no cubre el sector privado. Obviamente, el desafío es grande. En definitiva se trata de revertir una lógica de acumulación, basada en la subexploración y la sobreexplotación, que comenzó con las privatizaciones periféricas de la última dictadura y que profundizó la política neoliberal de los años ’90. Un paso esencial para recuperar un recurso estratégico.

domingo, 26 de febrero de 2012

Entrevista a Juan Martín Guevara


“Hay que bajar a Ernesto del bronce, humanizarlo” Un diálogo con Juan Martín Guevara, uno de los hermanos del Che, en el programa La Historia en Debate que se emite los viernes a las 23 en CN23 y que hoy domingo repite a las 23.

Pensaba en la argentinidad indudable del Che: nacido en Rosario, su madre y su padre venían de Misiones, hizo el primario en Alta Gracia y el secundario en la ciudad de Córdoba, estudió medicina en la Universidad de Buenos Aires, tomaba mate incluso en la sierra cubana. Se ve que le quedó en el corazón, en la sangre. Lo otro característico es que ustedes vienen de una familia tradicional y por eso el primer varón mayor tuvo el nombre del padre, Ernesto; la segunda, Celia, lleva el nombre de tu madre y vos, Juan Martín, quinto, llevás también un nombre familiar.
–Yo tengo el nombre de mi abuelo materno, Juan Martín de la Serna. En realidad lo de tradicionalista es una mezcla, eso entra dentro de algunas explicaciones de la familia, porque en realidad la familia muy tradicional no fue; pero en lo de los nombres sí. Y Ernesto hizo lo mismo, Hilda era su primera mujer y le puso a su hija Hilda y Beatriz, por la madre el primero y el segundo por una que era nuestra tía, era “la Tía". Y siempre dijo Hilda Beatriz, no es que era Hildita nada más; era Hilda Beatriz, lo de Beatriz no se lo olvidaba, era muy importante esta tía.
–Y en el segundo matrimonio, al primero de los varones le pone Camilo.
–Le pone Camilo, sí. Hay una relación tan intensa entre Camilo Cienfuegos y Ernesto; y además no sólo de compañeros sino de compinches. Eran compañeros, eran comandantes, comandante lo hace Ernesto a Camilo. El primer comandante que nombra Fidel Castro en la Sierra es Ernesto, y él lo nombra comandante a Camilo. Pero eran compinches, hay grabaciones, ellos se comunicaban por radio –y estaban en guerra–, de pronto, empiezan a hablar, a hacerse chistes en el medio de sus conversaciones, ¡QSL! ¡QSL!, y no sé qué ¡y va un chiste y otro chiste! A Camilo tuve la suerte de conocerlo y creo que era el único tipo capaz de decirle barbaridades a Ernesto y que no se enojara; cosas muy divertidas. En Cuba se conmemoraba (no sé si se sigue haciendo porque era realmente muy impactante) la jornada Che Camilo Che. Camilo se pierde en una avioneta y se supone que, como no aparece en ningún lado, cayó al mar. En esa jornada se hacen actos en los cuales se habla de Ernesto, del Che, y después van con flores al mar y tiran las flores en el mar. En la Bahía de La Habana, en otros lugares también, pero yo lo vi en La Habana; entonces la bahía aparece poblada de flores; pero además con mucha seriedad, la gente muy seria, muy para adentro. El cubano no es muy para adentro pero ese día está sentido. El Che es una figura importante. Y ahora, las fotos de la Plaza de la Revolución siempre aparecen, más o menos como algo que se hizo acá en el Ministerio de Obras Públicas con Eva Perón, una figura del Che hecha con hierro y ahora pusieron al lado una figura de Camilo. Entonces están el Che y Camilo juntos nuevamente.
–Nosotros nos conocemos de hace años en situaciones que no eran muy divertidas, pero yo recuerdo cuando vos contabas que llegaste al hotel Habana Libre, al Hilton, y contabas que fuiste a la habitación y tenía una bañadera inmensa y habías abierto las canillas. Esto me lo contaste hace muchísimos años y siempre me quedó esa idea de lo que significaría hacer una revolución y llegar a una ciudad como La Habana que estaba diseñada para “hacer de Cuba un garito”… y vos llegaste muy poco tiempo después de que habían triunfado.
–Estaba tratando de ubicar exactamente… pero es entre el 8 y el 9 de enero, el 1º es cuando se va Batista, entre el 2 y el 3 entra Camilo por un lado y Ernesto por otro. El día 6 llega Fidel de la Sierra ya con todo el pensamiento... Creo que ahí ya se había decretado el nombramiento de presidente de Manuel Urrutia. Nosotros, con mi familia, llegamos un par de días después. Según yo averigüé después, el viaje nuestro fue un avión que recogió exiliados. Mandaron un avión de Cubana de Aviación recogiendo exiliados del Movimiento 26 de Julio que llega a Buenos Aires y entonces de Buenos Aires partimos para Quito y de Quito a México y luego a La Habana.
–¿Quiénes fueron de tu familia? 
–La Vieja, el Viejo, Celia, un cuñado que era el marido de Celia y yo. Los elegidos por Camilo. Parece que como Camilo suponía que si le decía a Ernesto que iba a venir la familia le iba a decir que no, no dijo nada. Entonces, cuando ya estábamos llegando, le dijo: “Anda al aeropuerto, que ahí hay una sorpresa”. Che preguntó qué sorpresa. “Está tu familia”, le dijo. Ernesto ya no tenía tiempo de enojarse. De ahí esa famosa foto que hay de Ernesto abrazándose con la Vieja, que están abrazados, abrazados; yo estaba ahí, era increíble… Porque en aquel momento no había toda esta tecnología, entonces estaba lleno de cables por todos lados y la Vieja atropelló todos los cables del mundo para pegarse ese abrazo... fue como si se estuvieran fundiendo en una persona, algo que todavía lo tengo grabado; y los tripulantes del avión vinieron para sacarse fotos. En fin, yo creo que ni los cubanos mismos, y eso que son realmente fuera de lo normal, pero ni ellos entendían mucho lo que estaba pasando. Era una locura. Y eso que vos decís que yo contaba fue que llegamos al Hilton y entonces había un enano y un negro de dos metros vestido de librea. Ellos abrían la puerta... Vos decías “¿qué es esto?” y, al mismo tiempo, un guerrillero por ahí, otro tirado así, con unos escapularios, cualquier cosa de uniforme tirado en el piso, con la ametralladora puesta acá. En ese momento estaba Errol Flynn, un actor norteamericano que todavía había quedado varado en el Hilton. Era una mezcla de turistas con guerrilleros. Yo tengo una foto que la sacamos nosotros cuando vino Camilo al Hilton, que después fue el Habana Libre, y entonces los camareros no entendían nada porque vino toda la guardia de Camilo, que tenía una ametralladora Thompson arriba de la mesa. ¡No cabían ni los vasos, ni las tasas, ni lo que estaban sirviendo porque estaba lleno de fierros por todos lados!
Vos mirabas todo eso y no entendían nada. En la habitación había una máquina que tiraba hielo ¡para tomar whisky o lo que fuera! Caían cubitos de hielo. La bañadera era como una especie de spa y yo venía, te podés imaginar, de mi casa que era un páramo; y caí en ese lugar. Era tan raro que la Vieja dijo que no podíamos estar en ese hotel y pidió que nos llevaran a otro, uno que ahora es el Comodoro, que era un poco menos ostentoso, aunque era a la orilla del mar y era un hotel excelente, pero un poquito menos, no era esa cosa tan chocante, golpeante, de la abundancia del Hilton.
–Martín, yo me imagino, uno ahora relee el Diario del Che, lo que fue esa columna del Che y Camilo, que tomaron muchísimos más riesgos, incluso, que el resto de los revolucionarios. ¿Ustedes acá tenían dimensión del riesgo personal de vida que tenía Ernesto? O ustedes, como sucede muchas veces en la familia, tenían una especie de negación o incomprensión. ¿Tenían dimensión de que un día podían abrir los diarios y encontrarse con una espantosa noticia? 
–Cuando vos hablás de familia probablemente tenés un arquetipo de familia, probablemente la tuya…
–¡Tampoco! ¡No, no!
–...Entonces, no había una armonía total en lo que se pensaba y en cómo se expresaban los pensamientos. Lo que sí, se expresaban, nos expresábamos, eso sí. Tanto mi Vieja como mi Viejo nos habían educado en que no nos podíamos quedar con nada que no nos pareciera, incluso aunque lo dijeran ellos. Cada uno discutía hasta que lo convencieran o, si no, seguía con la suya. Es decir, no había esta cosa jerárquica, autoritaria, de padre que dice “esto es así” y se acabó. Entonces, esto por un lado; y, por el otro, mi Vieja tenía algunas posiciones mucho más populares, si se puede decir. Mi Viejo era un artista, un gran dibujante, un gran pintor, y, como todo artista, digamos que la realidad la pinta más o menos a su manera. No se puede decir que mienta... pero la acomoda, y él se acomodaba también a esa realidad. El Viejo era más temeroso en ese sentido, pero Ernesto había estado desde chico, y toda la vida, haciendo cosas que estaban un poquito más allá del riesgo. A veces a mí me preguntan qué sentía yo cuando Ernesto se iba; y yo digo que era al revés, qué sentía cuando él volvía, porque siempre se estaba yendo. Nunca estaba; entonces, la alegría era cuando Ernesto estaba... ¡Uhhh..., llegó Ernesto! ¡Está Ernesto...! Porque, si no estaba embarcado como enfermero, estaba en una travesía de bicicleta o de motocicleta...
–¡En un barco de YPF se había embarcado! ¡Habría que hacer una publicidad de YPF! ¡Habría que sugerírselo al presidente de Repsol-YPF Antonio Brufau! 
–Sí, ¡como hicieron los de la Mercedes Benz, que después no sabían cómo arreglarla...!
–¿Vos la viste la publicidad de Mercedes Benz? ¡Qué te produjo verla?
–Ya, a esta altura… Yo pienso dos cosas. La primera, ningún comerciante usa un símbolo que no le haga ganar plata, entonces siempre están buscando si es una camiseta, un auto… Entonces, el personaje, en este caso, el Che, vende. La pregunta de fondo es por qué hoy sigue vendiendo, por qué hoy sigue teniendo presencia. Porque, además de haber tratado de ningunearlo, hasta de ningunear el cuerpo, de haber tratado por todos los medios de apagarlo, este personaje sigue como poesía y canciones. Él vuelve a surgir.
Yo creo que ése es el fondo de la cuestión, lo que hay que buscar es por qué la gente elige esa imagen, por qué se amalgama con esa imagen. No el que hace plata, que siempre va a buscar lo que se vende… El tema es por qué vende el Che. Por qué Maradona lo tiene grabado y Tyson lo tiene grabado, dos personajes, pero que son tan distintos el uno del otro.
–Yo tengo una respuesta a esa pregunta que vos hacés, a mí me parece que es una persona tan auténtica, su historia, su vida es tan auténtica, refleja que cualquier persona que se propone algo puede hacerlo con determinación. Yo recuerdo que vos hablabas de tu madre, hay una frase de una carta que él le manda a tu mamá que dice “estas piernas fláccidas sostendrán esta voluntad”, se muestra como un personaje con las limitaciones humanas pero sabe que tiene esa voluntad que es algo que supera, que la talló con gran delectación, creo que es eso. 
–Exactamente con delectación de artista, con delectación dice “tenés la memoria a flor”. Cuál es la razón de una familia de clase media, profesionales, insistiendo con que hay que estudiar, hay que saber, con determinadas características éticas, que era lo que transmitía la Vieja, la cosa hay que hacerlas bien, hay que ser digno, honesto, hay que ser esto. El Viejo más o menos, hay que ser bueno y ganar pero se puede ganar con un poquito de trampa. Entonces, esta mezcla de que hay que ser bueno y hay que ganar, hay que ser el mejor, uno diciendo que hay que ser el mejor con honestidad, con dignidad, y el otro que hay que ser el mejor como venga, pero el asunto es que hay que ser el mejor. Tenía una diferencia y es que para mi Vieja “lo que se empieza se termina”, hay que profundizar, investigar, y para mi Viejo el título es lo que te salva, mi hermano es arquitecto y yo para hacer una casa tengo que pedirle que me firme los planos, entonces es el título. Mi hermano no sabe nada y yo sé, es decir que teníamos una mezcla, y yo creo que de esa mezcla sale Ernesto y creo que la voluntad, aparte del asma, porque hay muchos asmáticos que han tenido que llevar adelante una enfermedad complicada, pero no necesariamente han desarrollado una voluntad así. Creo que la Vieja influyó muchísimo en esto de que hay que seguir, de que hay que llegar, de que hay que hacerlo y de que a todo se llega y que todo se puede. Como decía un amigo, lo que sucede conviene, ese optimismo fabuloso. Si te pisa un camión es bueno porque mirás la marca de las gomas. Yo creo que esa decisión, esa voluntad, que no la sacamos todos, yo creo que él fue el receptor de lo mejor de la familia, de lo mejor de los viejos, del entorno, y con toda su capacidad personal, esa cosa de llegar, de superar, de soñar. Porque yo creo que ahí está la combinación, el Viejo soñaba, era un soñador, pero un soñador que no llevaba adelante las cosas, y la Vieja era una pragmática y creo que Ernesto llevó los sueños a la realidad. Hizo una combinación.
–Cuando decís “no la sacamos todos” te referís a los cinco hermanos, vos sos el menor. Sin embargo, yo debo decir, estamos hablando de Ernesto, pero yo te conozco a vos y yo te conocí en la época en que éramos militantes y estábamos presos y yo siempre te vi como un tipo severo, duro, y tenía clarísimo que vos eras un tipo con una voluntad inquebrantable. En una época donde uno se refugiaba en los compañeros, pero también necesitaba percibir, tener claro, si el otro era alguien, si las cosas se ponían jodidas, si había una vuelta de tuerca, estaba o no estaba. Y yo siempre pensé, éste es de la misma madera que el hermano, no sé si alguna vez lo hemos hablado en esas charlas que teníamos de pabellón; pero decís “no la sacamos todos”, y vos cómo fue, en algún momento, porque vos elegiste la militancia sabiendo que tenías riesgo de vida y sufriste todas las cosas que había que sufrir, ¿tuvo que ver el Che o tuvo que ver tu propia vida?
–Yo creo que para que pueda surgir alguien de la talla de Ernesto es realmente una cosa excepcional, si no todos los días tendríamos personajes así. Pero tiene que haber alguna circunstancia y una de las circunstancias, como dije yo, son los genes. Entonces hay una cosa que es genética que es su inteligencia, hay otra cosa que es el ambiente: el que es hijo de un cabrero boliviano es muy complicado que vaya a la universidad y que se desarrolle, tiene muchísimas más limitaciones que viviendo en una ciudad importante, en una familia en la que la tradición es ser profesional y estudiar, el entorno familiar. Después del entorno familiar ya surgen cosas más particulares, como la época que se vivió, la época de la Segunda Guerra Mundial, de la Guerra Civil Española, Vietnam. Yo me acuerdo que en mi casa mi Viejo no participaba mucho de estas cosas tan de izquierda, la Vieja sí, entonces se festejó la caída de Dien Bien Phu cuando caen los franceses, tenía once años. Estaba el Paris Match que, obviamente, sangraba por la herida, y mi vieja era bilingüe y leía mucho en francés. El único bilingüe de los hermanos era Ernesto, estudió algo de inglés, y Celia también. Los tres lectores infernales eran la Vieja, Ernesto y Celia, eran una máquina de leer. En casa había libros en francés que no habían sido editados en español, entre ellos Trotsky, todavía había libros de Trotsky que no habían sido editados, él ya los había leído. Una mezcolanza, pero se leía de todo, te nombro Trotsky por decir un tipo muy controvertido. Salgari, además. Te subrayaba Salgari también porque él tenía la manía de que lo que le gustaba lo subrayaba o abajo te ponía algo. Entonces, cuando vos leías un libro que había leído estaba discutiendo con el autor, con él, y no sabías con quién más, entonces era molesto leer los libros que él había leído, es como que eran de él y listo. Pero entonces en esta casa, en este lugar, es posible que él se desarrolle, ahora después hay circunstancias de otro tipo, por supuesto las nacionales y las internacionales. Yo creo que esto de que la Vieja hizo la panza en Misiones, nació en Rosario, se hizo estudiante en Córdoba y después estudió en Buenos Aires, marca que la familia era itinerante, era medio gitana, no había un arraigo. Y yo creo que él fue el más viajero de todos, ya eso era como parte de la familia, pero él lo incorporó como parte individual, entonces viajó.
–Vos recién decías 1959, ese abrazo inmenso entre Ernesto y tu mamá, y unos años después, seis años después, tu mamá muere y él estaba en el Congo. Me gustaría que cuentes ese momento y también el momento más doloroso, en octubre del ’67, cuando ustedes, seguramente ya preparados porque lo de Bolivia estaba muy duro, cómo tomaron eso y cómo lo tomaste vos personalmente. Cómo te marcó a vos ese octubre del ’67. 
–Vos anteriormente me habías hecho una pregunta de cómo tomábamos nosotros como familia estos hechos, como que de pronto Ernesto está en Cuba con Fidel desarrollando una actividad de guerra y con riesgos, por supuesto. Después, con el tiempo, uno ya va incorporando que su decisión es ir al frente, siempre estar adelante donde fuera. Entonces, en los años ’57, ’58, ’59 ya en mi casa habían puesto una bomba, habían ametrallado, es decir que de alguna manera la violencia estaba presente, el riesgo estaba presente, no es que fuera algo neutral. Nunca fue neutral el tema, creo que sigue sin ser neutral, si bien cada uno toma de un lado, del otro, las características del personaje, pero no hay una neutralidad. Entonces, estos dos momentos. Uno, la Vieja estaba muy preocupada, incluso ella había tenido cáncer de mama más o menos en los años ’44, ’45, la operan, vuelve a tenerlo cinco, seis años después, ya le hacen una operación muy grande y ella entra en una etapa depresiva, en una etapa de sentirse mal. Una mujer joven, aún, con una enfermedad así, además con una ortopedia en los pechos, en fin una serie de cosas y sobre todo yo que fui el que vivió más tiempo con ella porque los demás se casaron, se fueron, no estaban. Cuando se produce la revolución la Vieja es como si reviviera, se convierte en militante, se hace militante de un movimiento, incluso estábamos en distintos movimientos ella y yo, discutíamos bastante. El vicepresidente que había tenido Frondizi, Gómez, cuando sale y renuncia, forma un grupo en el que estaban los Viñas y otra gente, el Malena, ahí militaba la Vieja. Yo me acuerdo que llegaba a casa y estaban reunidos y yo tenía que irme a un café hasta que se terminara la reunión para poder entrar, si no era sapo de otro pozo metido ahí. Ella viaja, va y viene, realmente hay una unidad muy grande con Ernesto, participa en muchas actividades en defensa de la revolución, hablando de la revolución cubana y participando en la Argentina. Incluso estuvo presa, Guido la mete presa. El otro día estaba viendo la calle Humberto Primo, donde estaba la cárcel de mujeres, ahí estuvo la Vieja. Entonces, este proceso de enfermedad de la Vieja se vuelve a producir ya para los años ’65, vuelve el cáncer a manifestarse pero ya Ernesto no estaba en Cuba y ya las noticias decían que estaba acá, que estaba allá, que no sé qué, que desapareció, y se decía que si estaba en Santo Domingo, que si estaba aquí. En fin, no estaba. Y entonces, ya cuando ella estaba muy mal, me acuerdo que estaba en el campo, yo la fui a buscar, vinimos para Buenos Aires y se detectó que no había solución y entonces, estando internada, hay una comunicación con Cuba y entonces habla con Aleida y le dice “Ernesto está bien, lo que pasa es que no está acá pero está bien no se preocupe”; pero la Vieja no queda nada convencida. Nosotros conversábamos mucho con la Vieja porque en medio de la discusión intercambiábamos, ella más información que yo, porque ella estaba más en contacto con Ernesto, pero sí intercambiábamos opiniones, pero ella seguía pensando que no estaba, dónde estaba, y murió con eso, murió con la incógnita de saber dónde estaba Ernesto. Además murió el 18 de mayo, y mi hermano Roberto y yo nacimos el 18 de mayo. No sé si fue Anderson o Julia Chiquita Constenla que tiraron la versión de que Ernesto había nacido el 14 de mayo, pero yo digo que si no nació en junio, nació el 18, porque los viejos tenían una puntería fenomenal. Pero en realidad nació el 14 de junio y listo. Y después el día de octubre, el día que aparece en los diarios, yo trabajaba en ese momento en una empresa láctea que se llamaba Lactona, en sí era camionero, pero en ese momento era ayudante, no me dejaban el volante, era el que cargaba las cajas. Entonces, en ese momento, salíamos tempranísimo y de pronto miro el Clarín o algunos de los diarios y de pronto la foto ahí, pero es como vos decís ya había una idea de que estaba metido, se suponía en Bolivia o en algún otro lugar, pero casi seguro en Bolivia y que las cosas no venían bien. Por supuesto no teníamos comunicación, sino lo que iba apareciendo en los diarios, lo que se decía. Hacía poco habían aparecido los de Badayeso que habían sido emboscados y demás; entonces uno ya venía más preparado por lo que era Ernesto y además más preparado por la situación, pero de cualquier manera fue un gran golpe. Tal es así que cuando nos reunimos en la casa de mi hermana, Celia, había dos posiciones: esto no es verdad, tantas veces habían dicho que había muerto y en realidad no, que esa foto estaba armada, yo no participaba en esa posición. Desde que la vi dije éste es Ernesto no hay duda y ahí fue Roberto mi hermano a Bolivia, quién va a Bolivia, era Roberto o yo, el viejo no y mis hermanas no. Se decidió que fuera Roberto, fue en un avión que me parece si no me equivoco periodístico que fletaron alguna revista o diario; y lo recibieron los militares; por supuesto lo trataron no muy amablemente y le dijeron que no, que el cuerpo lo habían cremado, así que no había cuerpo. Ahí nos enteramos, no sé si fue en ese momento, que habían hecho con las manos las huellas dactilares, no recuerdo bien cuándo fue esa noticia, como que los militares para certificar que realmente a la persona que habían matado era al Che le habían sacado las huellas; que había ido gente de identificación de aquí, de Buenos Aires, para Vallegrande y habían constatado que sí; las manos efectivamente se las cortaron y hoy están en Cuba, las manos y el diario, había un ministro de gobierno, un hombre importante del gobierno boliviano, que tenía contactos y entonces mandó las manos y el diario para allá. Fue un golpe muy fuerte, dos golpes seguidos, fueron dos años, en el ’65 murió la Vieja y en el ’67 murió Ernesto. Pero lo de la Vieja fue esa cosa, esa incógnita hasta el último momento.
–Vos hablabas bastante poco del Che cuando estábamos presos, por ahí contabas anécdotas. Y me doy cuenta que en estos años has tomado la decisión de transmitir muchas cosas, de contar muchas cosas, de participar. Me enteré que el otro día estuviste en Mendoza en una movida que hicieron con motos porque vino alguno de tus sobrinos, de los hijos de Ernesto. Qué significado tiene para vos hoy ser una especie de portavoz, de testimoniar, siendo que ahora relegás, y me doy cuenta que preferís hablar poco de tu propia historia militante, de tu propio compromiso, y te estás convirtiendo en una voz muy importante para volver a poner muchos factores de lo que significa el Che, por lo menos para nosotros. ¿Cómo fue esta decisión tuya, qué significados le das?
–Son muchos años, una vez comenté que en el año ’66, ’67, yo tenía una librería y en aquella época de mucha efervescencia política era una librería que había de todo lo que te puedas imaginar como publicaciones de distintos partidos, distintas agrupaciones. En esa librería confluía la gente joven y demás que venían a leer las revistas y los libros que traíamos. Entonces, un día viene un periodista y me dice que quiere entrevistarme. Le dije que no daba entrevistas, entonces me dice que lo único que quiere preguntarme es si yo sabía dónde estaba mi hermano. Le repetí que no daba entrevistas y que si supiera dónde está mi hermano jamás se lo diría a él. Resulta que había un fotógrafo metido allá enfrente con un teleobjetivo y aparezco en la revista como haciendo una declaración en la cual él dice “pero en el tono que me lo dijo era evidente que sí sabía”. Año ’66, ’67, lo fui a buscar, y le dije “pero vos querés que me achuren”. Esa fue la marca negativa que me quedó. La positiva fue que estaba enfermo Martín, mi hijo, de asma, tengo dos hijos asmáticos, hereditario parece, por lo menos hay un gen ahí, yo no. Al salir de la cárcel tuve como dos episodios medio así raros, pulmonares, pero después se acabó. Bueno, la cuestión es que lo tuvieron que internar a mi hijo porque era muy importante la falta de aire, incluso tuvieron que pasarle suero. La médica que lo atendía me dijo un día “Guevara (estábamos llegando a octubre, que es lo que te comentaba de la Jornada Camilo Che), queremos invitarlo para que venga a la conmemoración aquí en el hospital (un hospital enorme de La Habana) porque vamos a entregar premios a los mejores trabajadores y queremos contar con usted”. Yo le dije que no, perfil bajo, que yo venía al hospital porque mi hijo estaba mal. Y la médica, que era bastante chiquita, petisa, veo que se pone así, los ojos se le hacen una yilé, entonces me dice: “Mire Guevara usted tiene todo el derecho de hablar, no hablar, pero me parece que su posición es egoísta porque sabe toda la gente que hay acá, no tiene ni idea de todas las cosas que usted sí puede decir y usted las tiene adentro. Usted se las quiere guardar, guárdeselas Guevara”. Y me siguió dando. Yo le dije “doctora, a qué hora es” y fui y la hicieron como había que hacerla. Pusieron una mesa y en la mesa estaba el director del hospital, etc., y estaba yo en una puntita, entregaron los premios, todo bien, y de pronto agarraron el micrófono y lo pusieron en el medio y dijeron con nosotros está el hermano del guerrillero heroico, etc., y era arriba gente, abajo gente, miles, enfermos, enfermeras, médicos, aplaudían; a mí me venía bien que aplaudieran porque mientras lo hacían bajaba un poco el nudo, trataba de pensar qué cosas decía, me ponía loco porque lloraban, se ponían mal, era el año ’72, estábamos bastante cerca, todavía la presencia ellos la tenían muy a flor de piel; y de pronto yo decía una cosa y se ponían a aplaudir y aplaudían y la costumbre que hay allá es que vos aplaudís también, doy las gracias a quien me está aplaudiendo, y eso favorecía porque podía pensar, me bajaba un poco la adrenalina. Y es cierto que en la cárcel trataba de no hablar, no era mi tema. Con los años, en la última etapa, empiezan a aparecer los museos del Che, en Alta Gracia es el primero, donde vinieron Chávez y Fidel. En el sur, en San Martín de los Andes, hicieron un museo que se llama La Pastera, la gente de ATE. Por supuesto, había dentro de mí una decisión y a partir de ahí más o menos hace dos años en el Congreso se larga Los Caminos del Che como un programa turístico, y debajo de ese paraguas turístico yo empiezo a participar, entonces ahí sí participé ya más liberado del tema no voy a hablar, fui cada vez entrando más en mi cabeza que es importante, pero es importante por lo que recibo de vuelta porque en cada lugar que he ido, para decirte una en Cuba en una universidad, muy grande, estaba hablando, dije la argentinidad del Che, eso cayó malísimamente mal, más de uno me dijo: “no es solamente cubano, es santaclareño”, en eso no hay caso, la argentinidad no les cabe, es cubano. Yo miraba así y uno de los muchachos se levanta, agarra el micrófono, y dice “yo te voy a hacer una pregunta, cómo era con las mujeres el Che”, preguntas de todo tipo. Un muchacho joven me hizo algunas preguntas y le digo mira por qué es que yo digo que hay que bajarlo del bronce, por qué es que yo digo que hay que humanizarlo, y por supuesto el hecho de ser hermano demuestra que es humano porque si no no tendría hermano