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| 23:01h. del Viernes, 1ro de febrero de 2008 | ||
Ante la campaña de vacunación contra el virus del papiloma humano en chicas de 12 a 16 años y considerando que los ciudadanos hemos sido parcialmente informados sobre el tema, quiero aportar unos datos significativos para conocimiento general y de los padres en particular, que son quiénes tienen que tomar la decisión de vacunar o no a sus hijas. En los últimos meses, hemos vivido una campaña promovida por la administración sanitaria, utilizando diversos medios de comunicación y propaganda, cuyo propósito ha sido la vacunación generalizada de las adolescentes en los institutos. Esta campaña ha sido repentina y precipitada. Las alarmantes cifras propagadas han creado una sensación de miedo desproporcionada. De esta manera, en muy poco tiempo, pasó a ser prioritario algo que no lo era a principios de 2007, cuando la entonces ministra de Sanidad, Elena Salgado, declaraba:”No es un problema urgente (…) España es uno de los países con menor incidencia de este tipo de cáncer (…) Tenemos pocos casos y se suelen detectar de manera temprana por lo que los porcentajes de curación son muy altos” (elmundo.es 14/03/2007) Con el inicio de la campaña en los institutos, los padres han debido optar de manera precipitada entre vacunar o no a sus hijas, con el miedo a las consecuencias que pueda acarrear su decisión. Sin embargo, habrá que esperar bastante tiempo para conocer el impacto de esta vacuna ya que, cómo manifestó Elena Salgado: “La efectividad real de la vacuna sólo se conocerá dentro de 35 años.” La urgencia de esta campaña de vacunación ha sido cuestionada por la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria. La CAPS, asociación científica socio –sanitaria, aloja en su Web una lista que, de momento, agrupa a 3486 firmantes: médicos, profesionales de la salud y particulares que piden una moratoria sobre la medida. Los argumentos principales citados por estos colectivos son los siguientes: Parecería razonable, ante las numerosas dudas surgidas, haber reflexionado sobre la oportunidad de la campaña. Sin embargo, en su momento, comenzaron las presiones políticas. El consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, Manuel Lamela, anunció que incluiría la vacuna en el calendario de vacunación, independientemente de lo que hiciera el Ministerio de Sanidad. Después, se unió a la medida Navarra, más tarde Canarias… La vacunación se convirtió en un instrumento de pulso político, una bandera de “modernidad” y de “progreso” dentro de una carrera por ser el primero en adoptarla. El 6 de Julio de 2007, Elena Salgado fue sustituida en su cargo por Bernat Soria despidiéndose “visiblemente afectada”. La patronal de la industria, expresó “su satisfacción por el perfil científico-investigador” del nuevo responsable de Sanidad e interpretó el nombramiento cómo “un claro signo del Gobierno a favor de la investigación biomédica, actividad en la cual los laboratorios científicos se sienten totalmente comprometidos.” (Correo Farmacéutico del 06/07/2007) El Consejo de Ministros autorizó la comercialización de la vacuna el 24 de Agosto de 2007 y Maria Teresa Fernández de la Vega anunció entonces que esta decisión podía situar a España “a la vanguardia en las técnicas de prevención y en el grupo de países europeos punteros en las políticas públicas de salud”. El 10 de octubre, se reunió el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud; el nuevo ministro logró su aprobación en el calendario de vacunación, con la unanimidad de todas las CCAA. Lo que, a nivel sanitario, no era urgente meses antes se había vuelto inaplazable a nivel político. Aparte de los intereses partidistas de nuestros gobernantes, hay otro sector que tiene obviamente mucho que ganar con la generalización de la vacunación… Algunos analistas prevén que las ventas anuales del Gardasil (nombre comercial de la vacuna) superarán los 3000 millones de dólares dentro de los próximos años. No es de extrañar pues que para conseguir tales cifras de ventas, los laboratorios que la comercializan, Sanofi-Pasteur y Merck Sharp &Dohme (MSD) hayan multiplicado sus esfuerzos de marketing y de lobbying . En Estados Unidos, ejercieron presiones en instancias gubernamentales para promover en el país la vacunación obligatoria de las chicas a partir de los 9 años. Lo tuvieron que dejar ante una oposición importante cuando se desveló su táctica. El Washington Post publicó el 22 de febrero de 2007 que el 16 de octubre de 2006, el gobernador de Texas, Rick Perry, reunió a su Gabinete para estudiar la importancia de la vacunación obligatoria el mismo día en que recibía un “donativo” de 5000 dólares del laboratorio Merck para apoyar su campaña de reelección: Texas se convirtió en el primer estado americano en imponer por decreto la vacuna del VPH. Es notorio en Estados Unidos que las empresas farmacéuticas, que figuran entre las más ricas del mundo, tienen una influencia económica preponderante en el ámbito político, participando habitualmente en la financiación de las campañas electorales. Las principales instituciones de investigación médica, de información y de control sobre los medicamentos reciben importantes aportes económicos de ellas: universidades, revistas científicas, organismos reguladores… Merck organizó y pagó la primera Cumbre Global sobre el Cáncer de Cervix en París en marzo de 2007. En Europa y en Estados Unidos, se ha denunciado repetidamente la estrecha relación entre las empresas farmacéuticas y algunos agentes expertos de diferentes organismos de control y evaluación de los medicamentos. Estos últimos años, se suspendieron las ventas de varios medicamentos ante las graves e incluso fatales consecuencias que provocaron en el mundo. En el caso del Vioxx, anti- inflamatorio estrella comercializado por Merck a partir de 1999, y cuya venta se suspendió en 2004, una de las revistas científicas más prestigiosas, The New England Journal of Medicine, el 8 de Diciembre de 2005, acusó al fabricante de haber conocido tres muertes por infarto y varios problemas cardiovasculares y de haberlos “omitido” en la copia final del ensayo que mandaron a publicar en la revista. En Noviembre del año pasado, la prensa publicó que Merck pagaría 4850 millones de dólares (3302 millones de euros) para zanjar 26000 pleitos que representan a cerca de 47000 demandantes que acusan al Vioxx de ser responsable de miles de ataques al corazón, derrames cerebrales, embolias pulmonares, trombosis venosas y muertes. Este mismo laboratorio fracasó recientemente en su intento de crear una vacuna contra el virus del sida. Los importantes beneficios obtenidos con la comercialización del Gardasil permitirán compensar buena parte de las pérdidas económicas conllevadas por estos fracasos. Sabiendo todo lo anterior, la pregunta es: ¿tienen las adolescentes todas las garantías de que esta vacuna va a ser beneficiosa para su salud? La vacuna esta presentada como muy segura, sin apenas efectos secundarios, pero, en Estados Unidos, dónde se aplica desde junio de 2006 y según recoge el VAERS (Vaccine Adverse Events Reporting System, registro público de datos sobre los efectos adversos de las vacunas) (al cual se puede acceder desde Internet buscando “Examine VAERS Database HPV4”), se han notificado hasta hoy 4541 efectos secundarios, entre ellos 11 muertes y 82 reacciones peligrosas para la vida. Y eso que el VAERS, según las fuentes oficiales, recoge como máximo un 10% de los efectos secundarios ocurridos. Una parte significativa de ellos no es mencionada por el laboratorio: síncopes, convulsiones, síndrome de Guillain-Barré (parálisis), abortos espontáneos en mujeres embarazadas… A nivel de la Unión Europea y según la información publicada en el Correo Farmacéutico del 28/01/2008, la EMEA, agencia europea del medicamento, ha recibido informes sobre las muertes repentinas de dos jóvenes vacunadas con Gardasil en Austria y Alemania. Diane M. Harper, científica que ha liderado durante veinte años la investigación sobre la vacuna contra el papiloma humano, hablando sobre la campaña de vacunación en Estados Unidos utiliza los términos de “gran experimento público de salud”, argumentando que la eficacia de la vacuna no ha sido estudiada en las chicas jóvenes de menos de 15 años. Creo que, si queremos tener algún control sobre nuestro poder de decisión en un tema tan esencial como el de nuestra propia salud, en este mundo donde los intereses económicos son cada día más importantes en todos los sectores, nos incumbe , personalmente y en colaboración, buscar una información amplia y completa . Solo así, podremos elegir libremente y en plena conciencia lo que queremos para proteger nuestra vida y la de los nuestros. Solo así podremos tomar nuestras decisiones. |
laorejagigante
martes, 4 de octubre de 2011
Lo que no nos cuentan sobre la vacuna del papiloma humano
Boleto universitario: más de cien estudiantes ya tienen su carnet DIAGONALES / Fuerte reclamo para que se incorporen las líneas interurbanas
Unos 500 estudiantes de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y la Universidad Tecnológica 
Sergio Cardozo, uno de los primeros estudiantes universitarios que ayer se retiró con su carnet para disfrutar del beneficioNacional (UTN) se acercaron ayer a la oficina municipal encargada de tramitar los boletos a un peso para los universitarios. De ellos, algo más un centenar culminó el trámite y se retiró con el carnet que acredita su condición. Y menos aún ya adquirieron la tarjeta magnética y usaron el servicio en las líneas Sur, Este, Oeste, Norte, 506, 508, 518 y 561.
Federico Biucca viaja de lunes a viernes en uno de los ramales de la línea Sur. Vive en la zona de 19 y 60 y cursa el tercer año de la carrera de Derecho, en la facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales. “Le voy a dar un uso intensivo a este servicio, que será de una gran ayuda”, dice. Ayer se retiro con el carnet, pero todavía no compró la tarjeta interlíneas.
La mayor parte de los alumnos universitarios, no obstante, sólo consultó sobre los requisitos, y recibió las planillas que deberán devolver completas: una con los datos personales, diseñada con los rostros de los desaparecidos de la “Noche de los Lápices” de fondo, y otra con los horarios de las cursadas.
Abigail Enrique vive en el Barrio Aeropuerto, y tiene un viaje largo todo los días para concretar sus aspiraciones de contadora. Están tercer año de la carrera. Toma la línea Este y ayer se fue de la oficina apurada para intentar cumplimentar los trámites antes de la cinco de la tarde, cuando cerraba la oficina. “Tengo que ir al departamento Alumnos para que certifiquen las cursadas”, explicó a la pasada.
Además de las planillas, los estudiantes deben llevar la libreta universitaria, una fotocopia del DNI, el certificado de alumno regular y dos fotos carnet. Para quienes no posean las fotos, la oficina cuenta con cámara para tomárselas.
La compra de las tarjetas magnéticas con el crédito para la cantidad de boletos que acrediten los estudiantes en el certificado de cursada, se adquiere en el mismo sitio. Y el uso del boleto universitario tendrá vigencia de lunes a viernes de 7 a 23, y lo sábados hasta las 15.
Daniela Romaniga gasta por lo menos $3,80 por día para venir y volver a City Bell, donde vive, hasta la facultad de Ciencias Económicas, donde estudia desde hace dos años. Se retiró de la Oficina desilusionada porque el boleto universitario no la beneficia. “Yo tomo el 273, y me parece injusto que no nos tengan en cuenta”, dice antes de irse con las manos vacías.
El reclamo de la chica, sin embargo no es aislado. E incluye a los responsables de a dependencia municipal que abrieron una planilla para juntar firmas con las que peticionar que las líneas interurbanas, como la 273, 307, 202, 214 y 275 se sumen al sistema. “Les explicamos que por ahora alcanza sólo a las líneas de jurisdicción local”, indicó Matías González, el director de Asuntos Universitarios de la Municipalidad.
Ese planteo, de todos modos, fue uno de los datos salientes de la jornada. Copias de la planilla que los estudiantes firmaron en la oficina ubicada en el Pasaje Dardo Rocha (7 y 50) se remitieron a todas las facultades. El objetivo es juntar el mayor número de fimas para que la Comuna peticione ante la Dirección de Transporte provincial.
Augusto Ardiles, alumno de primer año de derecho completó ayer su trámite y se retiro con carnet y tarjeta magnética con crédito para 20 boletos, con lo que se aseguró viajes hasta mediados de mes. Vive en 21 y 60 y utiliza la línea Sur. “Aunque sea mínima, es una ayuda económica que sirve”, dijo.
La Oficina seguirá realizando los trámites entre las 7 y las 17.
Sergio Cardozo, uno de los primeros estudiantes universitarios que ayer se retiró con su carnet para disfrutar del beneficioNacional (UTN) se acercaron ayer a la oficina municipal encargada de tramitar los boletos a un peso para los universitarios. De ellos, algo más un centenar culminó el trámite y se retiró con el carnet que acredita su condición. Y menos aún ya adquirieron la tarjeta magnética y usaron el servicio en las líneas Sur, Este, Oeste, Norte, 506, 508, 518 y 561.
Federico Biucca viaja de lunes a viernes en uno de los ramales de la línea Sur. Vive en la zona de 19 y 60 y cursa el tercer año de la carrera de Derecho, en la facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales. “Le voy a dar un uso intensivo a este servicio, que será de una gran ayuda”, dice. Ayer se retiro con el carnet, pero todavía no compró la tarjeta interlíneas.
La mayor parte de los alumnos universitarios, no obstante, sólo consultó sobre los requisitos, y recibió las planillas que deberán devolver completas: una con los datos personales, diseñada con los rostros de los desaparecidos de la “Noche de los Lápices” de fondo, y otra con los horarios de las cursadas.
Abigail Enrique vive en el Barrio Aeropuerto, y tiene un viaje largo todo los días para concretar sus aspiraciones de contadora. Están tercer año de la carrera. Toma la línea Este y ayer se fue de la oficina apurada para intentar cumplimentar los trámites antes de la cinco de la tarde, cuando cerraba la oficina. “Tengo que ir al departamento Alumnos para que certifiquen las cursadas”, explicó a la pasada.
Además de las planillas, los estudiantes deben llevar la libreta universitaria, una fotocopia del DNI, el certificado de alumno regular y dos fotos carnet. Para quienes no posean las fotos, la oficina cuenta con cámara para tomárselas.
La compra de las tarjetas magnéticas con el crédito para la cantidad de boletos que acrediten los estudiantes en el certificado de cursada, se adquiere en el mismo sitio. Y el uso del boleto universitario tendrá vigencia de lunes a viernes de 7 a 23, y lo sábados hasta las 15.
Daniela Romaniga gasta por lo menos $3,80 por día para venir y volver a City Bell, donde vive, hasta la facultad de Ciencias Económicas, donde estudia desde hace dos años. Se retiró de la Oficina desilusionada porque el boleto universitario no la beneficia. “Yo tomo el 273, y me parece injusto que no nos tengan en cuenta”, dice antes de irse con las manos vacías.
El reclamo de la chica, sin embargo no es aislado. E incluye a los responsables de a dependencia municipal que abrieron una planilla para juntar firmas con las que peticionar que las líneas interurbanas, como la 273, 307, 202, 214 y 275 se sumen al sistema. “Les explicamos que por ahora alcanza sólo a las líneas de jurisdicción local”, indicó Matías González, el director de Asuntos Universitarios de la Municipalidad.
Ese planteo, de todos modos, fue uno de los datos salientes de la jornada. Copias de la planilla que los estudiantes firmaron en la oficina ubicada en el Pasaje Dardo Rocha (7 y 50) se remitieron a todas las facultades. El objetivo es juntar el mayor número de fimas para que la Comuna peticione ante la Dirección de Transporte provincial.
Augusto Ardiles, alumno de primer año de derecho completó ayer su trámite y se retiro con carnet y tarjeta magnética con crédito para 20 boletos, con lo que se aseguró viajes hasta mediados de mes. Vive en 21 y 60 y utiliza la línea Sur. “Aunque sea mínima, es una ayuda económica que sirve”, dijo.
La Oficina seguirá realizando los trámites entre las 7 y las 17.
Comida étnica como en casa
SOCIEDAD /
Tres familias migrantes de la India, México y Perú abrieron las puertas de su hogar para mostrar la cara cotidiana y real de las gastronomías de moda en Buenos Aires.
Por María Florencia Pérez
Los Verma, de la India a Belgrano
Un día al año las mujeres de la familia de Khileshwar (56) y Sumati (53) hacen un ayuno. Las solteras lo hacen para pedir un buen esposo. Las casadas, como Sumati, en honor a sus maridos. Es que para los hindúes los matrimonios son sagrados y hay que procurar su salud física, mental y espiritual. Para eso hay que dejar de comer, limpiar los sentidos y estar perceptivo. Hay que conectarse con Dios. Hoy es el día después del ayuno, la ceremonia en que ellas visten sus saris de fiesta y ellos cocinan para todos.
Los invitados se descalzan y se sientan en el piso. Los diálogos son breves y amables. Las palabras se pronuncian en hindú. Frente al balcón que da a la calle Amenábar hay un altar con imágenes y velas para adorar a Shiva. Afuera, el barrio de Belgrano, pero podría ser Nueva Delhi.
La presencia de Jogeshwar (85) y Shail (78), los padres de Sumati que hace quince años no venían a la Argentina le aporta aun más significado a la ocasión. Los chicos de la familia no se dirigen a ellos sin antes hacerles una reverencia a sus pies y se mantienen callados mientras los adultos conversan. Al igual que sus mayores son vegetarianos y les llama la atención la aversión que sus compañeros de colegio tienen por los sabores picantes. "Es en lo único en que me siento distinto a los demás", asegura Harsh (13), sobrino de los dueños de casa.
"Cuando llegamos a la Argentina con Sumati, en 1983, el vegetarianismo era una rareza", explica Khileshwar. "Los argentinos creían que sin carne no se podía vivir. Pensaban que nosotros sólo comíamos lechuga y acelga", agrega entre risas. Nada más lejos. La cocina de la India es muy variada en ingredientes, sabores y texturas. Por eso, en esos tiempos, para esta familia recién llegada eran muy frustrante hacer las compras cotidianas. "Sólo encontrábamos unas pocas especias: picantes y comino. Pero, por suerte, los argentinos fueron incorporando otras cosas. Los médicos empezaron a hablar de la importancia de comer fibras y nuestra dieta se hizo más popular. Ya se consiguen más cereales y verduras que antes y nosotros empezamos a importar alimentos de la India porque ahora existe una demanda local de esos productos", comenta Khileshwar.
El desayuno de los Verma es liviano. Todas las mañana toman chai (un té con clavo, jengibre, cardamomo y canela), leche, pan y galletitas. Para el almuerzo, un plato que incluye verduras, legumbres, pickles y cereales. "Es la comida más fuerte que hacemos. Al mediodía el fuego digestivo está óptimo para la absorción de alimentos. Se asimilan mejor los nutrientes", explica Sumati que es experta en alimentación ayurvédica, un antiguo sistema de medicina hindú.
La tradición indica que se come descalzo y sin tenedor. Por eso para entrar a la cocina y antes de cada comida se impone un requisito: hay que lavarse las manos y los pies. "Es muy diferente el sabor de los alimentos cuando se come con la mano. Además se aprecia mejor su temperatura", argumenta Khileshwar. Sólo beben agua y, entre comidas, leche de almendras con menta y azafrán o limonada.
Los Verma saben que la gastronomía de su país está de moda y les gustan los restaurantes indios de Buenos Aires, aunque piensan que las comidas más típicas siempre son más ricas en casa. De la dieta porteña sólo incorporaron los ravioles, las pizzas y las empanadas. "Pero las de carne, jamás", aclaran.
Sus hijos, los veinteañeros Rishi y Richa, nacieron en la Argentina y están más adaptados al paladar y los hábitos locales. "Ellos están más mezclados con la sociedad. Los indios somos una comunidad pequeña. Sólo unas sesenta familias en capital y recién ahora, en las nuevas generaciones, empiezan a verse los matrimonios mixtos". A Khileshwar lo asusta la posibilidad de que esas parejas no sean tan duraderas, que tengan hijos y que se separen, que las familias se rompan. "Me da miedo porque en mi cultura eso no se ve", asegura. Es que para los hindúes los matrimonios duran 7 vidas durante las que se prodigan amorosos cuidados, rituales y atención. Por eso, hoy, después de las privaciones de un día de ayuno y una ceremonia religiosa, comerán en familia pero antes de probar bocado, reservarán un poco de comida en un plato pequeño como una ofrenda a Dios.
Los Romero, del DF a Palermo
Es viernes a las siete de la tarde, y en la calle Demaría hay fiesta. Los vecinos bajaron de sus departamentos y los curiosos detuvieron su recorrido para escuchar a los Mariachis que Víctor (38) llevó a la puerta de su casa. Suenan guitarras, violines, trompetas. Se impone un nuevo nombre para el barrio con más subdivisiones del mapa porteño: ha nacido "Palermo Jalisco". Desde el balcón del tercer piso, Gabriela (39) y sus dos hijas, Daniela (11) y Valeria (6), escuchan la serenata. Hoy hace tres años que las "chavas" de la familia dejaron el Distrito Federal y se instalaron en Buenos Aires para acompañar al hombre que ahora se ha puesto de rodillas en la vereda para cantarle a su mujer.
La fiesta continúa puertas adentro. Hay boleros, rancheras, baile, besos, fotos y, por supuesto, tequila. Para comer, totopitos con guacamole y fajitas con pollo empanizado. Esto de tener diez Mariachis cantando en el living es excepcional, el menú no. En casa de los Romero todos los días se come comida mexicana y más aun cuando los visitan amigos locales.
"A los argentinos les encanta venir a casa. Entre tragos y platos se terminan yendo a las cinco de la mañana. Es que el mexicano muestra su hospitalidad a través de la comida", explica Gabriela y en seguida ofrece un "coctelito". Las Palomas son muy populares en su país. Llevan tequila, jugo de pomelo, limón, hielo y sal. "Acá sólo conocen las Margaritas", se quejan. En materia de bebidas, los Romero adoptaron el Malbec argentino, pero no lo recomiendan para maridar sus comidas. "Son demasiado condimentadas, preferimos una Quilmes", aporta Daniela. Su paladar también le dio el visto bueno al asado y las empanadas, pero siempre con un toque de sabor de su país. "Yo soy fanático de la colita de cuadril y el ojo de bife, pero a mi gusto le falta sazón y sal. Les pondría unos frijolitos con picante o cilantro", propone Víctor.
El gusto por el picante no tiene límites de edad. Daniela y Valeria traen sus golosinas favoritas: unos caramelos de tamarindo que encienden la boca. A sus compañeros de escuela les encantan, a las chicas no. Son dulces sólo aptos para machotes. "La gente piensa que a los mexicanos no nos pican las salsas", interviene Víctor. "Pero la salsa es un reto para nosotros. Cuanto más picante, más rico el platillo. Y hay veces que no puedes seguir comiendo porque estás enchiladísimo y sigues por orgullo".
De los restaurantes mexicanos que hay en Buenos Aires sólo les gusta uno: La fábrica del taco. "Es de un mexicano que en su base de operación incluyó traerse dos taqueros. Los demás fallan por falta de ingredientes", decreta Víctor. "Hasta las tortillas saben y huelen diferentes de las originales. Es que el maíz que usan en la Argentina no es el mismo, es más dulce", explica su mujer. También la preocupa desterrar un mito: los burritos no son de su país: "En México no existen. Son un invento de los Estados Unidos. Son Tex Mex". Orgullosos, comentan que el año pasado la comida mexicana fue declarada patrimonio cultural inmaterial de la humanidad por la ONU. Pueden hablar extensamente sobre la diversidad regional y la historia milenaria de su gastronomía. "Somos muy nacionalistas los mexicanos", define Víctor. "Idolatramos nuestra cultura, nuestros símbolos patrios. Hay algo en que no nos parecemos nada a los argentinos. Aunque no tengamos trabajo, no estemos con el gobierno de turno, aunque nos vaya muy mal, nunca jamás insultamos a nuestro país".
Fotos Margarita Fractman
Los Verma, de la India a Belgrano
Un día al año las mujeres de la familia de Khileshwar (56) y Sumati (53) hacen un ayuno. Las solteras lo hacen para pedir un buen esposo. Las casadas, como Sumati, en honor a sus maridos. Es que para los hindúes los matrimonios son sagrados y hay que procurar su salud física, mental y espiritual. Para eso hay que dejar de comer, limpiar los sentidos y estar perceptivo. Hay que conectarse con Dios. Hoy es el día después del ayuno, la ceremonia en que ellas visten sus saris de fiesta y ellos cocinan para todos.
Los invitados se descalzan y se sientan en el piso. Los diálogos son breves y amables. Las palabras se pronuncian en hindú. Frente al balcón que da a la calle Amenábar hay un altar con imágenes y velas para adorar a Shiva. Afuera, el barrio de Belgrano, pero podría ser Nueva Delhi.
La presencia de Jogeshwar (85) y Shail (78), los padres de Sumati que hace quince años no venían a la Argentina le aporta aun más significado a la ocasión. Los chicos de la familia no se dirigen a ellos sin antes hacerles una reverencia a sus pies y se mantienen callados mientras los adultos conversan. Al igual que sus mayores son vegetarianos y les llama la atención la aversión que sus compañeros de colegio tienen por los sabores picantes. "Es en lo único en que me siento distinto a los demás", asegura Harsh (13), sobrino de los dueños de casa.
"Cuando llegamos a la Argentina con Sumati, en 1983, el vegetarianismo era una rareza", explica Khileshwar. "Los argentinos creían que sin carne no se podía vivir. Pensaban que nosotros sólo comíamos lechuga y acelga", agrega entre risas. Nada más lejos. La cocina de la India es muy variada en ingredientes, sabores y texturas. Por eso, en esos tiempos, para esta familia recién llegada eran muy frustrante hacer las compras cotidianas. "Sólo encontrábamos unas pocas especias: picantes y comino. Pero, por suerte, los argentinos fueron incorporando otras cosas. Los médicos empezaron a hablar de la importancia de comer fibras y nuestra dieta se hizo más popular. Ya se consiguen más cereales y verduras que antes y nosotros empezamos a importar alimentos de la India porque ahora existe una demanda local de esos productos", comenta Khileshwar.
El desayuno de los Verma es liviano. Todas las mañana toman chai (un té con clavo, jengibre, cardamomo y canela), leche, pan y galletitas. Para el almuerzo, un plato que incluye verduras, legumbres, pickles y cereales. "Es la comida más fuerte que hacemos. Al mediodía el fuego digestivo está óptimo para la absorción de alimentos. Se asimilan mejor los nutrientes", explica Sumati que es experta en alimentación ayurvédica, un antiguo sistema de medicina hindú.
La tradición indica que se come descalzo y sin tenedor. Por eso para entrar a la cocina y antes de cada comida se impone un requisito: hay que lavarse las manos y los pies. "Es muy diferente el sabor de los alimentos cuando se come con la mano. Además se aprecia mejor su temperatura", argumenta Khileshwar. Sólo beben agua y, entre comidas, leche de almendras con menta y azafrán o limonada.
Los Verma saben que la gastronomía de su país está de moda y les gustan los restaurantes indios de Buenos Aires, aunque piensan que las comidas más típicas siempre son más ricas en casa. De la dieta porteña sólo incorporaron los ravioles, las pizzas y las empanadas. "Pero las de carne, jamás", aclaran.
Sus hijos, los veinteañeros Rishi y Richa, nacieron en la Argentina y están más adaptados al paladar y los hábitos locales. "Ellos están más mezclados con la sociedad. Los indios somos una comunidad pequeña. Sólo unas sesenta familias en capital y recién ahora, en las nuevas generaciones, empiezan a verse los matrimonios mixtos". A Khileshwar lo asusta la posibilidad de que esas parejas no sean tan duraderas, que tengan hijos y que se separen, que las familias se rompan. "Me da miedo porque en mi cultura eso no se ve", asegura. Es que para los hindúes los matrimonios duran 7 vidas durante las que se prodigan amorosos cuidados, rituales y atención. Por eso, hoy, después de las privaciones de un día de ayuno y una ceremonia religiosa, comerán en familia pero antes de probar bocado, reservarán un poco de comida en un plato pequeño como una ofrenda a Dios.
Los Romero, del DF a Palermo
Es viernes a las siete de la tarde, y en la calle Demaría hay fiesta. Los vecinos bajaron de sus departamentos y los curiosos detuvieron su recorrido para escuchar a los Mariachis que Víctor (38) llevó a la puerta de su casa. Suenan guitarras, violines, trompetas. Se impone un nuevo nombre para el barrio con más subdivisiones del mapa porteño: ha nacido "Palermo Jalisco". Desde el balcón del tercer piso, Gabriela (39) y sus dos hijas, Daniela (11) y Valeria (6), escuchan la serenata. Hoy hace tres años que las "chavas" de la familia dejaron el Distrito Federal y se instalaron en Buenos Aires para acompañar al hombre que ahora se ha puesto de rodillas en la vereda para cantarle a su mujer.
La fiesta continúa puertas adentro. Hay boleros, rancheras, baile, besos, fotos y, por supuesto, tequila. Para comer, totopitos con guacamole y fajitas con pollo empanizado. Esto de tener diez Mariachis cantando en el living es excepcional, el menú no. En casa de los Romero todos los días se come comida mexicana y más aun cuando los visitan amigos locales.
"A los argentinos les encanta venir a casa. Entre tragos y platos se terminan yendo a las cinco de la mañana. Es que el mexicano muestra su hospitalidad a través de la comida", explica Gabriela y en seguida ofrece un "coctelito". Las Palomas son muy populares en su país. Llevan tequila, jugo de pomelo, limón, hielo y sal. "Acá sólo conocen las Margaritas", se quejan. En materia de bebidas, los Romero adoptaron el Malbec argentino, pero no lo recomiendan para maridar sus comidas. "Son demasiado condimentadas, preferimos una Quilmes", aporta Daniela. Su paladar también le dio el visto bueno al asado y las empanadas, pero siempre con un toque de sabor de su país. "Yo soy fanático de la colita de cuadril y el ojo de bife, pero a mi gusto le falta sazón y sal. Les pondría unos frijolitos con picante o cilantro", propone Víctor.
El gusto por el picante no tiene límites de edad. Daniela y Valeria traen sus golosinas favoritas: unos caramelos de tamarindo que encienden la boca. A sus compañeros de escuela les encantan, a las chicas no. Son dulces sólo aptos para machotes. "La gente piensa que a los mexicanos no nos pican las salsas", interviene Víctor. "Pero la salsa es un reto para nosotros. Cuanto más picante, más rico el platillo. Y hay veces que no puedes seguir comiendo porque estás enchiladísimo y sigues por orgullo".
De los restaurantes mexicanos que hay en Buenos Aires sólo les gusta uno: La fábrica del taco. "Es de un mexicano que en su base de operación incluyó traerse dos taqueros. Los demás fallan por falta de ingredientes", decreta Víctor. "Hasta las tortillas saben y huelen diferentes de las originales. Es que el maíz que usan en la Argentina no es el mismo, es más dulce", explica su mujer. También la preocupa desterrar un mito: los burritos no son de su país: "En México no existen. Son un invento de los Estados Unidos. Son Tex Mex". Orgullosos, comentan que el año pasado la comida mexicana fue declarada patrimonio cultural inmaterial de la humanidad por la ONU. Pueden hablar extensamente sobre la diversidad regional y la historia milenaria de su gastronomía. "Somos muy nacionalistas los mexicanos", define Víctor. "Idolatramos nuestra cultura, nuestros símbolos patrios. Hay algo en que no nos parecemos nada a los argentinos. Aunque no tengamos trabajo, no estemos con el gobierno de turno, aunque nos vaya muy mal, nunca jamás insultamos a nuestro país".
Fotos Margarita Fractman
lunes, 3 de octubre de 2011
ENTREVISTA A JUAN MARTÍN GUEVARA Mano a mano con el hermano del Che
Publicado el 3 de Octubre de 2011
Por Laura Durán
Después de varios años, decidió hablar de su historia familiar en una charla exclusiva con Tiempo Argentino. Hermano del símbolo que aparece hasta en el pecho de Mike Tyson, se niega a subirlo al pedestal de guerrillero heroico y a homenajearlo el 8 de octubre, porque recordarlo en la fecha de su muerte es difundir “un mensaje de derrota”. Anécdotas sobre el líder de la Revolución Cubana cuando era sólo una persona de carne y hueso.
Después de varios años, decidió hablar de su historia familiar en una charla exclusiva con Tiempo Argentino. Hermano del símbolo que aparece hasta en el pecho de Mike Tyson, se niega a subirlo al pedestal de guerrillero heroico y a homenajearlo el 8 de octubre, porque recordarlo en la fecha de su muerte es difundir “un mensaje de derrota”. Anécdotas sobre el líder de la Revolución Cubana cuando era sólo una persona de carne y hueso.
Juan Martín, el menor de los Guevara, tiene lentes redondos, bigotes canosos y no se parece físicamente a su hermano Ernesto. Sin embargo, los lazos de sangre están presentes, tanto en cada una de sus palabras como en las paredes de su oficina. Detrás de su escritorio hay símbolos que inevitablemente remiten a él: libros, cuadros de habanos y una cantidad de fotos familiares en su computadora que son la envidia de cualquier coleccionista.
Para aquellas personas que conocen su historia, el “Tin” (como lo mencionaba el jefe guerrillero en las cartas a su madre) es lo más cerca que se puede estar del mito, de la persona, del revolucionario, del “Loco”, de “Chancho”, de “Ernestito” o de “Fúser” (una conjunción de “furia” y Serna, el apellido materno).
Juan Martín se refiere al Che, su hermano, como “Ernesto”, sus padres serán “el viejo” y “la vieja” y la mítica foto de Alberto Díaz (Korda) –presente hasta en el mate que él mismo ceba– será un símbolo criticado por representar la figura sacrificial del guerrero mártir. Además, reiterará que al líder hay que correrlo de la lucha armada y bajarlo a tierra para que sus ideas germinen hoy la semilla del “hombre nuevo”. Recuerdos de alguien que vivió la historia en carne viva.
–¿Por qué esperó tanto tiempo para hablar sobre el Che?
-Con mi hermana Ana María, que murió hace varios años, prácticamente una sola vez tocamos este tema y decidimos no hablar. Después hubo largos años en donde abrir la boca no era posible. Además, tuve una experiencia…
–¿Cuál?
–En 1966 yo tenía una librería y un periodista de la revista Gente, que es un asco de persona, se acercó y me quiso hacer una entrevista. Le respondí que no pero él insistía y me preguntaba dónde estaba Ernesto. Le repetí que no daba notas, que no sabía, y que si hubiese sabido, no se lo iba a informar a él. Al otro día, en la revista salió una foto de mi local, con mi imagen y la de él, sacada con teleobjetivo, de frente los dos y se leía: “Dice que desconoce donde está, pero por el modo de reaccionar es evidente que algo sabe.” Lo fui a buscar a la casa y lo agarré. “Vos me estas tirando a la SIDE, el FBI, la CIA y a todos, ¿estás loco?”, y lo provocaba para agarrarme a piñas. Desde ese día ni siquiera “a” les dije a los periodistas.
–Habrá sido difícil ser el hermano del Che durante la dictadura...
–Entre los ’70 y los ’80 era difícil. Entre 1975 y 1983 estuve preso (fue militante del Frente Antimperialista por el Socialismo). Por un lado, me despersonalizaban, era un número. Pero por otro ser el hermano del Che nunca fue neutral. En Sierra Chica era el 448, no podía decir que me llamaba Guevara. Pero hubo militares que vinieron a entrevistarme y sabían quién era mi hermano.
–¿Y eso cómo influía en la cárcel?
–A veces me pegaban de más, tenía un “plus” (risas), pero otras me convenía. Nunca fue indiferente. Una noche que nos sacaron de La Plata zafé de aparecer tirado porque eligieron a algunos para que no nos liquidaran.
–¿Por qué creés que no te mataron?
–Habrán dicho: “Si lo liquidamos a este se pudre más que si lo dejamos vivo” o “vale más con vida que muerto”, qué se yo, lo que se le ocurría al tipo que tomaba la decisión.
–Con la llegada de la democracia mantuvo el perfil bajo. ¿Por qué decidió hablar ahora?
–Últimamente decidí hablar por la emoción, es decir, “que el hermano hable”, aportar desde lo familiar. En Cuba es un tipo perfecto, no se robó ni un pan, y yo soy alguien que puede contar que no es tan así. Tenía de todo. Yo doy otra mirada, predispone distinto, no soy un intelectual, ni investigador, no soy importante, soy el hermano y eso impacta emocionalmente.
–¿Y cuál es el “para qué”?
–Para que la gente entienda que él era una persona normal, que luego se fue trasformando en lo menos normal del mundo y que cualquier otro puede ser así. Los grandes hombres aparecen cada tanto, pero no son imposibles... y él era nuestro, ¡argentino!
–¿Por qué destaca que era argentino?
–Mi familia fue nómade. Él nació en Rosario de casualidad, vivió sus dos primeros años en Caraguatay (Misiones), su niñez y juventud en Alta Gracia y después en la ciudad de Córdoba. Su madurez y juventud en Buenos Aires. Hizo viajes en bici, barco, moto. ¿Es rosarino? ¿Es misionero? ¿Cordobés? ¿Porteño? Para los cubanos, él es cubano. Hay que empezar porque es argentino y lo es en su manera de ser, su cultura, su humor. No hay manera de conocer a un personaje si no vas a su esencia. Ernesto y Celia, mis sobrinos nacidos en Cuba, tienen pasaporte argentino porque sienten la argentinidad de su padre, si no me imagino que tendrían el de la Unión Europea, porque es más lindo (risas).
–¿Cuál es la reacción de la gente cuando se enteran de su parentesco?
–Primero, la sorpresa sobre que haya un hermano, que exista, que sea normal, que cuente cosas, sus vivencias… Una vez, en un taller, mi socio me señala y le dice al mecánico “este es el hermano del Che” (risas), y yo respondí “¡Es un chiste! No sé porque miente.” Después, el tipo preguntaba si era o no… Se generaba todo un misterio.
–¿Y en Cuba hablaba?
–En Cuba no tenía posibilidad de decir que no. Por ejemplo, el 8 de octubre (fecha de la muerte de Ernesto) de 1972 mi hijo estaba internado en el Hospital Calixto García y la médica que lo atendió me invitó a un homenaje. Le comenté que lo mío no era eso y esta mujer me dio una “zaranda” de cosas diciéndome que eso era egoísta. Así que después de todo eso respondí, “ok, ¿a que hora es?” Era un patio muy grande, colmado de gente, yo ahí sentado y de repente se escucha…“acá con nosotros, el hermano del Che”, y me dejaron solo con un micrófono. Aún estaba fresca su presencia, había cubanos llorando. Yo hablaba y se me hacía un nudo, ni sé lo que dije… una emoción intensa que te trasladaba la gente. Las personas me contaban sus vivencias y cada vez más cargado emocionalmente. Fue una experiencia importante, y todo por esa mujer.
–¿Y cómo era ser hermano de Ernesto en la vida cotidiana?
–Hay dos etapas mías con él: una muy corta, que es las dos veces que nos vimos después del triunfo de la Revolución (una fue en Cuba y la otra en Punta del Este), y lo demás es la vida de familia.
Juan Martín Guevara de la Serna nació en Córdoba, en 1943, 15 años después que su hermano mayor, Ernesto, quien había nacido en 1928. Sus padres eran Ernesto Rafael Guevara Lynch y Celia de la Serna Llosa. El resto de sus hermanos fueron Celia, Roberto y Ana María. De espíritu aventurero, el grupo familiar nunca permaneció quieto por mucho tiempo.
–Comencemos por la vida de familia.
–Ernesto era loco, movedizo pero no muy distinto a mis hermanos, era uno más. Yo me llevaba bien por él, más que por mí, porque él era el mayor. Era Ernesto y yo su hermano, hasta que fue el “Che” y empecé a ser el hermano del “Che”.
–¿Era un buen hermano?
–Era excelente. Siempre estaba de viaje. Recuerdo cuando volvía que quería aprovechar porque sabía que en cualquier momento se iba de nuevo. Llegaba y ahí yo era el que le cebaba mate. Como había pava, el agua se enfriaba. Él me ordenaba “calentalo”, y yo “no”, y se lo tomaba así como se lo cebaba. Siempre estaba de humor, jodiendo, estudiaba de noche, cada dos por tres se las picaba, era difícil agarrarlo.
–¿Cómo era como hermano mayor?
–No sé como me vería él, pero yo era “el hermanito” que miraba con cierta cosa, no te digo de consejo, pero sí de decirte “sería bueno esto”. Te trataba de influir, pero no era de imposición de padre. Mis otros hermanos sí lo eran. Salir con Ernesto era una liberación.
–¿En qué lo trataba de influir?
–En el estudio lo intentó por todos los medios, pero no lo logró. No seguí ninguna carrera porque desde que me acuerdo viví en la calle, jugando a la pelota.
–Sin embargo, su familia era estudiosa y lectora.
–Yo leía mucho, pero nada de estudiar. Eso me lo combatió mucho, me decía que estudiara pero él no tenía autoridad moral para decirme eso porque empezó Ingeniería, luego siguió Medicina pero no hacía nada de médico, entonces yo le preguntaba: “¿Cuál es? ¿Estudiar una carrera para hacer lo que vos hacés? ¿Si casi ni ejerciste?” “Pero estudiar es otra cosa”, me respondía, y hablábamos de la disciplina. Lo mío era más una defensa que un argumento, no quería estudiar y ya.
–¿Cómo era ser hermano del Che en 1959?
–Recuerdo una anécdota, en La Habana, el 8 de enero de 1959. Él tenía un pañuelo en el brazo por un golpe y siempre jugábamos de manos. Cuando estaban todos, yo mantenía las formas, pero a solas empezábamos a decirnos de todo y a ser hermanos. “Sacate la gorra y el grado de comandante que conmigo no lo sos.” Me tiró un cachetazo, le contesté, le pegué en el brazo y él hizo un movimiento de mucho dolor pero enseguida me dio un piñón que me voló, me sentó y me dijo: “Nunca te descuides o descreas del enemigo.” Tenía eso de aprovechar el momento. Esa mezcla, por un lado, de rectitud, y por otro de saber cuándo es cuándo. Era intuitivo de un modo muy fino.
–¿Cómo se expresaba esa rectitud?
–Él era muy rígido, entonces se sentía con derecho a serlo con los demás y mucha gente no tenía ganas de eso. Si bien él era razonable, no era flexible, por eso algunas personas no querían trabajar con él (risas). Los tiempos para él eran descansar un poquito cuando se podía, pero quería hacer las cosas ya. Era una máquina, no paraba, siempre estaba pensando en hacer algo. Eso lo caracterizó en algunas cosas acá y las desarrolló en Cuba como dirigente.
–¿Por ejemplo?
–Por ejemplo, cuando en el Congo recibió la noticia de que la vieja estaba enferma y que era irreversible, se preguntó, como dirigente, si era lícito ponerse a llorar y no lo hizo, se la aguantó. Seguro lloró después, no es que no tuviera sentimientos, sino que no los quería mostrar.
–¿Y cómo era él con su familia por esos años?
–Si a Ernesto le decían que su familia lo visitaría en La Habana, iba a decir que no, entonces Camilo Cienfuegos, que era su compinche, le ocultó la noticia y se la dijo cuando ya estábamos en el aeropuerto. Cienfuegos era la única persona que podía hacer esas cosas y chistes con él.
–¿Cómo recuerda esa época?
–Tengo una foto en el Hotel Habana Libre, Hilton en ese momento, en la cafetería. Eso era un “fierrerío”, estaban todos los barbudos con los fierros sobre la mesa. Al lado del cafecito los mozos no lo podían creer. Y allí estaba Camilo, que era su cómplice, el único con el que se permitía hacer jodas, con el resto no.
–¿Esa rectitud la heredó de su familia?
–Ernesto nació en una familia normal, con ciertas cosas distintas, de clase media. Por parte de mi vieja, había mucha guita pero cuando se juntó con mi viejo esto ya no era así. Ella fue al Sagrado Corazón de Jesús, un colegio bilingüe, religioso, de monjas francesas donde estudiaban con mucha rigurosidad, así que eso lo sacó de allí.
–¿Cómo era la familia de su madre, Celia de la Serna?
–Ella quedó huérfana de padre a los dos años y de la mamá a los 15. Era la menor. La mayor estaba casada con un escritor del Partido Comunista argentino que estuvo en España en la época de la Guerra Civil por parte de los republicanos, es decir, que tenía una influencia cercana de este pensamiento. Otro hermano, Jorge de la Serna, era atípico, un poeta que vivía cerca de la naturaleza y que tenía mucha relación con Ernesto. También había opuestos. La otra hermana, Sara, estaba casada con el hijo del presidente de la República, el general Agustín P. Justo.
–¿Cómo era su madre?
–La vieja era una persona muy poco demostrativa, conseguir un cariño de ella era un premio. Era más fácil que te dijera “tac tac” (hace un gesto de reto) que “muy bien” o que te hiciera una caricia. Con mis tías era distinto, eran más afectuosas. La vieja era muy disciplinada, muy culta y te obligaba a ser culto, a saber y no hablar al divino botón. Años después, yo le decía que desde chiquita la hicieron arrodillar en granitos de maíz y rezar 10 mil padres nuestros. Ella se reía pero seguía siendo así, una persona con estoicismo, muy judeo-cristiana, sacrificial.
–¿Y su padre?
–Mi viejo era un tipo con una inteligencia fuera de lo normal. Pensaba y soñaba. Eso en mi hermano fue muy claro. Era un tiro al aire, siempre caía en cuatro patas, con un don de ubicuidad incorporado. Era un gran conversador, dibujante, pintor y actor. Como todos los actores, era un mentiroso encubierto que te pintaba la realidad de una manera que no era exactamente así. Tenía ideas raras y era de mandarse a hacer cosas. De esa conjunción nació Ernesto.
–Era mandado a hacer cosas… ¿Como cuales?
–Así, por ejemplo, mis padres fueron a parar a Misiones. ¿Qué hacían dos porteños en el medio del monte en una época en donde la única manera de comunicarse era con un barco que bajaba por los puertos del Paraná? No había caminos, no había nada. Era gente con otras cosas en la cabeza, diferente a lo que normalmente se solía hacer.
–¿Qué heredó el Che de ellos?
–El viejo le dio la decisión y el arrojo, la vieja la organización y la disciplina, o sea, lo que se empieza se termina. Él veía el final, ella el camino.
–¿Usted qué aprendió de sus padres?
–Mi viejo decía que siempre hay que ganar, como sea. Mi vieja que hay que ganar, investigar y ser el mejor pero con transparencia. Ella nos metió la ética, él nos metió ganar al rugby, al fútbol, en la vida, y sobre todo no dejarse pasar por encima. No existía que mi madre o que mi padre tuviera razón. No: todo se discutía. La educación que teníamos era no aceptar lo que nos querían imponer y así se daban discusiones.
–¿De qué tipo?
–Había discusiones de todo tipo en mi casa, no existía una unicidad. Mi casa era de un espíritu crítico muy fuerte. Todo pasaba por la discusión política. Los fines de semana era un hervidero de distintas procedencias. Ninguno de los cinco hermanos aceptábamos lo impuesto y Ernesto fue el de mayor profundización en sus criticas.
–¿Cómo era su casa en el día a día?
–Mi casa estaba llena de libros, mis hermanos eran todos estudiosos. Celia y Ernesto eran máquinas de leer, él escribía todavía más que ella. Sus libros estaban todos escritos. Si quería uno de él, tenía que bancarme las notas y opiniones que ponía por los costados, cosa que no me gustaba porque al final terminaba discutiendo con él y con el autor, o con los dos a la vez. La casa era dejada, no estábamos atentos a si no funcionaba una manija en una puerta, pero si faltaba un libro era un tema.
–¿Y tenían muchos amigos?
–La casa estaba siempre llena de gente, tanto en la época que yo me acuerdo como en fotos de Alta Gracia donde aparecen chicos peinaditos y luego todos desastrosos. Había de todo, no había filtro. En casa trabajaba Sabina Portugal, una boliviana típica, coya, que con su tonada hablaba poco, pero con Ernesto tenía conversaciones larguísimas, no sé de qué hablaban. Era la época del agio y la especulación y ella era peronista de base. No sabía esas palabritas pero sí que le cobraban de más, y yo creo que eso lo discutían. Muchas cosas se le metieron en la cabeza con las conversaciones terrenales. Luego él pasó por Bolivia en la época de Víctor Paz Estenssoro y ahí debe haber habido influencia.
–Este Ernesto era una persona de carne y hueso, pero ¿cómo es ser hermano del símbolo?
–(Pausa) De una familia puede salir un personaje histórico que excede lo normal, único. No hay muchos que estén en una camiseta y lo identifiques en Arabia o África y sepas quién es. Tal vez, más o menos, por ahí alguien no sabe exactamente su historia… Diego Maradona, Mike Tyson lo tienen tatuado. ¿Qué tiene que ver Tyson? Algo tendrá que ver, si no ¿para qué se lo va a tatuar? Nadie se tatúa algo que no le interesa.
–¿Qué opina de la “marketinización” de la figura del Che?
–Que hagan negocio ni me va ni me viene. Lo que miro es el fondo de la cuestión: si alguien quiso que no existiera, que no trascendiera, no ha podido. Ahora, hay otras cosas que tienen que ver con la petrificación del personajes, y en eso puede haber un interés de vaciarle sus ideas o banalizarlo como si fuera un rockero, pero el hecho de que esta imagen sea tan difundida es porque es imposible ignorarlo.
–¿Cómo le gusta que la juventud lo recuerde?
–Si lo ponemos tipo Cristo que luchó por nosotros, ¿quién va a creer que puede ser como él? Si existió es porque puede ser posible. Hay que darle herramientas a la juventud. La mediocridad se milita, entonces hay que usar la cabeza y esta es la idea de los museos y de los libros.
–¿Por qué no quiere destacar la fecha de su muerte (8 de octubre)?
–Porque es un mensaje capcioso, de derrota y muerte sin regreso, pero sí hay un retorno de su pensamiento. Si lo matamos ya está, éticamente un tipo increíble, pero no sigas por ese camino porque terminás igual… Hay una posibilidad de ir por ese camino sin terminar muerto y derrotado, si no, no sería posible que el mundo fuese mejor, al menos no en esa idea de no explotación del hombre por el hombre. Por eso es que digo que el 8 de octubre no es el mejor día para evocarlo y no es un tema de dolor. Vamos a recordarlo en su trayectoria, elijamos el día en que inauguró una fábrica, una escuela o cuando nació, pero el hombre, no el guerrillero y menos el guerrero muerto, el héroe que para serlo tiene que ser mártir y muerto. Es por eso que decidí hablar, no porque tenga mucho para a decir sobre cosas de fondo, sino para desacralizarlo, desmilitarizarlo, ponerlo en la tierra, trasladar sus ideas y que la gente se acerque a ellas, que las recepte.
–¿Qué opina del Che guerrillero?
–Yo lo retiro del guerrillero heroico porque esos son tres años de su vida. Me parece que hay que sacarlo de ese contexto guerrero. Lo principal de sus ideas está en el hombre nuevo porque así como estamos viviendo las cosas no funcionan, hay que buscar el equilibrio real. Son sus ideas y no su actividad guerrillera lo que hay que acercarle a la gente. La típica imagen de Korda no me parece que sea la que haya que trasladar.
–¿Hay que correr la metodología de la lucha armada entonces?
–Hacer hincapié en que la guerra es el modo para liberarse va a generar una serie de encontronazos que quizás en este momento no sirve, entonces ¿para qué meterse por ese lado si no es el principal? Quizás en Cuba fue un medio, pero la lucha armada funcionó allí y no en otros lados.
–Pero él fue comandante.
–Sí, fue el primer comandante que nombró Fidel Castro, pero él no era militar. Fue presidente del Banco Nacional, ministro de Industria, secretario del Partido Único … Él se fue haciendo a fuerza de ver las necesidades del objetivo, que no era militarizar el país sino transformar y hacer el hombre nuevo, ese es el punto clave.<
Para aquellas personas que conocen su historia, el “Tin” (como lo mencionaba el jefe guerrillero en las cartas a su madre) es lo más cerca que se puede estar del mito, de la persona, del revolucionario, del “Loco”, de “Chancho”, de “Ernestito” o de “Fúser” (una conjunción de “furia” y Serna, el apellido materno).
Juan Martín se refiere al Che, su hermano, como “Ernesto”, sus padres serán “el viejo” y “la vieja” y la mítica foto de Alberto Díaz (Korda) –presente hasta en el mate que él mismo ceba– será un símbolo criticado por representar la figura sacrificial del guerrero mártir. Además, reiterará que al líder hay que correrlo de la lucha armada y bajarlo a tierra para que sus ideas germinen hoy la semilla del “hombre nuevo”. Recuerdos de alguien que vivió la historia en carne viva.
–¿Por qué esperó tanto tiempo para hablar sobre el Che?
-Con mi hermana Ana María, que murió hace varios años, prácticamente una sola vez tocamos este tema y decidimos no hablar. Después hubo largos años en donde abrir la boca no era posible. Además, tuve una experiencia…
–¿Cuál?
–En 1966 yo tenía una librería y un periodista de la revista Gente, que es un asco de persona, se acercó y me quiso hacer una entrevista. Le respondí que no pero él insistía y me preguntaba dónde estaba Ernesto. Le repetí que no daba notas, que no sabía, y que si hubiese sabido, no se lo iba a informar a él. Al otro día, en la revista salió una foto de mi local, con mi imagen y la de él, sacada con teleobjetivo, de frente los dos y se leía: “Dice que desconoce donde está, pero por el modo de reaccionar es evidente que algo sabe.” Lo fui a buscar a la casa y lo agarré. “Vos me estas tirando a la SIDE, el FBI, la CIA y a todos, ¿estás loco?”, y lo provocaba para agarrarme a piñas. Desde ese día ni siquiera “a” les dije a los periodistas.
–Habrá sido difícil ser el hermano del Che durante la dictadura...
–Entre los ’70 y los ’80 era difícil. Entre 1975 y 1983 estuve preso (fue militante del Frente Antimperialista por el Socialismo). Por un lado, me despersonalizaban, era un número. Pero por otro ser el hermano del Che nunca fue neutral. En Sierra Chica era el 448, no podía decir que me llamaba Guevara. Pero hubo militares que vinieron a entrevistarme y sabían quién era mi hermano.
–¿Y eso cómo influía en la cárcel?
–A veces me pegaban de más, tenía un “plus” (risas), pero otras me convenía. Nunca fue indiferente. Una noche que nos sacaron de La Plata zafé de aparecer tirado porque eligieron a algunos para que no nos liquidaran.
–¿Por qué creés que no te mataron?
–Habrán dicho: “Si lo liquidamos a este se pudre más que si lo dejamos vivo” o “vale más con vida que muerto”, qué se yo, lo que se le ocurría al tipo que tomaba la decisión.
–Con la llegada de la democracia mantuvo el perfil bajo. ¿Por qué decidió hablar ahora?
–Últimamente decidí hablar por la emoción, es decir, “que el hermano hable”, aportar desde lo familiar. En Cuba es un tipo perfecto, no se robó ni un pan, y yo soy alguien que puede contar que no es tan así. Tenía de todo. Yo doy otra mirada, predispone distinto, no soy un intelectual, ni investigador, no soy importante, soy el hermano y eso impacta emocionalmente.
–¿Y cuál es el “para qué”?
–Para que la gente entienda que él era una persona normal, que luego se fue trasformando en lo menos normal del mundo y que cualquier otro puede ser así. Los grandes hombres aparecen cada tanto, pero no son imposibles... y él era nuestro, ¡argentino!
–¿Por qué destaca que era argentino?
–Mi familia fue nómade. Él nació en Rosario de casualidad, vivió sus dos primeros años en Caraguatay (Misiones), su niñez y juventud en Alta Gracia y después en la ciudad de Córdoba. Su madurez y juventud en Buenos Aires. Hizo viajes en bici, barco, moto. ¿Es rosarino? ¿Es misionero? ¿Cordobés? ¿Porteño? Para los cubanos, él es cubano. Hay que empezar porque es argentino y lo es en su manera de ser, su cultura, su humor. No hay manera de conocer a un personaje si no vas a su esencia. Ernesto y Celia, mis sobrinos nacidos en Cuba, tienen pasaporte argentino porque sienten la argentinidad de su padre, si no me imagino que tendrían el de la Unión Europea, porque es más lindo (risas).
–¿Cuál es la reacción de la gente cuando se enteran de su parentesco?
–Primero, la sorpresa sobre que haya un hermano, que exista, que sea normal, que cuente cosas, sus vivencias… Una vez, en un taller, mi socio me señala y le dice al mecánico “este es el hermano del Che” (risas), y yo respondí “¡Es un chiste! No sé porque miente.” Después, el tipo preguntaba si era o no… Se generaba todo un misterio.
–¿Y en Cuba hablaba?
–En Cuba no tenía posibilidad de decir que no. Por ejemplo, el 8 de octubre (fecha de la muerte de Ernesto) de 1972 mi hijo estaba internado en el Hospital Calixto García y la médica que lo atendió me invitó a un homenaje. Le comenté que lo mío no era eso y esta mujer me dio una “zaranda” de cosas diciéndome que eso era egoísta. Así que después de todo eso respondí, “ok, ¿a que hora es?” Era un patio muy grande, colmado de gente, yo ahí sentado y de repente se escucha…“acá con nosotros, el hermano del Che”, y me dejaron solo con un micrófono. Aún estaba fresca su presencia, había cubanos llorando. Yo hablaba y se me hacía un nudo, ni sé lo que dije… una emoción intensa que te trasladaba la gente. Las personas me contaban sus vivencias y cada vez más cargado emocionalmente. Fue una experiencia importante, y todo por esa mujer.
–¿Y cómo era ser hermano de Ernesto en la vida cotidiana?
–Hay dos etapas mías con él: una muy corta, que es las dos veces que nos vimos después del triunfo de la Revolución (una fue en Cuba y la otra en Punta del Este), y lo demás es la vida de familia.
Juan Martín Guevara de la Serna nació en Córdoba, en 1943, 15 años después que su hermano mayor, Ernesto, quien había nacido en 1928. Sus padres eran Ernesto Rafael Guevara Lynch y Celia de la Serna Llosa. El resto de sus hermanos fueron Celia, Roberto y Ana María. De espíritu aventurero, el grupo familiar nunca permaneció quieto por mucho tiempo.
–Comencemos por la vida de familia.
–Ernesto era loco, movedizo pero no muy distinto a mis hermanos, era uno más. Yo me llevaba bien por él, más que por mí, porque él era el mayor. Era Ernesto y yo su hermano, hasta que fue el “Che” y empecé a ser el hermano del “Che”.
–¿Era un buen hermano?
–Era excelente. Siempre estaba de viaje. Recuerdo cuando volvía que quería aprovechar porque sabía que en cualquier momento se iba de nuevo. Llegaba y ahí yo era el que le cebaba mate. Como había pava, el agua se enfriaba. Él me ordenaba “calentalo”, y yo “no”, y se lo tomaba así como se lo cebaba. Siempre estaba de humor, jodiendo, estudiaba de noche, cada dos por tres se las picaba, era difícil agarrarlo.
–¿Cómo era como hermano mayor?
–No sé como me vería él, pero yo era “el hermanito” que miraba con cierta cosa, no te digo de consejo, pero sí de decirte “sería bueno esto”. Te trataba de influir, pero no era de imposición de padre. Mis otros hermanos sí lo eran. Salir con Ernesto era una liberación.
–¿En qué lo trataba de influir?
–En el estudio lo intentó por todos los medios, pero no lo logró. No seguí ninguna carrera porque desde que me acuerdo viví en la calle, jugando a la pelota.
–Sin embargo, su familia era estudiosa y lectora.
–Yo leía mucho, pero nada de estudiar. Eso me lo combatió mucho, me decía que estudiara pero él no tenía autoridad moral para decirme eso porque empezó Ingeniería, luego siguió Medicina pero no hacía nada de médico, entonces yo le preguntaba: “¿Cuál es? ¿Estudiar una carrera para hacer lo que vos hacés? ¿Si casi ni ejerciste?” “Pero estudiar es otra cosa”, me respondía, y hablábamos de la disciplina. Lo mío era más una defensa que un argumento, no quería estudiar y ya.
–¿Cómo era ser hermano del Che en 1959?
–Recuerdo una anécdota, en La Habana, el 8 de enero de 1959. Él tenía un pañuelo en el brazo por un golpe y siempre jugábamos de manos. Cuando estaban todos, yo mantenía las formas, pero a solas empezábamos a decirnos de todo y a ser hermanos. “Sacate la gorra y el grado de comandante que conmigo no lo sos.” Me tiró un cachetazo, le contesté, le pegué en el brazo y él hizo un movimiento de mucho dolor pero enseguida me dio un piñón que me voló, me sentó y me dijo: “Nunca te descuides o descreas del enemigo.” Tenía eso de aprovechar el momento. Esa mezcla, por un lado, de rectitud, y por otro de saber cuándo es cuándo. Era intuitivo de un modo muy fino.
–¿Cómo se expresaba esa rectitud?
–Él era muy rígido, entonces se sentía con derecho a serlo con los demás y mucha gente no tenía ganas de eso. Si bien él era razonable, no era flexible, por eso algunas personas no querían trabajar con él (risas). Los tiempos para él eran descansar un poquito cuando se podía, pero quería hacer las cosas ya. Era una máquina, no paraba, siempre estaba pensando en hacer algo. Eso lo caracterizó en algunas cosas acá y las desarrolló en Cuba como dirigente.
–¿Por ejemplo?
–Por ejemplo, cuando en el Congo recibió la noticia de que la vieja estaba enferma y que era irreversible, se preguntó, como dirigente, si era lícito ponerse a llorar y no lo hizo, se la aguantó. Seguro lloró después, no es que no tuviera sentimientos, sino que no los quería mostrar.
–¿Y cómo era él con su familia por esos años?
–Si a Ernesto le decían que su familia lo visitaría en La Habana, iba a decir que no, entonces Camilo Cienfuegos, que era su compinche, le ocultó la noticia y se la dijo cuando ya estábamos en el aeropuerto. Cienfuegos era la única persona que podía hacer esas cosas y chistes con él.
–¿Cómo recuerda esa época?
–Tengo una foto en el Hotel Habana Libre, Hilton en ese momento, en la cafetería. Eso era un “fierrerío”, estaban todos los barbudos con los fierros sobre la mesa. Al lado del cafecito los mozos no lo podían creer. Y allí estaba Camilo, que era su cómplice, el único con el que se permitía hacer jodas, con el resto no.
–¿Esa rectitud la heredó de su familia?
–Ernesto nació en una familia normal, con ciertas cosas distintas, de clase media. Por parte de mi vieja, había mucha guita pero cuando se juntó con mi viejo esto ya no era así. Ella fue al Sagrado Corazón de Jesús, un colegio bilingüe, religioso, de monjas francesas donde estudiaban con mucha rigurosidad, así que eso lo sacó de allí.
–¿Cómo era la familia de su madre, Celia de la Serna?
–Ella quedó huérfana de padre a los dos años y de la mamá a los 15. Era la menor. La mayor estaba casada con un escritor del Partido Comunista argentino que estuvo en España en la época de la Guerra Civil por parte de los republicanos, es decir, que tenía una influencia cercana de este pensamiento. Otro hermano, Jorge de la Serna, era atípico, un poeta que vivía cerca de la naturaleza y que tenía mucha relación con Ernesto. También había opuestos. La otra hermana, Sara, estaba casada con el hijo del presidente de la República, el general Agustín P. Justo.
–¿Cómo era su madre?
–La vieja era una persona muy poco demostrativa, conseguir un cariño de ella era un premio. Era más fácil que te dijera “tac tac” (hace un gesto de reto) que “muy bien” o que te hiciera una caricia. Con mis tías era distinto, eran más afectuosas. La vieja era muy disciplinada, muy culta y te obligaba a ser culto, a saber y no hablar al divino botón. Años después, yo le decía que desde chiquita la hicieron arrodillar en granitos de maíz y rezar 10 mil padres nuestros. Ella se reía pero seguía siendo así, una persona con estoicismo, muy judeo-cristiana, sacrificial.
–¿Y su padre?
–Mi viejo era un tipo con una inteligencia fuera de lo normal. Pensaba y soñaba. Eso en mi hermano fue muy claro. Era un tiro al aire, siempre caía en cuatro patas, con un don de ubicuidad incorporado. Era un gran conversador, dibujante, pintor y actor. Como todos los actores, era un mentiroso encubierto que te pintaba la realidad de una manera que no era exactamente así. Tenía ideas raras y era de mandarse a hacer cosas. De esa conjunción nació Ernesto.
–Era mandado a hacer cosas… ¿Como cuales?
–Así, por ejemplo, mis padres fueron a parar a Misiones. ¿Qué hacían dos porteños en el medio del monte en una época en donde la única manera de comunicarse era con un barco que bajaba por los puertos del Paraná? No había caminos, no había nada. Era gente con otras cosas en la cabeza, diferente a lo que normalmente se solía hacer.
–¿Qué heredó el Che de ellos?
–El viejo le dio la decisión y el arrojo, la vieja la organización y la disciplina, o sea, lo que se empieza se termina. Él veía el final, ella el camino.
–¿Usted qué aprendió de sus padres?
–Mi viejo decía que siempre hay que ganar, como sea. Mi vieja que hay que ganar, investigar y ser el mejor pero con transparencia. Ella nos metió la ética, él nos metió ganar al rugby, al fútbol, en la vida, y sobre todo no dejarse pasar por encima. No existía que mi madre o que mi padre tuviera razón. No: todo se discutía. La educación que teníamos era no aceptar lo que nos querían imponer y así se daban discusiones.
–¿De qué tipo?
–Había discusiones de todo tipo en mi casa, no existía una unicidad. Mi casa era de un espíritu crítico muy fuerte. Todo pasaba por la discusión política. Los fines de semana era un hervidero de distintas procedencias. Ninguno de los cinco hermanos aceptábamos lo impuesto y Ernesto fue el de mayor profundización en sus criticas.
–¿Cómo era su casa en el día a día?
–Mi casa estaba llena de libros, mis hermanos eran todos estudiosos. Celia y Ernesto eran máquinas de leer, él escribía todavía más que ella. Sus libros estaban todos escritos. Si quería uno de él, tenía que bancarme las notas y opiniones que ponía por los costados, cosa que no me gustaba porque al final terminaba discutiendo con él y con el autor, o con los dos a la vez. La casa era dejada, no estábamos atentos a si no funcionaba una manija en una puerta, pero si faltaba un libro era un tema.
–¿Y tenían muchos amigos?
–La casa estaba siempre llena de gente, tanto en la época que yo me acuerdo como en fotos de Alta Gracia donde aparecen chicos peinaditos y luego todos desastrosos. Había de todo, no había filtro. En casa trabajaba Sabina Portugal, una boliviana típica, coya, que con su tonada hablaba poco, pero con Ernesto tenía conversaciones larguísimas, no sé de qué hablaban. Era la época del agio y la especulación y ella era peronista de base. No sabía esas palabritas pero sí que le cobraban de más, y yo creo que eso lo discutían. Muchas cosas se le metieron en la cabeza con las conversaciones terrenales. Luego él pasó por Bolivia en la época de Víctor Paz Estenssoro y ahí debe haber habido influencia.
–Este Ernesto era una persona de carne y hueso, pero ¿cómo es ser hermano del símbolo?
–(Pausa) De una familia puede salir un personaje histórico que excede lo normal, único. No hay muchos que estén en una camiseta y lo identifiques en Arabia o África y sepas quién es. Tal vez, más o menos, por ahí alguien no sabe exactamente su historia… Diego Maradona, Mike Tyson lo tienen tatuado. ¿Qué tiene que ver Tyson? Algo tendrá que ver, si no ¿para qué se lo va a tatuar? Nadie se tatúa algo que no le interesa.
–¿Qué opina de la “marketinización” de la figura del Che?
–Que hagan negocio ni me va ni me viene. Lo que miro es el fondo de la cuestión: si alguien quiso que no existiera, que no trascendiera, no ha podido. Ahora, hay otras cosas que tienen que ver con la petrificación del personajes, y en eso puede haber un interés de vaciarle sus ideas o banalizarlo como si fuera un rockero, pero el hecho de que esta imagen sea tan difundida es porque es imposible ignorarlo.
–¿Cómo le gusta que la juventud lo recuerde?
–Si lo ponemos tipo Cristo que luchó por nosotros, ¿quién va a creer que puede ser como él? Si existió es porque puede ser posible. Hay que darle herramientas a la juventud. La mediocridad se milita, entonces hay que usar la cabeza y esta es la idea de los museos y de los libros.
–¿Por qué no quiere destacar la fecha de su muerte (8 de octubre)?
–Porque es un mensaje capcioso, de derrota y muerte sin regreso, pero sí hay un retorno de su pensamiento. Si lo matamos ya está, éticamente un tipo increíble, pero no sigas por ese camino porque terminás igual… Hay una posibilidad de ir por ese camino sin terminar muerto y derrotado, si no, no sería posible que el mundo fuese mejor, al menos no en esa idea de no explotación del hombre por el hombre. Por eso es que digo que el 8 de octubre no es el mejor día para evocarlo y no es un tema de dolor. Vamos a recordarlo en su trayectoria, elijamos el día en que inauguró una fábrica, una escuela o cuando nació, pero el hombre, no el guerrillero y menos el guerrero muerto, el héroe que para serlo tiene que ser mártir y muerto. Es por eso que decidí hablar, no porque tenga mucho para a decir sobre cosas de fondo, sino para desacralizarlo, desmilitarizarlo, ponerlo en la tierra, trasladar sus ideas y que la gente se acerque a ellas, que las recepte.
–¿Qué opina del Che guerrillero?
–Yo lo retiro del guerrillero heroico porque esos son tres años de su vida. Me parece que hay que sacarlo de ese contexto guerrero. Lo principal de sus ideas está en el hombre nuevo porque así como estamos viviendo las cosas no funcionan, hay que buscar el equilibrio real. Son sus ideas y no su actividad guerrillera lo que hay que acercarle a la gente. La típica imagen de Korda no me parece que sea la que haya que trasladar.
–¿Hay que correr la metodología de la lucha armada entonces?
–Hacer hincapié en que la guerra es el modo para liberarse va a generar una serie de encontronazos que quizás en este momento no sirve, entonces ¿para qué meterse por ese lado si no es el principal? Quizás en Cuba fue un medio, pero la lucha armada funcionó allí y no en otros lados.
–Pero él fue comandante.
–Sí, fue el primer comandante que nombró Fidel Castro, pero él no era militar. Fue presidente del Banco Nacional, ministro de Industria, secretario del Partido Único … Él se fue haciendo a fuerza de ver las necesidades del objetivo, que no era militarizar el país sino transformar y hacer el hombre nuevo, ese es el punto clave.<
Las mujeres en el mundo
Laura Chinchilla de Costa Rica.
SOCIEDAD / Contratación justa en China. Alfabetismo en Mali. La clasificación de Newsweek revela los lugares donde las mujeres están ganando —y también aquellos en los que las mejoras están tardando en producirse.
Por Jesse Ellison
A poco más de una década del inicio del siglo XXI, el progreso de las mujeres puede verse —y celebrarse— en una amplia gama de áreas. Ocupan altos cargos desde Tailandia y Brasil hasta Costa Rica y Australia. Una mujer tiene el máximo puesto en el Fondo Monetario Internacional; otra ganó el Premio Nobel de Economía. Multimillonarias por esfuerzo propio en Beijing, innovadoras de la tecnología en Silicon Valley, juezas en Ghana —en estas áreas y en muchas otras, las mujeres dejan su marca.
Pero ahórrese los aplausos. En Arabia Saudita, tienen prohibido manejar autos. En Pakistán, cada año mueren 1.000 en los llamados "asesinatos de honor". Y en Somalia, el 95 por ciento de las mujeres son sometidas a mutilación genital. Y en el mundo desarrollado, las mujeres van a la zaga de los hombres en relación con el sueldo y el poder político. El índice de pobreza entre las mujeres estadounidenses aumentó a 14,5 por ciento el año pasado, el porcentaje más alto en 17 años.
La nota completa en el sitio de Newsweek
A poco más de una década del inicio del siglo XXI, el progreso de las mujeres puede verse —y celebrarse— en una amplia gama de áreas. Ocupan altos cargos desde Tailandia y Brasil hasta Costa Rica y Australia. Una mujer tiene el máximo puesto en el Fondo Monetario Internacional; otra ganó el Premio Nobel de Economía. Multimillonarias por esfuerzo propio en Beijing, innovadoras de la tecnología en Silicon Valley, juezas en Ghana —en estas áreas y en muchas otras, las mujeres dejan su marca.
Pero ahórrese los aplausos. En Arabia Saudita, tienen prohibido manejar autos. En Pakistán, cada año mueren 1.000 en los llamados "asesinatos de honor". Y en Somalia, el 95 por ciento de las mujeres son sometidas a mutilación genital. Y en el mundo desarrollado, las mujeres van a la zaga de los hombres en relación con el sueldo y el poder político. El índice de pobreza entre las mujeres estadounidenses aumentó a 14,5 por ciento el año pasado, el porcentaje más alto en 17 años.
La nota completa en el sitio de Newsweek
La onda expansiva de la AUH
"Lo que hicimos fue traducir las estadísticas económicas a prácticas sociales, conocer qué hacía la
gente con la AUH y así construir indicadores sociales menos visibles, pero muy significativos para ser utilizados en políticas públicas”, advierte Mariana Melgarejo, antropóloga y coordinadora de la investigación. “Rastreamos el impacto en tres niveles: alimentario, educativo y sanitario”, agrega Gabriela Polischer, antropóloga alimentaria.
–¿Y qué encontraron?
M. M: –Trabajamos con entrevistas a madres, y por ejemplo muchas coincidieron en decir que ahora podían agregar una comida: “Empezamos a cenar”, nos decían. Esto no es sólo lo que se come, sino que tiene otros efectos sociales, como mejorar la comensalidad, la idea de “la familia en la mesa”. Otro punto que marcaron fue el de planificar gratificaciones. Las decían a los chicos, por ejemplo: “Cuando cobre, te compro el postrecito”; “Cuando cobremos, comemos milanesas”. Ahí hay un principio de planificación que antes no tenían, porque no había qué esperar: hoy disponían de efectivo pero mañana no se sabía. Este dato derriba el prejuicio que dice que los pobres “se gastan la plata enseguida”. Obviamente que cuando el horizonte de planificación es el hoy, no tiene sentido guardar el dinero o planificar en qué gastarlo más adelante. Pero esa conducta cambia cuando, aunque sea mínimamente, se puede planificar sobre un ingreso fijo de efectivo, aunque sea en pequeñas cosas como nos pueden parecer milanesas y postrecitos. Esto se contrapone al planteo de algunos sectores políticos que dicen que hay que mantener la AUH, pero condicionando en qué se gasta esa plata. Nosotros decimos que no, que la elección que hace quien recibe la AUH es la mejor que se puede hacer con ese dinero. Durante el relevamiento comprobamos por ejemplo que siempre se prioriza a los hijos. Una de las respuestas que más encontramos fue: “Antes cenaban sólo los chicos, ahora nosotros también cenamos”. También vimos que, a diferencia de lo que se piensa, muchos lazos comunitarios o de solidaridad se mantuvieron a pesar de las crisis del 2001. La AUH fortaleció esos lazos. Una mamá nos contaba que siempre habían tenido ganas de hacer un festejo en la calle: “Ahora vamos a juntarnos para hacer un festejo por el Día del Niño”. O sea, eran cuestiones que existían, que se planteaban, pero que no había con qué moverlas.
G. P: –Además del regreso de la cena como situación familiar (porque el almuerzo en estos sectores se resolvía la mayoría de las veces fuera de la casa), encontramos otros hábitos nuevos como optimizar la calidad de los alimentos, agregar más comensales a la mesa, o un mejoramiento respecto a las marcas. Tener la marca que se publicita como “buena” es una manera de pertenecer. Las mujeres te dicen: “Ahora puedo comprar fideos Matarazzo o Luchetti que no son como los que vienen en el plan alimentario que siempre se desarman”.
M. M: –El fenómeno de las marcas es muy significativo sobre todo en los postrecitos y lácteos en general.
G. P: –Para esas madres poder darles el gusto comprando el postre que sus hijos le piden porque lo vieron en una propaganda pone en juego su autoestima. Sobre todo el yogurth, más que el postrecito, porque el yogurth está más prestigiado como producto porque se lo ve como un alimento rico y sano. Son cuestiones clave porque sienten que son una “mamá buena”.
M. M: –Muchas madres mencionan haberse “metido” en pequeños créditos, para comprar electrodomésticos o equipar sus cocinas, por ejemplo, con ollas, platos, etc. Es interesante porque las cocinas habían desaparecido de muchas casas. También nos cuentan que apareció el crédito en comercios barriales, la famosa “libretita”. Esto es clave porque hay muchos alimentos que no se pueden comprar una vez por mes, cuando se cobra la AUH. Con la libreta, saben que los alimentos frescos o perecederos los pueden ir consumiendo sin necesidad de comprarlos todos juntos, como los lácteos, la carne. Pensemos que en muchos casos tampoco hay heladera.
Diego Díaz, que también es antropólogo alimentario y parte del equipo se suma a la charla y destaca: “Las familias comenzaron a generar instrumentos que, en cierta medida, tienden a funcionar como equiparadores sociales. Así, sectores postergados acceden a algo que otros sectores sociales lo consideran ya un derecho, como puede ser el acceso al crédito con tarjetas de débito o con otros instrumentos”.
M. M: –Hay que tener en cuenta que eran familias desmonetarizadas, que prácticamente no manejaban dinero en efectivo, mucho menos accedían al crédito, ni siquiera en pequeña escala. Por supuesto que la AUH no es una fortuna, pero el impacto es muy positivo.
D. D: –Para el primer decil de ingresos, o sea los más pobres de la escala social, la AUH representa un aumento del 80% de sus ingresos, si bien es poca plata, en términos relativos es fuerte.
G. P: –También es cierto que cada mamá recibe más de una AUH. Entonces vuelven las estrategias de consumo a un sector social que las había abandonado absolutamente. Muchas madres con tres hijos optan por gastar en un par de zapatillas de buena calidad para el chico más grande, por ejemplo. Eso es una estrategia, pensando en que tiene que durar. Además, en Capital Federal, casi no se ve esto de acceder a un crédito, pero en GBA sí. También hemos relevado varios casos donde ocurre que si un comerciante no le da un crédito a esa persona porque no le tiene confianza, se lo da al hermano o un familiar cercano, que tiene un trabajo en blanco o tarjeta de crédito. El beneficiario le paga al hermano y éste al comerciante. Allí hay un lazo que empieza a restituirse.
El equipo de investigación usó como insumos la Encuesta Nacional de Gastos de Hogares (Engho) y la Encuesta Permanente de Hogares (EPH). La primera revela los diferentes rubros de gastos y los montos que los hogares le asignan. La EPH brinda información sobre ocupación, ingresos y condiciones de la vivienda. Sobre estos datos escogieron un subconjunto de hogares para hacer las entrevistas cualitativas. En rigor, el informe es el primero de una serie de relevamientos. En este caso lo focalizaron en los testimonios de las madres beneficiarias directas. La siguiente etapa se centrará en actores indirectos como comerciantes, profesionales de la salud, docentes. “Fueron decenas de entrevistas con las mamás, ni me acuerdo cuántas. Mucho mate, muchísimas facturas, mucho encuentro focal con ellas. Todo mucho”, dice Gabriela.
M. M: –Empezamos relevando el aspecto alimentario, porque creíamos que el primer impacto se iba a reflejar allí, pero no teníamos noticias sobre investigaciones que combinaran lo cuantitativo con lo cualitativo, ver qué quería decir en lo cotidiano que la gente tenga más ingresos, qué les cambiaba a partir de eso. Esta idea de la investigación la tomó quien era coordinador en ese momento de la Comisión Salud Investiga del Ministerio de Salud, el Dr. Iván Insúa. Consideraron de alta prioridad relevar el impacto de la AUH desde esta perspectiva, entonces se financió el proyecto que presentamos a partir de becas. Millonarios no nos hicimos, cada uno de nosotros vive de sus otros trabajos. Pero sin este financiamiento no podríamos haberlo hecho. A veces, para conseguir una entrevista en el barrio tuvimos que ir cuatro veces, desgrabar, cargar datos, fotocopias, impresiones, libros, viáticos. Fue un laburo bastante arduo. Si bien somos todos investigadores, no venimos avalados por la academia, lo nuestro era una iniciativa más militante, poner la investigación a mirar, desde una perspectiva política, qué pasa en el territorio.
Cuando enumeran las localidades donde estuvieron, la lista incluye Merlo, Laferrere, Matanza, Tigre, José C. Paz, Barracas, la Villa 31, Lanús, Villa Celina, Moreno y varias más. Primero empezaban con grupos focales. Allí planteaban un tema y esperaban a que las mamás hablen. “Con que hable una, hablan todas. De allí sacábamos quienes eran los entrevistados individuales”, apunta Mariana.
D. D.: –Además servía para sacarse las desconfianzas iniciales. Es como la academia que llega y ellas no saben para qué vas. Piensan que vas a sacarle la asignación y mil cosas más.
M. M: –Por eso fue importante el contacto con referentes porque ellos nos allanaban el camino. Sin embargo, en un par de lugares nos pasó que el referente nos filtró a personas que ya estaban condicionadas de antemano respecto a qué tenían que decirnos y decidimos desecharlas, no tenían validez. No nos interesaba que nos dijeran que estaban felices, también queríamos saber qué cosas no estaban bien. Una queja que apareció era que por mandar a los chicos a un colegio privado barato les sacaban la asignación. Mientras hacíamos la investigación, se abrió a los colegios con cuota baja y subsidio estatal.
D. D.: –Yendo a los efectos en la educación vimos que una cosa básica es que la madre prioriza la compra de útiles y guardapolvos. Esto juega mucho respecto a la estigmatización que las mamás nos señalaban cuando sus hijos tenían que ir con el guardapolvo del hermano, del tío o de otro familiar, o roto, o chico. Poder comprarles un guardapolvo lo marcaron como central.
M. M: –El Ministerio de Educación hizo un sondeo nacional que señala que en promedio la matrícula creció un 25%, sobre todo en el nivel secundario. Antes dejaban de ir porque tenían que cuidar al hermano más chico. De nuestras entrevistas vimos que ninguna madre había dejado de llevar a los chicos al colegio.
G. P: –Todas agradecen la obligatoriedad escolar. “Volví a llevar a mi hijo a los controles de salud”, nos decían muchas. Muchas mujeres que fueron mamás en la temprana adolescencia y que dejaron la escuela secundaria ahora vuelven. Ellas mismas te dicen: “Me muero cuando mi hijo me trae la tarea y no lo puedo ayudar porque no sé”. Es un dolor muy fuerte y permanente.
–¿Qué cosas habría que corregir de acuerdo a los resultados que relevaron?
M. M: –Y unas cuantas… A ver… La primera es que casi la totalidad de la gente cree que es un plan social. Sobre todo porque vienen con un recorrido desde la década del ’90 en la que conviven con varios planes sociales. Pero la AUH es la expansión de un derecho. No necesitás demostrar pobreza para cobrarla. Si trabajás en negro también la podés cobrar. Aún no se la ve como el derecho que tiene un hijo de cualquier trabajador ocupado, sino como un plan social que les vino de arriba.
D. D.: –Hay bastante desinformación. Incluso mucha gente nos preguntaba cuestiones burocráticas o administrativas, qué papeles tienen que llevar para cobrar, etc.
M. M: –A veces no saben ni dónde queda la oficina, o dónde tienen que ir.
D. D.: –Eso es un dato, porque la AUH, al ser administrada por la Anses rompe con el clientelismo, digamos. Y eso está muy bien, pero por otro lado te quita un montón de información porque antes cuando ibas al puntero, él te resolvía muchas cuestiones porque de eso dependía su caudal político, y por eso conocía todos los tejes y manejes burocráticos.
Luciana Miguel llega a la entrevista un rato más tarde. Es socióloga, y como el resto del equipo, docente universitaria. Tiene experiencia en el monitoreo de políticas públicas. “Está rezagada la cuestión de la infraestructura, sobre todo en salud y educación. Faltan aulas, faltan pediatras. Es muchísima la gente que mejoró su calidad de vida con la AUH, pero es tanto el caudal de personas que al Estado le cuesta mucho absorber semejante volumen de gente, más aún cuando desde el mismo Estado se exige el cumplimiento de la escolaridad, lo que está muy bien, por supuesto.”
G. P: –Sin dudas, hay que mejorar la comunicación. Las mamás están conformes con que se les exija estar al día con la vacunación. Pero se quejan de ciertas demoras, hacen enormes colas para que les firmen la libreta. Lo hemos visto. Son muchas madres quejándose de que cada día que hay firma de controles el sistema colapsa por la falta de pediatras. Esto también atenta contra la profundidad de los controles porque los médicos muchas veces no dan abasto. Más allá de estas quejas, todas valoran el control sanitario y muchas volvieron al sistema de salud aunque sea para cobrar la AUH.
M. M: –Para quienes tienen hijos de cero a seis años, un requisito es que estén inscriptos en el Plan Nacer. Entre 2009 y 2010, la inscripción en este plan se incrementó un 71%. Los médicos atribuyen el aumento directamente a la AUH. Este sí es un dato cuantitativo.
L. M.: –Una pediatra nos comentó que no sólo se llegó a los niños, sino también que se amplía a las mamás que ya venían atrasadas respecto al calendario de vacunas. Se amplía el espectro de población bajo el sistema de salud.
D. D.: –Aunque de manera indirecta, también incide en la salud el dato de que se empieza a comprar artículos de limpieza para la prevención.
M. M: –Una mamá nos contó que pensaba que su hija no hablaba bien, pero que en realidad en los controles descubrieron que era un problema de audición. Antes no se enteraban de esta situación hasta que su hija llegaba a la edad escolar. Aparecen muchos problemas y patologías más tempranamente, porque antes no iban al médico.
Los números fríos de la AUH dicen que hasta el mes de abril de este año cubría a 3.549.665 niños y adolescentes y a 1.889.458 titulares según las cifras oficiales. El 48,6% de esos titulares cobró la asignación por un solo hijo, el 27,9% por dos, y un 23,5 por tres. Números impactantes pero estáticos.
M. M: –En realidad, todo nuestro trabajo se trata de pensar a la investigación científica en términos de militancia política. Uno puede investigar para escribir papers, para ser leído por el mismo grupo de investigadores de la ciencia que uno hace. Nosotros pensamos que se puede investigar para construir discurso político en relación a lo público, sobre datos sólidos y bien construidos, que no es lo mismo que hablar desde el sentido común o desde las posturas estrictamente ideológicas. Esto es un poco lo que dijo la Presidenta: “Meter la calle en la universidad y meter la universidad en la calle”. Que el profesional y el investigador den respuestas a la cuestión pública, para nosotros debería ser una obligación y lo sentimos como un compromiso. De esto se trata todo el trabajo que hicimos y el trabajo que estamos por hacer.
–¿Y qué encontraron?
M. M: –Trabajamos con entrevistas a madres, y por ejemplo muchas coincidieron en decir que ahora podían agregar una comida: “Empezamos a cenar”, nos decían. Esto no es sólo lo que se come, sino que tiene otros efectos sociales, como mejorar la comensalidad, la idea de “la familia en la mesa”. Otro punto que marcaron fue el de planificar gratificaciones. Las decían a los chicos, por ejemplo: “Cuando cobre, te compro el postrecito”; “Cuando cobremos, comemos milanesas”. Ahí hay un principio de planificación que antes no tenían, porque no había qué esperar: hoy disponían de efectivo pero mañana no se sabía. Este dato derriba el prejuicio que dice que los pobres “se gastan la plata enseguida”. Obviamente que cuando el horizonte de planificación es el hoy, no tiene sentido guardar el dinero o planificar en qué gastarlo más adelante. Pero esa conducta cambia cuando, aunque sea mínimamente, se puede planificar sobre un ingreso fijo de efectivo, aunque sea en pequeñas cosas como nos pueden parecer milanesas y postrecitos. Esto se contrapone al planteo de algunos sectores políticos que dicen que hay que mantener la AUH, pero condicionando en qué se gasta esa plata. Nosotros decimos que no, que la elección que hace quien recibe la AUH es la mejor que se puede hacer con ese dinero. Durante el relevamiento comprobamos por ejemplo que siempre se prioriza a los hijos. Una de las respuestas que más encontramos fue: “Antes cenaban sólo los chicos, ahora nosotros también cenamos”. También vimos que, a diferencia de lo que se piensa, muchos lazos comunitarios o de solidaridad se mantuvieron a pesar de las crisis del 2001. La AUH fortaleció esos lazos. Una mamá nos contaba que siempre habían tenido ganas de hacer un festejo en la calle: “Ahora vamos a juntarnos para hacer un festejo por el Día del Niño”. O sea, eran cuestiones que existían, que se planteaban, pero que no había con qué moverlas.
G. P: –Además del regreso de la cena como situación familiar (porque el almuerzo en estos sectores se resolvía la mayoría de las veces fuera de la casa), encontramos otros hábitos nuevos como optimizar la calidad de los alimentos, agregar más comensales a la mesa, o un mejoramiento respecto a las marcas. Tener la marca que se publicita como “buena” es una manera de pertenecer. Las mujeres te dicen: “Ahora puedo comprar fideos Matarazzo o Luchetti que no son como los que vienen en el plan alimentario que siempre se desarman”.
M. M: –El fenómeno de las marcas es muy significativo sobre todo en los postrecitos y lácteos en general.
G. P: –Para esas madres poder darles el gusto comprando el postre que sus hijos le piden porque lo vieron en una propaganda pone en juego su autoestima. Sobre todo el yogurth, más que el postrecito, porque el yogurth está más prestigiado como producto porque se lo ve como un alimento rico y sano. Son cuestiones clave porque sienten que son una “mamá buena”.
M. M: –Muchas madres mencionan haberse “metido” en pequeños créditos, para comprar electrodomésticos o equipar sus cocinas, por ejemplo, con ollas, platos, etc. Es interesante porque las cocinas habían desaparecido de muchas casas. También nos cuentan que apareció el crédito en comercios barriales, la famosa “libretita”. Esto es clave porque hay muchos alimentos que no se pueden comprar una vez por mes, cuando se cobra la AUH. Con la libreta, saben que los alimentos frescos o perecederos los pueden ir consumiendo sin necesidad de comprarlos todos juntos, como los lácteos, la carne. Pensemos que en muchos casos tampoco hay heladera.
Diego Díaz, que también es antropólogo alimentario y parte del equipo se suma a la charla y destaca: “Las familias comenzaron a generar instrumentos que, en cierta medida, tienden a funcionar como equiparadores sociales. Así, sectores postergados acceden a algo que otros sectores sociales lo consideran ya un derecho, como puede ser el acceso al crédito con tarjetas de débito o con otros instrumentos”.
M. M: –Hay que tener en cuenta que eran familias desmonetarizadas, que prácticamente no manejaban dinero en efectivo, mucho menos accedían al crédito, ni siquiera en pequeña escala. Por supuesto que la AUH no es una fortuna, pero el impacto es muy positivo.
D. D: –Para el primer decil de ingresos, o sea los más pobres de la escala social, la AUH representa un aumento del 80% de sus ingresos, si bien es poca plata, en términos relativos es fuerte.
G. P: –También es cierto que cada mamá recibe más de una AUH. Entonces vuelven las estrategias de consumo a un sector social que las había abandonado absolutamente. Muchas madres con tres hijos optan por gastar en un par de zapatillas de buena calidad para el chico más grande, por ejemplo. Eso es una estrategia, pensando en que tiene que durar. Además, en Capital Federal, casi no se ve esto de acceder a un crédito, pero en GBA sí. También hemos relevado varios casos donde ocurre que si un comerciante no le da un crédito a esa persona porque no le tiene confianza, se lo da al hermano o un familiar cercano, que tiene un trabajo en blanco o tarjeta de crédito. El beneficiario le paga al hermano y éste al comerciante. Allí hay un lazo que empieza a restituirse.
El equipo de investigación usó como insumos la Encuesta Nacional de Gastos de Hogares (Engho) y la Encuesta Permanente de Hogares (EPH). La primera revela los diferentes rubros de gastos y los montos que los hogares le asignan. La EPH brinda información sobre ocupación, ingresos y condiciones de la vivienda. Sobre estos datos escogieron un subconjunto de hogares para hacer las entrevistas cualitativas. En rigor, el informe es el primero de una serie de relevamientos. En este caso lo focalizaron en los testimonios de las madres beneficiarias directas. La siguiente etapa se centrará en actores indirectos como comerciantes, profesionales de la salud, docentes. “Fueron decenas de entrevistas con las mamás, ni me acuerdo cuántas. Mucho mate, muchísimas facturas, mucho encuentro focal con ellas. Todo mucho”, dice Gabriela.
M. M: –Empezamos relevando el aspecto alimentario, porque creíamos que el primer impacto se iba a reflejar allí, pero no teníamos noticias sobre investigaciones que combinaran lo cuantitativo con lo cualitativo, ver qué quería decir en lo cotidiano que la gente tenga más ingresos, qué les cambiaba a partir de eso. Esta idea de la investigación la tomó quien era coordinador en ese momento de la Comisión Salud Investiga del Ministerio de Salud, el Dr. Iván Insúa. Consideraron de alta prioridad relevar el impacto de la AUH desde esta perspectiva, entonces se financió el proyecto que presentamos a partir de becas. Millonarios no nos hicimos, cada uno de nosotros vive de sus otros trabajos. Pero sin este financiamiento no podríamos haberlo hecho. A veces, para conseguir una entrevista en el barrio tuvimos que ir cuatro veces, desgrabar, cargar datos, fotocopias, impresiones, libros, viáticos. Fue un laburo bastante arduo. Si bien somos todos investigadores, no venimos avalados por la academia, lo nuestro era una iniciativa más militante, poner la investigación a mirar, desde una perspectiva política, qué pasa en el territorio.
Cuando enumeran las localidades donde estuvieron, la lista incluye Merlo, Laferrere, Matanza, Tigre, José C. Paz, Barracas, la Villa 31, Lanús, Villa Celina, Moreno y varias más. Primero empezaban con grupos focales. Allí planteaban un tema y esperaban a que las mamás hablen. “Con que hable una, hablan todas. De allí sacábamos quienes eran los entrevistados individuales”, apunta Mariana.
D. D.: –Además servía para sacarse las desconfianzas iniciales. Es como la academia que llega y ellas no saben para qué vas. Piensan que vas a sacarle la asignación y mil cosas más.
M. M: –Por eso fue importante el contacto con referentes porque ellos nos allanaban el camino. Sin embargo, en un par de lugares nos pasó que el referente nos filtró a personas que ya estaban condicionadas de antemano respecto a qué tenían que decirnos y decidimos desecharlas, no tenían validez. No nos interesaba que nos dijeran que estaban felices, también queríamos saber qué cosas no estaban bien. Una queja que apareció era que por mandar a los chicos a un colegio privado barato les sacaban la asignación. Mientras hacíamos la investigación, se abrió a los colegios con cuota baja y subsidio estatal.
D. D.: –Yendo a los efectos en la educación vimos que una cosa básica es que la madre prioriza la compra de útiles y guardapolvos. Esto juega mucho respecto a la estigmatización que las mamás nos señalaban cuando sus hijos tenían que ir con el guardapolvo del hermano, del tío o de otro familiar, o roto, o chico. Poder comprarles un guardapolvo lo marcaron como central.
M. M: –El Ministerio de Educación hizo un sondeo nacional que señala que en promedio la matrícula creció un 25%, sobre todo en el nivel secundario. Antes dejaban de ir porque tenían que cuidar al hermano más chico. De nuestras entrevistas vimos que ninguna madre había dejado de llevar a los chicos al colegio.
G. P: –Todas agradecen la obligatoriedad escolar. “Volví a llevar a mi hijo a los controles de salud”, nos decían muchas. Muchas mujeres que fueron mamás en la temprana adolescencia y que dejaron la escuela secundaria ahora vuelven. Ellas mismas te dicen: “Me muero cuando mi hijo me trae la tarea y no lo puedo ayudar porque no sé”. Es un dolor muy fuerte y permanente.
–¿Qué cosas habría que corregir de acuerdo a los resultados que relevaron?
M. M: –Y unas cuantas… A ver… La primera es que casi la totalidad de la gente cree que es un plan social. Sobre todo porque vienen con un recorrido desde la década del ’90 en la que conviven con varios planes sociales. Pero la AUH es la expansión de un derecho. No necesitás demostrar pobreza para cobrarla. Si trabajás en negro también la podés cobrar. Aún no se la ve como el derecho que tiene un hijo de cualquier trabajador ocupado, sino como un plan social que les vino de arriba.
D. D.: –Hay bastante desinformación. Incluso mucha gente nos preguntaba cuestiones burocráticas o administrativas, qué papeles tienen que llevar para cobrar, etc.
M. M: –A veces no saben ni dónde queda la oficina, o dónde tienen que ir.
D. D.: –Eso es un dato, porque la AUH, al ser administrada por la Anses rompe con el clientelismo, digamos. Y eso está muy bien, pero por otro lado te quita un montón de información porque antes cuando ibas al puntero, él te resolvía muchas cuestiones porque de eso dependía su caudal político, y por eso conocía todos los tejes y manejes burocráticos.
Luciana Miguel llega a la entrevista un rato más tarde. Es socióloga, y como el resto del equipo, docente universitaria. Tiene experiencia en el monitoreo de políticas públicas. “Está rezagada la cuestión de la infraestructura, sobre todo en salud y educación. Faltan aulas, faltan pediatras. Es muchísima la gente que mejoró su calidad de vida con la AUH, pero es tanto el caudal de personas que al Estado le cuesta mucho absorber semejante volumen de gente, más aún cuando desde el mismo Estado se exige el cumplimiento de la escolaridad, lo que está muy bien, por supuesto.”
G. P: –Sin dudas, hay que mejorar la comunicación. Las mamás están conformes con que se les exija estar al día con la vacunación. Pero se quejan de ciertas demoras, hacen enormes colas para que les firmen la libreta. Lo hemos visto. Son muchas madres quejándose de que cada día que hay firma de controles el sistema colapsa por la falta de pediatras. Esto también atenta contra la profundidad de los controles porque los médicos muchas veces no dan abasto. Más allá de estas quejas, todas valoran el control sanitario y muchas volvieron al sistema de salud aunque sea para cobrar la AUH.
M. M: –Para quienes tienen hijos de cero a seis años, un requisito es que estén inscriptos en el Plan Nacer. Entre 2009 y 2010, la inscripción en este plan se incrementó un 71%. Los médicos atribuyen el aumento directamente a la AUH. Este sí es un dato cuantitativo.
L. M.: –Una pediatra nos comentó que no sólo se llegó a los niños, sino también que se amplía a las mamás que ya venían atrasadas respecto al calendario de vacunas. Se amplía el espectro de población bajo el sistema de salud.
D. D.: –Aunque de manera indirecta, también incide en la salud el dato de que se empieza a comprar artículos de limpieza para la prevención.
M. M: –Una mamá nos contó que pensaba que su hija no hablaba bien, pero que en realidad en los controles descubrieron que era un problema de audición. Antes no se enteraban de esta situación hasta que su hija llegaba a la edad escolar. Aparecen muchos problemas y patologías más tempranamente, porque antes no iban al médico.
Los números fríos de la AUH dicen que hasta el mes de abril de este año cubría a 3.549.665 niños y adolescentes y a 1.889.458 titulares según las cifras oficiales. El 48,6% de esos titulares cobró la asignación por un solo hijo, el 27,9% por dos, y un 23,5 por tres. Números impactantes pero estáticos.
M. M: –En realidad, todo nuestro trabajo se trata de pensar a la investigación científica en términos de militancia política. Uno puede investigar para escribir papers, para ser leído por el mismo grupo de investigadores de la ciencia que uno hace. Nosotros pensamos que se puede investigar para construir discurso político en relación a lo público, sobre datos sólidos y bien construidos, que no es lo mismo que hablar desde el sentido común o desde las posturas estrictamente ideológicas. Esto es un poco lo que dijo la Presidenta: “Meter la calle en la universidad y meter la universidad en la calle”. Que el profesional y el investigador den respuestas a la cuestión pública, para nosotros debería ser una obligación y lo sentimos como un compromiso. De esto se trata todo el trabajo que hicimos y el trabajo que estamos por hacer.
Ya hay más de 700 detenidos por protestas en el Puente de Brooklyn
Los indignados de Nueva York ocupan el puente de Brooklyn
La Policía de la ciudad de Nueva York arrestó a 700 manifestantes que protestaban contra la avaricia corporativa, el calentamiento global y la desigualdad social, entre otras cosas, luego de que se aglomeraron en el puente de Brooklyn y cerraron un carril del tránsito durante varias horas.
La Policía informó que algunos de los manifestantes se apostaron en la calle el sábado por la noche luego de que se les indicó que se quedaran en el paso peatonal del puente. Los detenidos enfrentan cargos de conducta desordenada y de resistirse al arresto. El carril fue reabierto posteriormente.
Los integrantes de la organización Occupy Wall Street (Ocupemos Wall Street), muchos en camisetas con corbatas pintadas y ropa interior llena de estrellas (en alusión a la bandera estadounidense) han estado acampando en una plaza de granito en el Bajo Manhattan desde hace casi dos semanas y no han dado indicios de quererse marchar.
El sábado temprano, otras dos marchas subieron al puente de Brooklyn sin mayores problemas. Una fue desde Brooklyn a Manhattan por un grupo que se opone a la comida modificada genéticamente y otra en sentido contrario en contra de la pobreza.
Académicos y activistas experimentados dan diversas opiniones.
Muchas de estas revueltas giran en torno de la justicia económica, quién obtiene qué en esta sociedad, quién tiene una red de seguridad, quién no y cuánta influencia corporativa existe en Washington”, dijo Bill Dobbs, activista involucrado en manifestaciones en 2004 en la Convención Nacional Republicana y muchas otras.
Dobbs y otros dijeron que la falta de precisión en el grupo sirve a un propósito, porque invita a los indignados en un amplio espectro de motivos de queja.
El manifestante moderno también espera una respuesta inmediata, gracias en parte a la tecnología, dijo Gabriella Coleman, profesora de medios, cultura y comunicación en la Universidad de Nueva York, que ha estudiado a algunos grupos afiliados con la protesta.
Estamos en un momento cultural en el que la gente piensa que el dictador se caerá mañana, luego de cuatro días de protestas, y también los medios van a saltar para prestar atención”, dijo Coleman.
Ha habido una amplia cobertura en medios, pero ha habido muchas quejas de que la causa no ha sido coronada lo suficientemente rápido, o de la manera en que quieren los manifestantes.
(Con información de AP)
A ocupar Wall Street
2 OCTUBRE 2011 HAGA UN COMENTARIO
Los medios no les hacen mucho caso, el New York Times los tilda de actores de “un progresismo de pantomima”, pero los reclamantes viven en un país con 14 millones de desocupados según cifras oficiales (www.bls.gov, 2-9-11) o 34 millones según estimaciones europeas (www.eutimes.net, 6-3-11). En el extremo opuesto de la pirámide social, exactamente en la cúspide, se encuentra Bill Gates, el más rico de los 400 estadounidenses más ricos en la lista de Forbes, con bienes por valor de 54.000 millones de dólares (www.forbes.com/forbes400, 21-9-11). Los 400 tienen juntos más riqueza que 180 millones de sus conciudadanos juntos (www.politicalfact.com, 5-3-11) y su total, que asciende a 1,5 billón de dólares, aumentó un 12 por ciento respecto del 2010 (//blog.nj.com, 20/9/11). Decididamente, la crisis económica global tiene características especiales en la primera potencia del mundo. Y ciertas curiosidades.
Los CEO o directores ejecutivos de las grandes empresas reciben en promedio 11 millones de dólares anuales (www.aflcio.org/corporate watch, 2011) y aun ganan dinero ya en la tumba si fallecieron durante el desempeño de sus funciones. La familia de Eugene Isenberg, CEO de la Nabor Industries especializada en la perforación de pozos de petróleo, habría recibido 263,6 millones de dólares en concepto de compensaciones póstumas, incentivos, bonos y diferentes seguros de vida si Eugene hubiera muerto antes de que la empresa renegociara el trato (The Wall Street Journal, 10/6/08). Para Michael Jeffries, de la fábrica de ropa Abercrombie & Fitch, la suma concertada fue modesta: apenas 17 millones de dólares (www.marketwatch.com, 13/5/09). Huelga decir que no es la situación de muchos asalariados que mueren antes de retirarse, incluso en sus lugares de trabajo.
Pocas compañías estarían dispuestas a conceder compensaciones póstumas a las familias de sus empleados, por mínimas que fueran. Pasa lo contrario y es siniestro: hace años que las empresas estadounidenses conciertan seguros de vida para sus millones de operarios, obtienen así descuentos fiscales y embolsan el importe cuando alguno de ellos fallece. El Wall Street Journal narró el caso de la viuda de un empleado de banco que demandó al Amegy Bank de Houston reclamando los 1,6 millón de dólares que la entidad recibió por el seguro de vida de su marido, un seguro que los directivos habían contratado meses después de que lo operaran de un cáncer y que mantuvieron a pesar de haberlo despedido (//online.wsj.com, 24/2/09).
A poco más de un año de los comicios de los que espera salir reelecto, el presidente Obama presentó al Congreso un plan para reducir el déficit fiscal, que llegó a 1,23 billón de dólares en agosto pasado, es decir, el 8,5 por ciento del PIB nacional. El plan incluye un alza tributaria para los que tienen ingresos anuales superiores al millón de dólares: es la llamada “norma Buffet”, por el multimillonario Warren Buffet, que desde 2007 proclama que él y sus amigos “megarricos” suelen pagar menos impuestos que el ciudadano corriente y que, en consecuencia, habría que aumentarles la imposición fiscal. Es difícil que la aprueben los republicanos pero, aunque lo hicieran, el número de alcanzados por la norma llegaría al 0,3 por ciento de los contribuyentes y rala sería la recaudación posible en una década, estima el New York Times (17/9/11). Claro que, como movida electoral, no es mala.
El plan de Obama propone una inversión de 447 mil millones de dólares para crear fuentes de empleo, pero algunos especialistas no comparten el optimismo que despierta una proposición que tampoco goza del afecto de los republicanos. “Tiende más bien a conservar puestos de trabajo que a aumentarlos”, opinó el conocido estratega financiero John Hermann (www.bloomberg.com, 27/9/11). Contribuiría a crear o a mantener unos 280.000 empleos en los dos próximos años, cantidad muy exigua dada la desocupación imperante.
Por Internet se organizan y alimentan las manifestaciones de Zuccotti Park, como sucedió en Egipto, y el twitteo es la vía de contacto preferida. De la revolución egipcia han aprendido otras lecciones: el régimen de Mubarak bloqueó Internet con eficacia y un grupo de expertos y activistas está empeñado en generar redes alternativas para el caso de que algo similar eventualmente se produzca (//chronicle.com, 18/9/11). Con la ayuda de las nuevas técnicas, las redes sociales han adquirido un peso político notorio y bien lo saben quienes invitan a ocupar Wall Street.
(Tomado de Página 12, Argentina)
sábado, 1 de octubre de 2011
Malcon X
ENCICLOPEDIA AFROCOLOMB IANA-LUIS GUILLERMO RAMOS
MALCON X
Líder revolucionario de la comunidad negra estadounidense, nació un 19 de
mayo de 1925. Era hijo de un pastor protestante y de una mujer mulata nacida
de la violencia del hombre blanco. Su padre, un pastor bautista, era seguidor
del movimiento de Marcus Garvey.
Durante su infancia, Malcolm X sufrió los continuos traslados de residencia de
su familia, huyendo de las agresiones de grupos racistas como el Ku Kux Klan,
que incendió su casa y fue el responsable del asesinato de su padre.
Vivió en Boston donde se desempeño en varios trabajos y no tardó en dejarse
convencer del dinero fácil procedente de las drogas y la prostitucion. Fue
Condenado a siete años de cárcel en 1946, período en el cual abandonó su
adicción a las drogas, estudió por correspondencia y tomó contacto con la
Nación del Islam, un movimiento religioso musulmán liderado por Elijah
Muhammad, que consideraba a los negros el pueblo favorito de Dios y a los
blancos la personificación del diablo.
En palabras del propio Malcolm X:
“Creo que sería casi imposible encontrar en cualquier lugar de Estados Unidos
un hombre negro que haya vivido más debajo del lodo de la sociedad humana
que yo; o un hombre negro que haya sido más ignorante que yo; o un hombre
negro que haya sufrido más angustia durante su vida que yo. Pero es sólo
después de la oscuridad más profunda que puede surgir la mayor alegría; es
sólo después de la esclavitud y de la prisión que puede llegar la apreciación
más dulce de la libertad”.
Al salir de la cárcel en 1952, se adhirió a la Nación del Islam y cambió su
apellido por la «X», letra que simbolizaba el auténtico apellido que sus
antepasados habían perdido con sus raíces, gracias a la instauración de la
trata de esclavos.
En su autobiografía, relata sin rodeos:
“La religión del Islam tuvo que meterse en lo hondo del fango para alzarme,
para salvarme de lo que inevitablemente habría llegado a ser: un criminal en la
ENCICLOPEDIA AFROCOLOMB IANA-LUIS GUILLERMO RAMOS
tumba o, si seguía vivo, un convicto endurecido y amargado de 37 años de
edad, metido en algún penal o en un manicomio”.
De esta forma, Malcolm X, pasó a convertirse en un nuevo modelo de hombre,
para sí mismo y para las comunidades afroamericanas, sobreponiéndose al
crimen y enfrentando la marginalidad a la que las circunstancias le habían
condenado.
Su popularidad y sus dotes como extraordinario orador causaron una fuerte
rivalidad con Elijah Muhammad, dirigente máximo de la organización de
musulmanes negros, lo que determinó la separación de ambos líderes en 1964.
Para empeorar aún más las cosas, Malcolm X, recibió información sobre una
posible conspiración de la Nación del Islam para asesinarlo.
Conforme pasaba el tiempo, Malcolm X propugnaba participar más activamente
en la lucha política, denunciando que ni las acciones de reforma individual de la
Nación del Islam, ni la campaña por los derechos civiles, conducirían por sí
solas a la liberación de los afroamericanos.
En este contexto, Malcolm X, fundó su propio movimiento, la Mezquita
Musulmana.
Así lo explicó Malcolm, a los jóvenes afroamericanos de Mississippi: “Había un
problema que afrontaba a nuestro pueblo en este país, que no tenía nada que
ver con religión y que estaba por encima e iba más allá de la religión. Un
problema que, por su magnitud, no lo podía atacar una organización religiosa.
Elijah Muhammad no se involucraba en las luchas civiles, cívicas o políticas
que afrontaba nuestro pueblo. No hacía más que subrayar la importancia de la
reforma moral: no bebas, no fumes, no permitas la fornicación y el adulterio.
Cuando descubrí que la propia jerarquía no estaba poniendo en práctica lo que
predicaba, vi con claridad que ese aspecto de su programa estaba en
bancarrota”.
En 1964, el mismo año en que rompió relaciones con la Nación del Islam,
cumplió el precepto religioso de peregrinar a La Meca. En este viaje pudo
constatar cómo musulmanes blancos y negros convivían en paz.
Esta revelación hizo que abandonara el racismo de la Nación del Islam,
dejando de predicar el separatismo y proponiendo un nacionalismo negro
entendido como emancipación a través de la toma del control de sus propias
organizaciones y comunidades. En esta época, tomó contacto con importantes
líderes africanos como: Nasser, Nyerere, Nkrumah y Kenyatta e incorporó a su
discurso la lucha contra el imperialismo norteamericano.
Su reflejo fue la fundación, en 1964, de la “Organización de la Unidad Afro-
Americana”, un movimiento no religioso de tendencia socialista. “La revolución
negra se está propagando por toda Asia, se está propagando por toda África,
está alzando la cabeza en América Latina”, dijo Malcolm en una de sus
declaraciones, la joven generación de blancos, negros, morenos y demás,
ustedes, están viviendo en una época de extremismo, una época de revolución,
una época en la que tiene que haber cambios. La gente que está en el poder
ha abusado de él. Por mi parte, me voy a unir a quien sea; no me importa del
color que seas, siempre que quieras cambiar las condiciones miserables que
existen en esta tierra.
Ante esta muestra de fuerza y convicción y ante el impacto que sus discursos
causaban en miles de afrodescendientes estadounidenses, los medios de
comunicación norteamericanos intentaron presentarlo como un apóstol de la
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violencia, tergiversando su mensaje de rechazo a la dominación blanca y de
autodefensa contra el racismo.
A este respecto, el trecho de un texto con su opinión sobre la violencia dice:
“Responder con violencia al racismo blanco no es racismo negro.
Si vienes a pasarme una cuerda al cuello y yo te enfrento por eso, no se trata
de racismo. Tu actitud es racista, la mía, es la reacción de un ser humano que
trata de defenderse y protegerse”.
Malcolm X, creía que la unidad era imprescindible, aunque fuera difícil de
conseguir. El primer paso, dijo, era construir una organización de militantes
negros. A este respecto, El movimiento contra la guerra de Vietnam y los
levantamientos en los ghettos, a finales de los años 60, ofrecieron la
oportunidad de conseguir esta anhelada unidad racial contra los abusos del
poder.
Según sus palabras: “Es incorrecto clasificar la rebelión del negro como
simplemente un conflicto radical de negro contra blanco y como un problema
puramente estadounidense. Más bien, hoy día estamos observando una
rebelión mundial de los oprimidos contra los opresores, los explotados contra el
explotador”.
Malcolm X, cuestionaba que alguna “élite ilustrada” pudiera acabar con el
racismo o que la gente negra debiera tener fe en los cambios surgidos
solamente desde las instituciones afroestadounidenses.
¿Fueron sus asesinos, los miembros de la propia Nación del Islam o el FBI?.
“La versión oficial” señala que fue la Nación del Islam, sin embargo muchas
voces disidentes dicen que la mano del gobierno federal estadounidense
estuvo implicada en el hecho.
Malcolm X, fue una gran influencia para miles de afrodescendientes y
ciudadanos de todo el mundo, tanto por su capacidad de autodisciplina y
transformación interna, como por su capacidad de entender a la perfección lo
que sentían los habitantes de los pobres y marginados suburbios
norteamericanos. Su extraordinaria capacidad política para revalorizar y
defender las minorías raciales y explotadas, lo convierte en uno de los más
grandes líderes del siglo veinte.
Malcolm X fue y es una influencia para gente de todas las razas y clases, pues
contribuyó enormemente en la lucha contra los sistemas que producen
racismo, guerra y desigualdades económicas. Una lucha que nosotros
continuamos hoy.
El 21 de Febrero de 1965 muere en un atentado que aún hoy arroja más dudas
que respuestas
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