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jueves, 29 de septiembre de 2011

47. Tatiana Sfiligoy



Tatiana Sfiligoy
200 ARGENTINOS /  A los tres años, con su hermana de dos meses en brazos, vio cómo un grupo de tareas encapuchaba y se llevaba a su madre. Fue anotada como NN y entregada en adopción. La lucha de Abuelas de Plaza de Mayo le permitió recuperar su historia.
Por Natalia Gelós 

Quedaron solitas, las dos hermanas, mientras los hombres de verde desguazaban su vida. Tatiana tenía tres años cuando los militares entraron en su casa de Villa Ballester y se llevaron a Alberto Jotar, compañero de su madre, Mirta Graciela Britos, y padre de Laura Malena, su hermana de dos meses. Era el 24 de octubre de 1977. A Oscar Ruarte, su propio papá, lo habían secuestrado en Córdoba, en 1976. Mirta trató de escapar con las nenas pero al ver que los captores la cercaban, las dejó junto a un cantero, en la plaza del barrio, y enfiló hacia la esquina contraria para despistarlos. Tatiana, con su hermana en brazos, miró cómo esos hombres encapuchaban a su mamá y se la llevaban. Horas después, un oficial que andaba de ronda las encontró. Fueron llevadas al Juzgado de Menores Nº 2 de San Martín, a cargo del juez Basso. Le preguntaron a Tatiana si sabía su nombre. "Tatiana Duate –dijo, la erre se le hacía difícil–. Y esa es mi hermanita." El juez ignoró los datos. Las anotó como NN y las separó. Tatiana fue a un hogar de niños, en Villa Elisa. Laura, a la Casa Cuna. 

Ese mismo año, un grupo de mujeres se organizaba para reclamar por sus desaparecidos. Eran las Madres de Plaza de Mayo. Entre ellas surgió, en unos meses, otro grupo, el de las Abuelas que buscaban nietos nacidos en cautiverio o secuestrados en allanamientos. Por sugerencia de un médico amigo, hasta ellas llegó María Laura Jotar en busca de Tatiana y Laura, con quienes había jugado una semana antes de que desaparecieran. "Era una mujer muy tímida, con grandes miedos, gran dolor, poco expresiva", recuerda Estela de Carlotto. 

El 20 de marzo de 1978, las nenas se volvieron a encontrar en un juzgado. "Mi hermana, después de seis meses, tenía hospitalismo", cuenta hoy Tatiana. Inés Tancar Ravbar y su marido, Carlos Sfiligoy, habían concurrido a ver otro bebé, para una posible adopción. Esperaban en el mismo pasillo en el que una mujer tenía en brazos a Laura. Inés preguntó por la niña y pidió cargarla. Ya nunca la dejó. Ni a Tatiana, sentada a pocos metros de la escena. El matrimonio Sfiligoy empezó los trámites de adopción de las dos niñas. Las hermanas comenzaban su nueva vida. 

–Mañana vamos a tomar el té. ¿Qué te parece si nos encontramos donde venden esas flores? 

Las Abuelas de Plaza de Mayo hablaban por teléfono en clave para citarse en la confitería Las Violetas, de Rivadavia y Medrano. Mientras fingían festejar un cumpleaños, firmaban cartas para el Papa y cotejaban datos. Se reunían también en las estaciones de tren, donde el tumulto de gente les servía de cortina. 

Hacia 1979, la organización Clamor, orientada por el obispo brasileño Evaristo Arns, ubicó en Chile a dos chicos argentinos adoptados. Abuelas pudo constatar que eran Anatole Boris y Eva Lucía Julien Grisonas y ese logro en el exterior intensificó la búsqueda local. 

Una abogada, Lidia Pegenaute, asesora de menores en La Plata, aconsejó a la abuela Jotar buscar en el juzgado de San Martín, con jurisdicción sobre la zona en la que habían desaparecido sus nietas. El 19 de marzo de 1980, Jotar y Carlotto –que siempre la acompañaba– se sentaron frente al juez Basso, quien las esperaba con un expediente sobre su escritorio. En una habitación contigua, Inés, la mamá adoptiva, aguardaba con Laura –rebautizada Mara– en brazos, y Tatiana sentada en una especie de camilla. Los Sfiligoy tenían buena voluntad. Habían optado por la verdad. 

–No les hable a las nenas, porque es muy traumático. Hable con el personal que está con ellas –ordenó el juez. 

Pero Jotar no se aguantó. 

–¿Vos me conocés a mí? –preguntó con su voz gutural. 

–No –Tatiana bajó la cabeza. 

A los 15 días hubo una segunda audiencia. Y ahí sí, recordó. 

A las Abuelas les bastó con que las nenas recuperaran su historia. No quisieron que sufrieran una nueva pérdida. Tatiana y Laura mantuvieron el apellido Sfiligoy. "Mi mamá adoptiva pudo sostener su maternidad y sostenernos a nosotras con esta historia tan fuerte", valora Tatiana. 

Al principio fue difícil. El miedo habitaba en la Argentina. En la escuela, la maestra le pedía a los Sfiligoy que no contaran la historia de las nenas. Cambiaron de colegio. 

En septiembre de 1983, en plena euforia electoral y con la dictadura militar en retirada, la abuela Jotar murió. 

Tatiana cuenta que durante años trató de esquivar los recuerdos. Pero cuando cumplió los 18 recortó una solicitada de actores en la que figuraban sus padres, que alternaban la militancia con el teatro y los títeres. Y decidió buscar ex compañeros de Mirta y Oscar. Se abrió a la memoria. Colaboró en Abuelas. Desde el 2000 asiste en el Área de Presentación Espontánea. Se recibió de psicóloga. Tiene dos hijas. Todos los 24 de marzo las lleva a la Plaza de Mayo. Su hermana eligió otro perfil, más lejano y sin militancia, pero conoció y asumió su verdad.

Tierra de promesas, tierra de pérdidas


MUNDO /  La ciudad costera de Tarabya, en Turquía, es el microcosmos de una nación apuntalada en su pasado y con un futuro embriagador. 
Por Melik Kaylan 

Dos terceras partes río arriba del Bósforo, en la costa europea de Estambul, se encuentra Tarabya, una pequeña aldea de restaurantes de mariscos con ventanales. Al frente, rodeando por un diminuto islote, el camino costero resuena con el tráfico de negras camionetas que depositan a sus bellas ocupantes frente a las boutiques de diseñadores. Por detrás, empinadas laderas erizadas de improvisados barrios suburbanos dominan la celebrada vista del Bósforo —y cada vez más suburbios—. No es un lugar de cuento de hadas, ciertamente, aunque sí un gran atractivo para cualquier corredor de bienes raíces. Con todo, Tarabya no siempre fue así. Cuentan que, en la Antigüedad, la hechicera Medea —desconsolada al huir de su patria con Jasón el argonauta— recobró la serenidad al contemplar la bucólica magia de Tarabya y decidió tirar todas sus pociones (de allí el nombre de la población, "Therapia", en el griego original). 

Unos tres mil años después, durante mi infancia, en la década de 1970, todavía era posible creer en el mito de que ese lugar era capaz de sanarnos. Como suspendidos en la luz del mar, altos árboles coronaban los acantilados que sirven de fondo a las barcas pesqueras y los artríticos muelles, cual silenciosos yalis marinados en historia. Los bosques se extendían hasta la orilla del río. Parecía que todo en Tarabya estaba estrechamente vigilado por fantasmas. Ahora, el genius loci está más atento a los bienes raíces que a los terrenos sagrados, y la Medea moderna llegaría seguramente de noche para disfrutar de incomparables platillos de pescado con sus amistades globales y destapar su Zoloft cotidiano antes de encaminarse a los titilantes centros nocturnos que bordean el Bósforo. ¿Quién sabe cuál Medea es más feliz? 

Con el sello de Dilma


MUNDO /  La "novata" heredera de Lula ya impone su impronta al frente de Brasil.
Por Mac Margolis 

A poco de iniciar su campaña como sucesora del hiperpopular Luiz Inácio Lula da Silva, en un bullicioso aeropuerto, una madre y su hijita se aproximaron con timidez a Dilma Rousseff para ver de cerca a la candidata que lideraba las encuestas. "¿Una mujer puede ser presidente?", preguntó la nena. "Así es", respondió Rousseff. Al oírla, la pequeña agradeció y se alejó con la cabeza erguida. 

Rousseff sonríe al revivir el episodio durante la entrevista de una hora con NEWSWEEK, en el palacio presidencial de Brasilia. "El simple hecho de que una niña pregunte si puede ser presidente es indicación de progreso", dice. Eran casi las seis de la tarde, pero aún faltaba mucho para que terminara el día de la mandataria. Inundaciones que dejaron a miles sin hogar; demoras en la construcción de infraestructura para el Mundial de Fútbol 2014; el nuevo regodeo de la prensa con el escándalo de corrupción que privó a la presidente de cinco ministros en menos de nueve meses. No obstante, Rousseff, con chaqueta fucsia, pantalones negros y enormes pendientes de perlas, parece muy tranquila al hablar de Brasil, la economía mundial, la pobreza y la corrupción. Su lustroso y abundante cabello y sus encarnadas mejillas no guardan rastros de las duras sesiones de quimioterapia a las que fue sometida para tratar el linfoma que le diagnosticaron en 2009. "De niña quería ser bailarina o bombera, y punto", enfatiza. "No sé si éste sea un nuevo mundo, pero ciertamente está cambiando". 

La nota completa, en la edición impresa de Newsweek

Prueban una vacuna contra el sida con un 90% de eficacia Publicado el 29 de Septiembre de 2011


Una investigación española logró avanzar en ensayos clínicos sobre 30 voluntarios sanos y comprobó ese porcentaje de respuesta inmune. Esperanza y cautela en el ámbito científico.
 

Una investigación española que busca desarrollar la vacuna contra el sida logró un 90% de respuesta inmune en un ensayo clínico y en su primera fase. El estudio fue desarrollado sobre 30 voluntarios sanos en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid y el Hospital Clínic de Barcelona.
Los pacientes fueron sometidos al compuesto MVA-B, elaborado y patentado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de España, y según los resultados preliminares, en un 85% de los casos la inmunidad se mantuvo durante un año.
“Los resultados deben ser tomados con cautela ya que el tratamiento sólo se ha probado en 30 voluntarios y, aunque estimula una respuesta potente en la mayoría de los casos, es pronto para predecir si las defensas inducidas prevendrán la infección”, destacó el responsable del equipo de investigación del Clínic, Felipe García, al presentar los resultados.
El éxito del tratamiento se basa en que el sistema inmunológico puede quedar entrenado para responder frente a partículas del virus y células infectadas de forma duradera, indicó el CSIC en un comunicado.
El prototipo fue desarrollado contra el subtipo B del virus de inmunodeficiencia humana (VIH), el más prevalente en Europa. Según el investigador del Centro Nacional de Biotecnología del CSIC, Mariano Esteban, responsable del desarrollo del compuesto, el “MVA-B ha demostrado que es tan potente o mejor que las vacunas actualmente en estudio”. Por ejemplo, el prototipo español resulta más eficaz que el que se está probando en Tailandia en más de 16 mil personas en fase III y que apenas logra una eficacia de inmunidad del 31%.
En cuanto a la seguridad del compuesto, “los efectos secundarios que se han producido son los que cabe esperar en cualquier tipo de vacunación, principalmente de tipo local en la zona de inyección”, indicó Juan Carlos López Bernaldo de Quirós, responsable del equipo del Hospital Marañón.
“Se trata de un estudio auspicioso y como siempre es bueno que surjan nuevas iniciativas, pero aún es muy prematuro pensar en su aplicación clínica”, aseguró Pedro Cahn, presidente de la Fundación Huésped al ser consultado por Tiempo Argentino.
El equipo de investigación del CSIC comenzó a trabajar en el desarrollo del MVA-B en 1999, y en 2008, el componente demostró su eficacia en ratones y monos, contra el virus de la inmunodeficiencia del simio (SIV), lo que motivó la realización de las pruebas en humanos.
A partir de los resultados en personas sanas, los investigadores avanzarán con un ensayo con voluntarios infectados para comprobar su eficacia como vacuna.

Haití, país ocupado

Eduardo Galeano28 SEPTIEMBRE 2011 9 COMENTARIOS
Consulte usted cualquier enciclopedia. Pregunte cuál fue el primer país libre en América. Recibirá siempre la misma respuesta: los Estados Unidos. Pero los Estados Unidos declararon su independencia cuando eran una nación con seiscientos cincuenta mil esclavos, que siguieron siendo esclavos durante un siglo, y en su primera Constitución establecieron que un negro equivalía a las tres quintas partes de una persona.
Y si a cualquier enciclopedia pregunta usted cuál fue el primer país que abolió la esclavitud, recibirá siempre la misma respuesta: Inglaterra. Pero el primer país que abolió la esclavitud no fue Inglaterra sino Haití, que todavía sigue expiando el pecado de su dignidad.
Los negros esclavos de Haití habían derrotado al glorioso ejército de Napoleón Bonaparte y Europa nunca perdonó esa humillación. Haití pagó a Francia, durante un siglo y medio, una indemnización gigantesca, por ser culpable de su libertad, pero ni eso alcanzó. Aquella insolencia negra sigue doliendo a los blancos amos del mundo.
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De todo eso, sabemos poco o nada.
Haití es un país invisible.
Sólo cobró fama cuando el terremoto del año 2010 mató a más de doscientos mil haitianos.
La tragedia hizo que el país ocupara, fugazmente, el primer plano de los medios de comunicación.
Haití no se conoce por el talento de sus artistas, magos de la chatarra capaces de convertir la basura en hermosura, ni por sus hazañas históricas en la guerra contra la esclavitud y la opresión colonial.
Vale la pena repetirlo una vez más, para que los sordos escuchen: Haití fue el país fundador de la independencia de América y el primero que derrotó la esclavitud en el mundo.
Merece mucho más que la notoriedad nacida de sus desgracias.
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Actualmente, los ejércitos de varios países, incluyendo el mío, continúan ocupando Haití. ¿Cómo se justifica esta invasión militar? Pues alegando que Haití pone en peligro la seguridad internacional.
Nada de nuevo.
Todo a lo largo del siglo diecinueve, el ejemplo de Haití constituyó una amenaza para la seguridad de los países que continuaban practicando la esclavitud. Ya lo había dicho Thomas Jefferson: de Haití provenía la peste de la rebelión. En Carolina del Sur, por ejemplo, la ley permitía encarcelar a cualquier marinero negro, mientras su barco estuviera en puerto, por el riesgo de que pudiera contagiar la peste antiesclavista. Y en Brasil, esa peste se llamaba haitianismo.
Ya en el siglo veinte, Haití fue invadido por los marines, por ser un país inseguro para sus acreedores extranjeros. Los invasores empezaron por apoderarse de las aduanas y entregaron el Banco Nacional al City Bank de Nueva York. Y ya que estaban, se quedaron diecinueve años.
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El cruce de la frontera entre la República Dominicana y Haití se llama El mal paso.
Quizás el nombre es una señal de alarma: está usted entrando en el mundo negro, la magia negra, la brujería…
El vudú, la religión que los esclavos trajeron de Africa y se nacionalizó en Haití, no merece llamarse religión. Desde el punto de vista de los propietarios de la Civilización, el vudú es cosa de negros, ignorancia, atraso, pura superstición. La Iglesia Católica, donde no faltan fieles capaces de vender uñas de los santos y plumas del arcángel Gabriel, logró que esta superstición fuera oficialmente prohibida en 1845, 1860, 1896, 1915 y 1942, sin que el pueblo se diera por enterado.
Pero desde hace ya algunos años, las sectas evangélicas se encargan de la guerra contra la superstición en Haití. Esas sectas vienen de los Estados Unidos, un país que no tiene piso 13 en sus edificios, ni fila 13 en sus aviones, habitado por civilizados cristianos que creen que Dios hizo el mundo en una semana.
En ese país, el predicador evangélico Pat Robertson explicó en la televisión el terremoto del año 2010. Este pastor de almas reveló que los negros haitianos habían conquistado la independencia de Francia a partir de una ceremonia vudú, invocando la ayuda del Diablo desde lo hondo de la selva haitiana. El Diablo, que les dio la libertad, envió al terremoto para pasarles la cuenta.
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¿Hasta cuándo seguirán los soldados extranjeros en Haití? Ellos llegaron para estabilizar y ayudar, pero llevan siete años desayudando y desestabilizando a este país que no los quiere.
La ocupación militar de Haití está costando a las Naciones Unidas más de ochocientos millones de dólares por año.
Si las Naciones Unidas destinaran esos fondos a la cooperación técnica y la solidaridad social, Haití podría recibir un buen impulso al desarrollo de su energía creadora. Y así se salvaría de sus salvadores armados, que tienen cierta tendencia a violar, matar y regalar enfermedades fatales.
Haití no necesita que nadie venga a multiplicar sus calamidades. Tampoco necesita la caridad de nadie. Como bien dice un antiguo proverbio africano, la mano que da está siempre arriba de la mano que recibe.
Pero Haití sí necesita solidaridad, médicos, escuelas, hospitales y una colaboración verdadera que haga posible el renacimiento de su soberanía alimentaria, asesinada por el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y otras sociedades filantrópicas.
Para nosotros, latinoamericanos, esa solidaridad es un deber de gratitud: será la mejor manera de decir gracias a esta pequeña gran nación que en 1804 nos abrió, con su contagioso ejemplo, las puertas de la libertad.
(Este artículo está dedicado a Guillermo Chifflet, que fue obligado a renunciar a la Cámara de Diputados del Uruguay cuando votó contra el envío de soldados a Haití.)
* Texto leído ayer por el escritor uruguayo en la Biblioteca Nacional en el marco de la mesa-debate “Haití y la respuesta latinoamericana”, en la que participaron además Camille Chalmers y Jorge Coscia. Tomado de Página 12, Argentina.
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Más de 6 millones de niños latinos en EEUU viven en la pobreza, revela investigación


29 SEPTIEMBRE 2011 HAGA UN COMENTARIO
Pew reporta que en 2010, 37.3 por ciento de los niños pobres en el país eran latinos, 30.5 blancos y 26.6 por ciento afroestadunidenses.
Pew reporta que en 2010, 37.3 por ciento de los niños pobres en el país eran latinos, 30.5 blancos y 26.6 por ciento afroestadunidenses.
Más de 6 millones de niños latinos en Estados Unidos viven en la pobreza, por primera vez superan al número de menores blancos pobres como consecuencia de la crisis económica que estalló en 2007, reportó hoy la Pew Hispanic Center al presentar los resultados de una investigación.
Según el informe, 6.1 millones de niños latinos viven ahora en la pobreza, por 5 millones de niños blancos y 4.4 millones de afroestadunidenses. De acuerdo con el censo de Estados Unidos, uno de cada cinco menores en este país vive ahora en la pobreza. Sin embargo, los niños afroestadunidenses aún padecen la tasa más alta de pobreza con 39 por ciento, comparado con 35 por ciento de latinos y 12 por ciento de blancos; eso implica que más de uno de cada tres niños son pobres.
El impacto de la recesión sobre la creciente población latina de este país elevó el número de niños latinos pobres a un ritmo dos veces más rápido que los afroestadunidenses, según el Pew. Con ello, agrega, el incremento de pobreza como resultado de la recesión pegó de manera especialmente dura a los menores latinos, y esto marca la primera vez en la historia de Estados Unidos que el grupo singular más grande de niños pobres no sea blanco.
Según el análisis basado en cifras del Censo, Pew reporta que en 2010, 37.3 por ciento de los niños pobres en el país eran latinos, 30.5 blancos y 26.6 por ciento afroestadunidenses.
El censo de 2010 contó un total de 50.5 millones de latinos (o hispanoscomo se identifican en el Censo) conformando el 16.3 por ciento de la población total de Estados Unidos. Pero casi uno de cada cuatro (23.1 por ciento) de los menores de edad del país es latino.
De los más de 6 millones de niños latinos pobres, más de dos tercios son hijos de padres inmigrantes, pero la abrumadora mayoría (86.2 por ciento) nació en Estados Unidos.
La tasa de desempleo entre los latinos, oficialmente, es de 11.1 por ciento, dos puntos más que la tasa nacional de 9.1 por ciento, y el desplome en el valor neto de riqueza en hogares latinos fue más fuerte que el de cualquier otro segmento demográfico en esta última recesión. De hecho, la riqueza medio de hogares latinos se desplomó 66 por ciento entre 2005 y 2009, indica un informe del Pew Research Center.
Todo esto contribuyó, obviamente, al incremento de 36.3 por ciento en la pobreza entre los menores latinos, al sumarse 1.6 millones a esas filas entre 2007 y 2010.

martes, 27 de septiembre de 2011

La crisis, los liderazgos y el futuro: el mundo del siglo XXI


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Los analistas conversan en un salón del Hotel Alvear.
ENTREVISTAS /  Khatchik DerGhougassian y Mariano Aguas, una charla a fondo. Dos de los referentes en política internacional más importantes del país conversaron sobre los dilemas actuales que afectan al mundo. El liderazgo de Barack Obama, los grupos radicalizados en Europa y los desafíos que enfrenta Sudamérica.
Por Romina Manguel y Deborah Maniowicz 

–La inestabilidad actual ¿es la respuesta a la globalización? 

Mariano Aguas: –La globalización no tiene por qué producir estabilidad o inestabilidad. Tal vez lo que nos muestra esta crisis es que las formas que adopta la globalización, o algunas de las formas que ha adoptado hasta ahora, se están agotando. La globalización existe y eso es innegable. Ahora, qué está pasando con la economía, qué está pasando con el sector financiero, cómo se desarrolló la Unión Europea... Sobre esas cosas sí podemos discutir modelos alternativos. 

Khatchik DerGhougassian: –Lo que se definió como globalización tuvo un sello del contexto histórico muy específico que terminó de definir el concepto. Hay algunos aspectos de lo que llamamos globalización que no van a cambiar con la crisis. Difícilmente el intercambio comercial deje de existir y volvamos a mundos cerrados. No hay indicios de que eso pase. Tampoco nadie puede pensar que mañana se va a terminar la comunicación por Internet, o el intercambio cultural que trajo la intensificación de las relaciones entre sociedades. Estos fenómenos de la globalización no van a cambiar, lo que sí va a cambiar son las relaciones de poder. Yo no veo, por lo menos a corto plazo, el fin de la unipolaridad en el sentido de que Estados Unidos deje de ser la potencia militar. No es previsible que esto cambie. Sí se puede empezar a ver la erosión de la unipolaridad y una globalización con una redefinición del equilibrio de poder con un tinte más regional. Similar a la visión del choque de civilizaciones: va a haber regiones compitiendo entre sí. Esto siempre y cuando haya un país central en la región y una voluntad de definir la identidad regional. Por ahora, Europa no está transmitiendo una señal positiva en este sentido, le falta un Estado central. 

–En Europa, ¿el Estado referente será aquel que se ponga al frente en esta crisis? 

Kh.DGh.: –El Estado que de alguna forma pueda generar consenso y proyectar la región en el contexto global, no para competir con Estados Unidos pero sí marcar presencia. 

–¿En qué país piensa? 

Kh.DGh.: –Yo estoy pensando fundamentalmente en el potencial que tiene Sudamérica más que en Europa. 

M.A.: –Europa es un poco más difícil porque lo que hay allí es un tándem entre Francia y Alemania. Sí podríamos decir que Alemania ha conseguido por vías económicas y pacíficas lo que en dos guerras no consiguió. Y ahí hay que sacarnos el sombrero porque el país ha conseguido cosas interesantes. Entre otras cosas, su propia reunificación y sus políticas de proyección balcánica. Han vuelto a tener un peso que habían perdido. Pero, de todas maneras, yo creo que esta centralidad esté absolutamente desligada de su partnership con Francia. Inclusive, cuando se habla de una zona del euro más fuerte y otra más débil se ve que hay como una pequeña zona blindada y el núcleo duro sigue siendo París-Berlín. 

Kh.DGh.: –Lo que está mostrando esta crisis es que Europa fue fundamentalmente el intento de crear un equilibrio entre lo político, lo social y lo económico. Pero no logró tener avances en lo político, tanto en la institucionalización como en la democratización y en la proyección internacional. Logró cambiar muchas cosas pero la esencia de las relaciones internacionales no. En este sentido, como la política de poder no desapareció con la globalización, lo que va a cambiar es la redistribución del poder, un poder más difuso, más regional. Todavía no me atrevo a decir multipolar porque existe un balance con Estados Unidos. 

M.A.: –Lo que pasa es que la construcción europea es mucho más colegiada. 

Kh.DGh.: –Claro, esa era la gran originalidad de Europa. Lo que pasa es que es algo utópico porque si ves el panorama político europeo, esas fuerzas más bien de centroizquierda hoy están totalmente al margen porque tuvieron su parte de responsabilidad, voluntaria o involuntariamente, para llegar a esta crisis porque estaban en el poder. Entonces, el temor es, y es ahí donde está el gran desafío de la crisis para Europa, ver si, eventualmente, la extrema derecha, en la forma más civilizada, no se va a plantear como la “salvadora” de esta situación. 

–Es peligrosa como hipótesis... 

Kh.DGh.: –Cuidado, no va a ser Jean-Marie Le Pen pero de esta extrema derecha también sale el terrorista de Oslo y tiene en su discurso elementos del antiguo antisemitismo, la nueva islamofobia. O sea, es una extrema derecha en gestación de una situación que aún no conocemos. 

–Con esta lógica, ¿España podría ser un laboratorio en el que podemos ver casi de manera inminente cuáles pueden ser las reacciones frente a la crisis y si el mundo va a virar a la derecha? 

M.A.: –La crisis española tiene una cosa bifronte porque por un lado la ciudadanía votó en las elecciones municipales al Partido Popular y hasta en Cataluña ganó la derecha. Pero por el otro lado, los indignados se movilizan y el PSOE, con Rubalcaba, ha empezado a ganar algunos puntos y hay un núcleo que está diciendo muy claramente: tenemos crisis, pero el Estado de Bienestar no se toca. Tal vez pueda surgir una derecha desde el punto de vista cultural pero no me imagino una derecha económica, neoliberal. Pude ser una derecha que tenga que ver más con un discurso político de orden, con la idea de reconstitución de la identidad europea, pero me parece que va a ser muy difícil que puedan desmantelar alegremente los logros del Estado de Bienestar. 

–¿No cree que está en juego el Estado de Bienestar? 

M.A.: –Esa es la tensión que estamos viviendo. Lo que está ocurriendo hoy en Londres está vinculado obviamente con recortes a los sectores más desprotegidos y hay mucha gente que está cuestionando que van a gastar un montón de dinero en las Olimpíadas cuando hay otras prioridades. 

–¿Y uno puede prever un cambio de paradigma en esta crisis del modelo? 

M.A.: –Normalmente, en los grandes momentos de cambio la academia aportó un libreto. La sensación que uno tiene ahora es que no hay un discurso tan armado, tan claro, como hubo en su momento con la alternativa al keynesianismo por parte del pensamiento neoliberal... No hay un Ludwin von Mises, un Hayek trabajando hace veinte años para presentar su libreto y llevarlo a la práctica. Reagan y Thatcher llegaron con un libreto, lo mismo pasó en los ’90 en la Argentina. Hoy estamos en una situación donde no tenemos hojas de ruta teóricas como para ver hacia dónde ir. 

Kh.DGh.: –Es que Europa trascendió al Estado territorial, por lo menos en lo que se refiere a las políticas sanitarias, pero no supo, o no quiso, trascenderlo en las políticas sociales, que siguen nacionales. Una perspectiva de ver esta crisis en Europa es también desde ese desbalance entre la continuidad del Estado de Bienestar en una lógica nacional, y una economía política que trascienda la soberanía nacional. Ese capítulo nunca se concretizó. Todavía no sabemos cómo puede ser un Estado de Bienestar que no sea el Estado-nación sino algo regional. Otro foco interesante es que antes se pensaba que la gran virtud de la democracia liberal era que los conflictos se resolvían en las elecciones, en los discursos y en los parlamentos, pero estas crisis llegaron a las calles. Eso es lo que pasa cuando se rompe un modelo. 

–Fuera del momento de movilización política clásico que son las elecciones. 

Kh.DGh.: –Absolutamente. Cómo van a absorber esta expresión de descontento en el contexto de la democracia, todavía no se ve. La extrema derecha, por ejemplo, no se moviliza así. No en Europa por lo menos. Votan a sus candidatos o aparecen casos extremos como ocurrió en Oslo. En Estados Unidos es al revés: la que se moviliza es la derecha del Partido Republicano, que tuvo la inteligencia de trasladar todo este activismo en votos. El centro se corrió más a la derecha. Entonces, los demócratas, al querer acomodarse, también se corrieron a la derecha. Esto se presentó en el Partido Demócrata con Clinton y en el Republicano con Newt Gingrich. Son los neoconservadores al poder. Cuando vino Obama, donde uno pensaba que el Partido Demócrata al ser más liberal y progresista iba a movilizar a la gente y aprovechar el momento, no lo hizo. Se acomodó. Y es el Tea Party quien no quiere consenso y piensa la política en términos ideológicos y de enfrentamiento. Por ahora, en Estados Unidos, el discurso dominante es que, a pesar de la crisis, no hay gente que salga a romper los vidrios. Yo no quiero hacer ninguna profecía ni nada, pero no hay ninguna garantía de que no se va a repetir. 

–En Estados Unidos, ese mismo votante fascinado por la figura de Obama ¿puede ser cooptado en estado de decepción por los sectores más radicalizados? 

Kh.DGh.: –Ese votante vive una decepción hoy. No puede ser cooptado por los sectores radicalizados pero al no votar cede el espacio. Y la militancia de los sectores más activistas de la derecha, del conservadurismo, nunca bajó la guardia. Siempre siguieron movilizándose, hasta en el momento más brillante de la popularidad de Obama. 

–¿Dónde está el caldo de cultivo del Tea Party? ¿De dónde surge el crecimiento de los últimos veinte años?

M.A.: –Ellos tienen un núcleo muy fuerte en lo que es la derecha cultural. No son sólo neoconservadores, la Rand Corporation. 

Kh.DGh.: –No es un think tank, es la capacidad del Partido Republicano de poder vincular o movilizar u orientar estas expresiones ideológicas de la derecha republicana hacia los votos. 

M.A.: –Ahí tenés un juego de diversos niveles: por un lado, tenés un conservadurismo cultural muy fuerte, que está por fuera de esta idea liberal, republicana y democrática. Además hay un montón de gente que está enojada con los chetos y vanguardias culturales de Nueva York, San Francisco y Chicago; y está el tipo que sostiene que el mundo está absolutamente en crisis y que lo único que nos salva es la Biblia. Es la desconfianza generalizada en determinados métodos democráticos. Y hoy la sociedad está en riesgo porque no sabemos qué va a ocurrir, si las pensiones van a servir, si la gente va a seguir conservando su trabajo... Son cuestiones que están minando de una manera muy fuerte la desconfianza en el sistema democrático y en la forma de hacer política. Por eso es que gran parte de estas manifestaciones que Khatchik mencionaba, se manifiestan de manera casi anómica, sin respaldo de un partido o un movimiento.

–Y un descreimiento en la clase política que alcanza a todas las regiones, porque desde Chile hasta España parecería ser un “que se vayan todos”. 

M.A.: –En Chile sí, pero tiene un condimento diferente porque parte de los problemas que atraviesa se los debe a sus propios presidentes. Los chilenos están llegando a niveles económicos que nunca tuvieron, grados de modernización que antes no tenían. Y a partir de ahí es que empiezan a replantearse ciertos modelos. Pero en parte, la revuelta pingüina está vinculada con el propio éxito del sistema, que obviamente ya no funciona. En cambio, lo que está pasando en las democracias más consolidadas es que hay una población cada vez más desconcertada: hay gente ultrapreparada de treinta años que no encuentra trabajo porque las mismas instituciones del Estado de Bienestar evitan que estos puedan entrar al mercado de trabajo. Además, hay un dato que va detrás de todo esto y es que la economía de los países más desarrollados está decreciendo respecto de los emergentes. Entonces, cada vez participan menos en la economía mundial. 

–¿Qué oportunidades representa este panorama para América latina? 

M.A.: –Es un desafío porque parte de estos países son clientes nuestros. De todas maneras, hay que hacer una distinción porque una cosa es Sudamérica y otra cosa es Latinoamérica. Los que relativamente estamos mejor somos los del mundo sudamericano. 

Kh.DGh.: –O el Cono Sur. 

M.A.: –Sí, la región andina tiene sus propios temas. Yo creo que se han dado una serie de cuestiones interesantes. Gobiernos muy pragmáticos que han sabido leer la crisis mundial sumado a que quieren, o les conviene, cooperar. Se está conformando algo y hay un proyecto político que va tomando forma. 

Kh.DGh.: –Ahí quiero hacer algunas aclaraciones para que no quede un entusiasmo un poco ingenuo. En primer lugar, yo desconfío de frases fuertes como “que se vayan todos”. Ontológicamente, no tiene sentido. Quizás ideológicamente da con la letra de anarquistas de izquierda o de derecha, pero, mientras exista la política, “que se vayan todos” no tiene sentido. En el caso de Estados Unidos, la desconfianza hacia ciertas instituciones y hacia la política en general también tiene mucho de mito. La política en Estados Unidos nació para ponerle frenos al poder excesivo, de ahí el famoso checks and balances. Hay algunas instituciones que hace tres décadas mantienen su credibilidad y nunca han cambiado. Lo más destacable es la institución militar después de Vietnam. En el momento en que los militares vuelven de Vietnam se da un proceso de reconciliación entre la sociedad y las fuerzas armadas. Se combinan la doctrina de Colin Powell en la época de Reagan, las películas, las inversiones, la retórica del triunfo de la Guerra Fría y el aumento del presupuesto... Que apenas se habla en el Congreso de cómo bajar el presupuesto de defensa.

–Pero sí en las calles... 

Kh.DGh.: –Pero en las calles tampoco hay desconfianza hacia los militares. 

–¿No hay una interpelación frente a la crisis económica de revisar los gastos? 
Kh.DGh.: –Pero nadie pone en primer plano el gasto militar. Nadie quiere tocarlo. 

–¿Ni siquiera después de Bush? 

Kh.DGh.: –Ni siquiera después de Bush. 

M.A.: –Sí la izquierda demócrata. 

Kh.DGh.: –Está bien, pero dónde están... Stiglitz escribió un libro y hay varios think tanks progresistas que hablan de cómo cortar el presupuesto, pero todos tienen un discurso muy prudente. Entonces, eso se mantiene, y de alguna forma se tiene que mantener, porque es el gran recurso de prestigio de Estados Unidos. Esto lo mantiene la clase política. O sea, los mismos políticos del Tea Party. No son outsiders. Hablan de la desconfianza del Congreso, pero hablan desde el Congreso. Lo que es interesante en el caso de los dos partidos es que en el Republicano hay movimientos que surgen y renuevan al partido y esto en el Demócrata no sucede. 

M.A.: –Obama pudo con éxito enamorar por un tiempo a los chicos jóvenes, que no votan, precisamente por el uso muy inteligente que tuvo de las redes y las nuevas tecnologías. 

Kh.DGh.: –Y la crisis. 

M.A.: –Claro. Mientras la base social republicana ha sido fortalecida por algunas políticas de centroderecha, la base social demócrata afrontó la exportación de empleo y el debilitamiento del sistema de ayuda pública. Esto ha puesto en términos precarios a gran parte del votante demócrata. Además, no hay que olvidarse que en Estados Unidos la clase media baja y el pobre no suelen votar. Esto favoreció a la clase media pudiente y a los enojados, representados por el Tea Party. Los costos de acción colectiva del Partido Demócrata son mucho más altos que los del Republicano. 

Kh.DGh.: –A pesar de todo esto, yo sigo creyendo que Obama, si no le va tan mal este año y dado que la oposición es bastante dispersa, podría ser reelecto. 

–¿Con estas cifras, con estos números de desempleo? 

Kh.DGh.: –Sí, porque no hay alternativa. 

–¿Comienza una nueva etapa en la presidencia de Obama? 

Kh.DGh.: –Depende. En el 2008 tenía la gran oportunidad de hacer algo distinto desde el primer día y prefirió la prudencia. Aunque hizo algunos cambios en defensa y en la CIA para que no le digan que es un presidente que no cuida la seguridad nacional. 

–Pero le cuestionan Guantánamo. 

Kh.DGh.: –No, no le cuestionan, los que lo cuestionan son los sectores académicos y algunos movimientos de libertades civiles. Pero no se debate en el Congreso. Volviendo a Sudamérica, no hay que apurarse en decir que vamos a poder superar los desafíos. Es muy temprano para hacer pronósticos. Es cierto que las economías de los países desarrollados están muy por debajo de los países emergentes, pero hoy en día la investigación en tecnología todavía está en Estados Unidos. No hay que caer en la ingenuidad de creer que la crisis necesariamente lleva a una racionalización de las políticas y a la corrección de errores. La crisis puede llevar a algo peor. 

M.A.: –Hay otro elemento latente que es la cuestión latina, que todavía no se sabe muy bien para dónde va. El latino, en Estados Unidos, no es un actor politizado con una identidad propia que va en contra del sueño americano. 

Kh.DGh.: –Su politización es a favor de su inclusión en la sociedad y no el cambio de la sociedad. Es más, los latinos que llegan al poder en Estados Unidos, con excepciones evidentemente, fueron los más derechistas de la administración de Bush. 

–¿Y cómo reaccionan al recrudecimiento de las políticas migratorias? 

Kh.DGh.: –No reaccionan. No creo que haya un lobby latino. 

M.A.: –Yo creo que puede haber, coyunturalmente, momentos en donde la comunidad latina, espasmódicamente, se junta y produce algo que después se disgregue otra vez. Y eso tiene que ver con cuestiones muy puntuales como la ley de Arizona, pero no hay un movimiento consolidado. Lo que si puede ocurrir es que genere un ruido, de vida muy corta, que en épocas de elecciones pueda ser importante. 

–¿Qué diferencias encuentran entre las crisis de Estados Unidos y Europa? 

Kh.DGh.: –La gran diferencia en términos políticos es que Estados Unidos es un país mientras que Europa representa a varios países. Otra diferencia es que estamos hablando de una experiencia que despertó mucho optimismo, en cuanto a la capacidad de los Estados de dejar atrás un pasado y construir algo nuevo donde, básicamente, la guerra desaparece como instrumento. La otra diferencia es que en Europa todavía hay una movilización social de los indignados mientras que en Estados no solamente no existen, sino que pasaron al espectro de la derecha republicana. 

M.A.: –En Estados Unidos hay una movilización para desmantelar el Estado de Bienestar mientras que en Europa tenés la movilización para mantenerlo. Además, la composición del espectro político es diferente. No hay que olvidarse de que la Europa de posguerra la construyeron los socialcristianos y los socialdemócratas. Y la cuestión religiosa juega un rol totalmente diferente en Estados Unidos y en Europa. 

–Y a ustedes, como analistas, ¿qué les preocupa? ¿En qué tema ponen el foco en la preocupación diaria? 

Kh.DGh.: –Yo, principalmente, sigo muy de cerca lo que está pasando en el Medio Oriente y luego todo lo vinculado al equilibrio de poder, guerras y seguridad internacional. En términos muy generales, lo que preocupa en esta crisis es una superpotencia con una elevada deuda pública y un presupuesto de defensa que equivale a todos los del resto del mundo. Esto es peligroso. En Estados Unidos no veo expectativas. ¿Qué es lo que se puede hacer? ¿A qué se puede aspirar más que a ser la superpotencia? Es muy difícil gestionar, administrar esa erosión que viene de la unipolaridad. 

M.A.: –Mi preocupación es más eurocéntrica. Me sorprende que en un país como Noruega haya pasado lo que ocurrió, que Italia esté hace tantos años en manos de un vendedor de corbatas como Berlusconi... Y yendo al tema de Estados Unidos, hablaría del mundo anglosajón. Yo creo que los anglosajones tienen una especie de sabiduría, sobre todo los británicos, bastante interesante. Y pienso que tal vez el viejo imperio que fue tenga algo que enseñarle a este nuevo imperio que está dejando de ser. Porque si bien Estados Unidos está en decadencia, representa cosas muy importantes para el concepto occidental. China es una factoría estupenda, pujante y maravillosa, pero todavía le falta muchísimo para ofrecer, desde el punto de vista de los valores, los derechos humanos y la democracia liberal. Mi miedo con Estados Unidos es que ellos dejen de creer en esos valores. Por eso es tan importante ver cómo el presidente Obama va a ir resolviendo ciertas cuestiones. Yo creo que si lo hace con cierto éxito hay optimismo. 

–En Estados Unidos, los dos coinciden en que Obama podría ser un líder político a la altura de las circunstancias. ¿Qué pasa en Europa? 

Kh.DGh.: –En Europa falta la figura de un hombre de Estado. 

M.A.: –Y la inestabilidad política, paradojalmente, viene de los que anuncian la antipolítica. O por lo menos la antipolítica democrática. 

–¿Por ejemplo? 

M.A.: –Los que más política hacen hoy en día son ciertos partidos xenófobos y ahí tenés el surgimiento de liderazgos como en Finlandia, Holanda y Dinamarca. 

Kh.DGh.: –Además, hay una diferencia entre Estados Unidos y Europa. A pesar de la frontera, la sociedad estadounidense no tiene un problema de inmigración. El multiculturalismo se ha resuelto. Europa todavía tiene ese problema. 

–¿A qué tipo de inmigración se refiere? 

Kh.DGh.: –El problema para Europa es el Islam y su proximidad con Medio Oriente. 

M.A.: –Cameron y Sarkozy dicen que el multiculturalismo ha fracasado. 

–¿Cómo analizan el papel actual de las Naciones Unidas? 

Kh.DGh.: –Las Naciones Unidas persisten pero desde hace mucho son inoperantes. 

–Sudamérica tampoco ve al organismo como una prioridad. 

Kh.DGh.: –No. A tal punto que uno empieza a preguntarse por qué tanta insistencia de parte de Brasil para ocupar un lugar. 

–Para terminar, haciendo una radiografía de este siglo, ¿creen que tiene alguna característica particular como han tenido otras épocas? 

Kh.DGh.: –Sinceramente no la veo. No es que este mundo se vaya a terminar mañana... Todavía es temprano para hablar de mundo multipolar pero yo, claramente, veo la formación de equilibrios de poder regionales. Todo depende de la capacidad de ciertos actores de generar consensos en torno a un proyecto en sus propias regiones. Y, en este sentido, Sudamérica es la región que, potencialmente, tiene todos los elementos para generar consenso en torno de algunos temas. Está al margen de todos los centros conflictivos, tiene tradiciones, recursos naturales y ha vivido la crisis antes de la crisis. El desafío es saber coordinar defensa y el medio ambiente, para no caer en la trampa de las privatizaciones y la dependencia. 

M.A.: –Tenemos el desafío de entender una situación que está cambiando con elementos analíticos del siglo XX y XIX, lo cual no es nada fácil. El mundo se está moviendo pero todavía no sabemos hacia dónde va. Se presenta una oportunidad que va a implicar sabiduría política y fuertes consensos. Y ahí yo tengo mis dudas respecto de la capacidad de nuestras elites políticas de armar consensos duraderos. 

Agradecimiento: Javier Fonseca (Regional Sales Manager de Leading Hotels) y Alvear Palace Hotel.