laorejagigante
sábado, 28 de marzo de 2015
Argentina 24 de Marzo de 1976
El 24 de Marzo de 1976 se instauraría en la Argentina la más sangrienta dictadura militar que sufriera ese pueblo hermano en su historia.
Más de 30 000 desaparecidos son la terrible cifra que dejaran atrás las Juntas Militares, quienes gobernaron el país hasta 1983 con el apoyo directo del Departamento de Estado de los Estados Unidos.
Durante el Gobierno de Nestor Kirchner se descalificaron los documentos secretos sobre los crímenes de la dictadura y fueron retirados los retratos de los dictadores de las galerías de ex gobernantes de Argentina.
Los juicios contra los cabecillas de las Juntas Militares culminarían el año pasado con la condena del Teniente General Jorge Rafale Videla a reclusión perpetua e inhabilitación absoluta perpetua con la accesoria de destitución como autor responsable de los delitos de homicidio agravado por alevosía reiterado en 16 casos, por homicidio agravado por alevosía y por el concurso de varias personas en 50 casos, por la privación ilegal de la libertad agravada por amenazas y violencias en 306 casos y por tormentos en 93 casos,
Lo recordamos hoy como testimonio de dolor y muerte de los pueblos latinoamericanos cuando los intereses de los Estados Unidos logran penetrar nuestras democracias.
Monseñor Romero Eduardo Galeano
Monseñor Romero
Eduardo Galeano
Eduardo Galeano
En la primavera de 1979, el arzobispo de El Salvador, Óscar Arnulfo Romero, viajó al Vaticano. Pidió, rogó, mendigó una audiencia con el papa Juan Pablo II:
—Espere su turno.
—No se sabe.
—Vuelva mañana.
—No se sabe.
—Vuelva mañana.
Por fin, poniéndose en la fila de los fieles que esperaban la bendición, uno más entre todos, Romero sorprendió a Su Santidad y pudo robarle unos minutos.
Intentó entregarle un voluminoso informe, fotos, testimonios, pero el Papa se lo devolvió:
—¡Yo no tengo tiempo para leer tanta cosa!
Y Romero balbuceó que miles de salvadoreños habían sido torturados y asesinados por el poder militar, entre ellos muchos católicos y cinco sacerdotes, y que ayer nomás, en vísperas de esta audiencia, el ejército había acribillado a veinticinco ante las puertas de la catedral. El jefe de la Iglesia lo paró en seco:
—¡No exagere, señor arzobispo!
Poco más duró el encuentro.
El heredero de san Pedro exigió, mandó, ordenó:
—¡Ustedes deben entenderse con el gobierno! ¡Un buen cristiano no crea problemas a la autoridad! ¡La Iglesia quiere paz y armonía!
Diez meses después, el arzobispo Romero cayó fulminado en una parroquia de San Salvador. La bala lo volteó en plena misa, cuando estaba alzando la hostia.
Desde Roma, el Sumo Pontífice condenó el crimen.
Se olvidó de condenar a los criminales.
Años después, en el parque Cuscatlán, un muro infinitamente largo recuerda a las víctimas civiles de la guerra. Son miles y miles de nombres grabados, en blanco, sobre mármol negro. El nombre del arzobispo Romero es el único que está gastadito.
Gastadito por los dedos de la gente.
El 24 de marzo de 1980 Monseñor Oscar Arnulfo Romera sería asesinado por la oligarquía salvadoreña y la dictadura militar financiada por los Estados Unidos. A partir de ese asesinato se prolongarían más de una década de resistencia popular contra la Dictadura Miliar. Los acuerdos de paz incluirían el tránsito a la democracia con la participación del Frente Farabundo Martí a los procesos electorales con plenos derechos.
Actualmente el FMLN gobierna El Salvador y Oscar Arnulfo Romero será declarado por el Papa Francisco como Mártir de la Iglesia Católica.
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!["Monseñor Romero
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En la primavera de 1979, el arzobispo de El Salvador, Óscar Arnulfo Romero, viajó al Vaticano. Pidió, rogó, mendigó una audiencia con el papa Juan Pablo II:
—Espere su turno.
—No se sabe.
—Vuelva mañana.
Por fin, poniéndose en la fila de los fieles que esperaban la bendición, uno más entre todos, Romero sorprendió a Su Santidad y pudo robarle unos minutos.
Intentó entregarle un voluminoso informe, fotos, testimonios, pero el Papa se lo devolvió:
—¡Yo no tengo tiempo para leer tanta cosa!
Y Romero balbuceó que miles de salvadoreños habían sido torturados y asesinados por el poder militar, entre ellos muchos católicos y cinco sacerdotes, y que ayer nomás, en vísperas de esta audiencia, el ejército había acribillado a veinticinco ante las puertas de la catedral. El jefe de la Iglesia lo paró en seco:
—¡No exagere, señor arzobispo!
Poco más duró el encuentro.
El heredero de san Pedro exigió, mandó, ordenó:
—¡Ustedes deben entenderse con el gobierno! ¡Un buen cristiano no crea problemas a la autoridad! ¡La Iglesia quiere paz y armonía!
Diez meses después, el arzobispo Romero cayó fulminado en una parroquia de San Salvador. La bala lo volteó en plena misa, cuando estaba alzando la hostia.
Desde Roma, el Sumo Pontífice condenó el crimen.
Se olvidó de condenar a los criminales.
Años después, en el parque Cuscatlán, un muro infinitamente largo recuerda a las víctimas civiles de la guerra. Son miles y miles de nombres grabados, en blanco, sobre mármol negro. El nombre del arzobispo Romero es el único que está gastadito.
Gastadito por los dedos de la gente.
El 24 de marzo de 1980 Monseñor Oscar Arnulfo Romera sería asesinado por la oligarquía salvadoreña y la dictadura militar financiada por los Estados Unidos. A partir de ese asesinato se prolongarían más de una década de resistencia popular contra la Dictadura Miliar. Los acuerdos de paz incluirían el tránsito a la democracia con la participación del Frente Farabundo Martí a los procesos electorales con plenos derechos.
Actualmente el FMLN gobierna El Salvador y Oscar Arnulfo Romero será declarado por el Papa Francisco como Mártir de la Iglesia Católica."](https://scontent-mia.xx.fbcdn.net/hphotos-xtf1/v/t1.0-9/s526x296/10423758_876248519087514_627713923485341954_n.jpg?oh=3e67efa7fe42b7dc7ef091c3e31591ea&oe=55A6A1F6)